Tengo dos amores, dos "pequeños" amores, dos grandes amores, inmensos, puros, desinteresados, como es el amor que se profesa a los hijos,pero en este caso, no es a los hijos que ya los tengo, en este caso me refiero a mis dos nietos.
Las circunstancias que rodean la llegada de ambos a mi vida, a nuestras vidas, son totalmente dispares, por tanto las experiencias vividas en cada momento son muy distintas, pero al final ambos acontecimientos convergen en un mismo punto: la emoción, la ilusión, el amor hacia unas vidas que empiezan.
Cuando supe que Marco estaba en camino, que era un pequeñísimo embrión germinando en el vientre de su madre, me conmocionó, no lo esperaba. Lo de ser abuela ni siquiera había ocupado un mínimo de tiempo en mis pensamientos y era algo que esperaba que llegara algún día, todavía bastante lejano, pero que por supuesto nunca se me habría ocurrido que fuera tan pronto.
Mi hijo, el padre, había conocido a su mujer, la madre, tres o cuatro meses antes, se enamoraron enseguida y el embarazo llegó más rápido que el rayo, aunque las circunstancias en ese momento de trabajo, de vida, no eran las más idóneas para tener un hijo. En ningún momento dudaron y decidieron tenerlo, ante esa rotundidad, firmeza y seguridad, como no podía ser de otra manera, tuvieron mi apoyo y el de toda la familia.
Durante los nueve meses de una gestación sin complicaciones, viví ese tiempo con ilusión porque iba a nacer mi primer nieto, expectación, cariño y por supuesto con la lógica preocupación por solucionar a marchas forzadas lor problemas que se vinieron encima de vivienda, ajuar, compras, trabajo...
No tenía muchas ganas de nacer Marco y en un control saltó la alarma, faltaba líquido amniótico y hubo que provocar el parto. El goteo de familiares y amigos fue constante durante todo el día y la sala de espera de maternidad se fue llenando. Allí estábamos todos, nadie quería perderse la llegada del que iba a ser, primer hijo, primer nieto, primer biznieto,primer sobrino, primer bebé en la pandilla de amigos y la expectación y los nervios crecían conforme las horas pasaban y ni niño no nacía. La información médica era casi nula y no podíamos estar al lado de la madre,por lo que casi rozando la madrugada, la gente ya cansad y un poquito "decepcionada" comenzó la retirada. Al final nació alrededor de la dos de la madrugada, en el silencio de un hospital dormido y una gente vencida por el cansancio de la larga espera. Sólo quedamos allí seis personas para verles, para emocionarnos, para darle la bienvenida a un niño hermoso, grande, de casi 5 kg de peso que llegaba con los ojitos cerrados y la cara contraida por el llanto y roja por el sufrimiento de un parto que a buen seguro había sido difícil y doloroso para él.
Con Emilio, todo fue completamente al contrario,salvo en una coincidencia a la hora de nacer. Mi hija, la madre, llevaba ya siete años unida a su pareja, el padre y algunos meses buscando su llegada. Cuando lo consiguieron, la alegría llegó nuevamente, aunque no la sorpresa pues lo estábamos esperando de un momento a otro. Los primeros meses fueron muy difíciles, se impuso el reposo absoluto y el miedo por riesgo de aborto y no pocas veces tuvimos que salir corriendo al hospital pensando que se había perdido, pero mi niño seguía ahí, resistiendo una y otra vez y aguantó el tirón.
No culminó los nueve meses, aunque faltó muy poquito, en una revisión rutinaria se apreció una anomalía y derivaron a su madre al hospital. Nadie esperaba su llegada, nadie se enteró, hasta mi hijo, el pequeño, estaba de vacaciones con su novia. Cuando la médica de guardia nos habló de una cesárea de urgencia, sólo estábamos allí su padre y yo, apenas dio tiempo a avisar a la familia, en una hora mi niño había nacido. Nació al igual que su primo, sobre la misma hora, en el silencio de un hospital vacio y como él con seis personas esperando para verle, emocionados, expectantes y nerviosos.
Era un niño pequeñito, 2´7oo kgs. de peso, que nos llegaba muy pálido. con los "morritos" hinchados y los ojitos abiertos, parecía como si quisiera vernos, calmado y tranquilo, consecuencia de un parto sin sufrimiento.
Hoy Marco está cerca de los cinco años y es muy guapo. Tiene la piel morena, un pelo negro y fuerte y unos ojos preciosos, negros y rasgados, enmarcados por unas cejas largas, muy bien delineadas. Es alto y fuerte y en la fila del "cole" sobresale de los demás y más parece estar en ella por equivocación que por pertencia. Es muy noble, cariñoso, ocurrente y muy inteligente. Le encanta dibujar y que le cuenten cuentos, los números, contar y calcular, ha aprendido a leer sólo, a base de preguntar por ésta o aquella letra. Le apasiona el fútbol y por supuesto, como no podía ser de otra manera, es sevillista hasta la médula, de su equipo te puede recitar de carretilla nombre y numeración de todos los jugadores y conoce los escudos de todos los equipos de primera y segunda división. Maneja el ordenador como si fuera mayor y adora a su tito Salvi con quien aprende a jugar al tenis y pasear con su tita Tania empujando el carrito de su primo Emilio, mientras ésta le cuenta cuentos. Se duerme con su padre que le cuenta "cosas de la vida" y a su madre le dice cosas como "eres mi vida".
Emilio tiene sólo diecinueve meses y es muy guapo. Tiene el pelito castaño y finito y los ojos almendrados como su madre, rodeado de largas pestañas. Seguro que con el tiempo y como ella la tonalidad le cambiará según las estaciones del año, más oscuros, marrones en otoño e invierno, claros y casi verdes en primavera y verano. Su piel es sonrosada y la boca de labios gorditos y marcados que dibujan una sonrisa preciosa y por la pinta que lleva creo que será alto y delgado como su padre. Es bueno, gracioso, tierno, cariñoso y muy inteligente. Apenas pronuncia dos o tres palabras, pero lo entiende todo. Le encantan los juguetes, las canciones y adora a Pocoyo. Su dedito índice siempre está preparado para pulsar, teclear, señalar todo lo que ve a su alrededor, esperando tu respuesta. Ya conoce los números del 1 al 10 y es capaz de señalártelos cuando le preguntas por ellos, los mismo si es en español como en inglés, aprendido de uno de sus juguetes favoritos y conoce el escudo del Sevilla F.C. desde antes de tener un añito, al que nada más ver, inmediatamente se le escucha: "!illa.... aaaaah!" (traduzco "!Sevillaaaa... aaaaah!") y se vuelve loco con el pajarito de casa y con "Pampa" la perrita de Marco.
Estos son mis dos nietos, mis dos "pequeños" y grandes amores, los que me animan cuando estoy triste, los que me quitan el cansancio, los que me han hecho revivir emociones, sensaciones vividas en otras épocas, los que me enternece y me hacen ser mejor, los que me dan vida... y no me pesa el trabajo si lucho por ellos y no necesito dormir si vigilo sus sueños y cualquier vacio se llena, cuando los miro y me miran, cuando los abrazos dormidos y me acurruco en la cama con ellos y cuando el chico me abraza riendo y el mayor me dice "Ani, te quiero". No hay placer más grande, ni momento más dichoso que verles por las mañanas con los ojitos aún pegados por el sueño como se miran y se dan besitos y sentarlos a mi lado, uno a la derecha, otro a la izquierda para darles el desayuno, ponerlos guapos y bajarlos a la calle con el mayor orgullo para que los vea su abuelo y los achuche a besos.
Cuando termina el día, en el recogimiento de mi cama, en el silencio de la noche, no me queda más remedio que dar gracias a la vida por el regalo que tengo ( y los que si Dios quiere, tendré) porque están a mi lado y puedo disfrutar de ellos, que son sangre de mis hijos y como a ellos los quiero.
Muy bonito post mami, ha sido una dedicatoria enternecedora a esos dos enanillos que revolotean alrededor nuestra. Cuando sean mayorcitos y puedan leer lo que su abuela les escribía de pequeñitos, se van a sentir muy orgullosos de tenerte cerquita suya. Un besito
ResponderEliminarGracias Tania. Sólo he podido plasmar una mínima parte de lo que siento por esos dos "enanos" que me dan vida, es muy difícil hacer aflorar en una papel estos sentimientos. Si he conseguido algo me doy por satisfecha. Besitos
ResponderEliminarAy que ver como han llenado la casa de vida estos dos bichitos...son aire fresco para todos. Además más guapos no pueden ser. Lo que dice Tania es verdad, se pueden sentir orgullosos de tenerte como abuela.
ResponderEliminarMuchos besos.
Gracias Sara. Cuando al final expongo lo que todavía tengo que recibir, me refiero principalmente a vosotros, a los nietos que me vais a dar Salvi y tu, a los que querré con la misma intensidad que los que ya tengo y de los que disfrutaré a tope. Por supuesto serán guapísimos y muy inteligentes como sus padres. Te quiero, besos
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