viernes, 14 de mayo de 2010

La Transición II (Juan Carlos I Rey de España)

Fueron dos días de luto acérrimo, días en que todo lo que se oía en la radio, en la tele, era música militar o clásica, en los que solo veíamos la biografía de Franco, los discursos de Franco, Franco cazando, pescando, inaugurando pantanos, Franco con prismáticos en la guerra, Franco aclamado, vitoreado, la película de Franco "Franco, ese hombre", el testamento de Franco... y su muerte, la capilla ardiente por dónde vimos desfilar incansablemente miles y miles de personas en colas interminables y las muestras de dolor no pocas veces patéticas que hasta nos hacían reir (que ya era difícil) a pesar del miedo y la preocupación existente. Resumiendo y para no cansar, bombardeo total y absoluto en todos los medios de comunicación: prensa, radio, televisión, sobre la vida y obra del dictador y parálisis de la vida en el país, porque todo parecía congelado alrededor de la "suprema" noticia que justificaba por sí misma e incluso alentaba ese parón.
De esos dos días, recuerdo las calles desiertas y los bares llenos pero silenciosos con la gente pendiente de la tele, el miedo en muchos rostros, la música militar y las canciones e himnos de Falange como banda sonora del momento, mi pena por lo que creía una pérdida irreparable, mi incertidumbre y la cara de mi padre, bastante castigada ya por la enfermedad, de preocupación.
Después de dos días en los que casi nadie se despegaba de la tele y corría a sus casas a la salida del trabajo, tuvimos un paréntesis en el duelo para celebrar la proclamación de Juan Carlos como Rey de España ante las Cortes:
"Señores Procuradores, Señores Consejeros, desde la
emoción en el recuerdo a Franco: !Viva el Rey! !Viva España!"
Eran las 12'30 horas del día 22 de Noviembre de 1.975 y las calles estaban desiertas, la gente era consciente de vivir un momento histórico. Cuando con voz firme D. Juan Carlos, leyó su discurso, su lectura fue como una corriente de aire fresco que entraba en nuestros pueblos, en nuestras calles, en nuestro hogares y que al menos por ese día, barrió y refrescó los tensos, recargados y lúgubres días anteriores.
Frases como "que nadie espere una ventaja o un privilegio" o "el Rey quiere serlo de todos y de cada uno en su cultura, su historia, su tradición" o "Europa debe contar con España y los españoles somos europeos", se recibieron por parte de los sectores en la clandestinidad que luchaban por el cambio, con escepticismo (no confiaban en esa persona impuesta por Franco), pero a la vez con algo de esperanza, porque esas frases, parecían llevar un mensaje de apertura.
Después, volvimos nuevamente al duelo, el entierro en el Valle de los Caidos, los rostros serios, compugidos, incluso llorosos de los seguidores del regimen, ministros, consejeros, falangistas... el féretro portado por familiares, su viuda enlutada con el velo cubriéndole la cara y los Reyes presidiendo el cortejo fúnebre.
Pasados los largos días de luto, nada. Y cuando digo nada, quiero decir que la vida aparentemente siguió igual que antes de su muerte o al menos así lo parecía.
(Continuará)

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