sábado, 11 de mayo de 2013

"Mi héroe" "Ya eres un hombre"



No quiso comunicar por carta a sus padres las magnificas noticias, quería estar con ellos cuando se enteraran, ver la cara de orgullo de su madre, la satisfacción del deber cumplido de su padre y los ojitos negros brillantes y risueños de su hermana, palmoteando de alegría. Le parecía que el tiempo no pasaba, que el reloj se había quedado parado en la hora de la feliz noticia y como consecuencia  las horas se le hacían días y los días semanas, pues no veía llegar el momento de subir a la camioneta (!que lejos iba quedando ya la carreta del cosario) que le llevaría al pueblo. 

Mientras tanto, él estaba totalmente ajeno a los nubarrones que poco a poco iban apareciendo por el horizonte de la vida social y política de esa España de 1936, de esa pobre España en la que  era imposible poner de acuerdo a las clases, para intentar llevar al pais a la modernidad, al equiparamiento y la integridad en una Europa  moderna que hacía años había despegado y que nos llevaba años luz en todos los aspectos.

 En Enero el presidente de la Republica, Alcala Zamora disuelve las Cortes y convoca elecciones para el 15 de Febrero. Comieza una campaña vertiginosa por parte de todos los partidos en su lucha por obtener el triunfo en la que prevalecen, las amenazas, la violencia y la discordia. Los republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas.. es decir las fuerzas de izquierda conscientes de que cada uno por su lado no conseguirian nada, se alian creando el Frente Popular, no ocurre igual con las derechas, que disuelven la Ceda y no llegan a  ningun acuerdo con monárquicos y falangistas y se presenta cada uno por separado. Co mo era de preveer, ante esta situación ganan las fuerzas aliadas del Frente Popular que se apresura a tomar ese mismo día la decisión de decretar el toque de queda a partir del dia siguiente, intentando de esta manera evitar enfrentamientos y violencia por el descontento de las organizaciones de derechas, sobre todo y en gran medida temiendo las represalias de Falange que ya había anunciado con antelación  que si salia victorioso el Frente Popular no lo reconocerían.

Ante todos estos acontecimientos, el miedo en las calles, las amenazas, los rumores de un posible golpe militar... a él  en su ignorancia política, no llegaba a alcanzar el tremendo drama que poco a poco iba rodeando a todas las estructuras del Estado, y que los nubarrones que parecían amenazar su cielo, en poco tiempo, serían barridos por los rayos de un sol brillante y protector. Solo tenia cabeza y corazón para vivir con fuerza su ilusión, sus sueños, que estaban a punto de realizarse y por ello en su entendimiento no podía tener cabida  que lo que estaba sucediendo pudiera llegar a quebrar un vida que se le presentaba !por fin!despejada y bonita.

Y llegó la época del año que más anhelaba, la Semana Santa, y no porque le gustaran especialmente las procesiones, que todo sea dicho de paso, le emocionaban, pero era mucho más fuerte el hecho de que desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección no trabajaba y podía pasar con su familia !cuatro dias! para él unas vacaciones en toda regla. Eran éstos,  los únicos días del año en que los dueños de la tienda se daban un respiro y cerraban, para, de esa manera poder disfrutar con toda intensidad de momentos plenos  de recogimiento, de ver pasar las cofradías, de  vivir la madrugá, de saborear las excelentes torrijas que Dª Encarna elaboraba como nadie, de visitar los templos y  sagrarios dónde rezaban al pie de los pasos de Virgenes y Cristos preparados con todo su esplendor, de emocionarse con el  desfile de los "·armaos" con sus maravillosas plumas en los cascos, mientras pasaban bajo el balcón de su casa, adornado por una gran palma bendecida que colocaban el Domingo de Ramos... y todas las costumbres y tradiciones acumuladas y repetidas a través de los años.  El Sr. Froilan y esposa lo vivian con gran fervor religioso y por nada del mundo hubieran abierto las puertas de su negocio esos dias en los que se conmemoraba la muerte de Jesucristo.

El mismo Jueves Santo de mañana, muy temprano, con una pequeña maleta y su traje bien planchado, cogia la camioneta que lo llevaría a su pueblo, al pueblo en el que nació y dónde le esperaba su familia, lo más preciado para él.

" Iba llegando al pueblo y la sequía del año había hecho sus estragos en el campo, el paisaje otras veces en ese tiempo, verde, salpicado de amapolas y margaritas, de cosechas brotando de una tierra oscura palpitante de vida, del arroyo abriéndose paso a través de árboles y olivos en flor, ahora aparecía amarillento con una tierra reseca llena de peñascos que parecian pedir a gritos el agua que no llegaba, y un arroyo casi estancado en el que la poca agua de su caudal, se veía verdosa, como pegada a una tierra que no quisiera dejarla avanzar. Parecía como si hasta la naturaleza estuviera confabulada con la situación y mostrara de esta manera su descontento,
Cuando bajé de la camioneta todo se evaporó, ese momento de inquietud vivido horas antes, durante el viaje, dio paso nuevamente a mi optimismo, a no querer pensar en nada que pudiera estropear mi momento, y cuando sentí los abrazos, apretones y besos que mis padres y hermana descargaban sobre mi, pensé que no podía haber nada en el mundo que me hiciera daño. Fueron cuatro días que nunca podré olvidar, hablábamos los cuatro hasta la madrugada, hacíamos planes de futuro, paseábamos por la calle Real durante el atardecer con familiares y amigos, volví con el alba al tajo con mi padre, a comer bajo un olivo el tocino y la morcilla con la rebanada de pan acompañados de buenos tragos de vino, visité las tumbas de mis abuelos ya fallecidos, jugué y me rei a pleno pulmón con las cosas de mi Rosarito, que seguía sin saber llorar y volví a escuchar embelesado la voz de mi madre cantando aquellas canciones antiguas que me emocionaban. !Cuanto se puede llegar a sentir, cuanta salud para el alma y que poco se necesita cuando está uno al lado de los que te quieren!

Sólo una sombra de preocupación  me atenazaba de vez en cuando, era mi padre, a veces lo encontraba pensativo, algo apagado, él intentaba disimular cuando me sorprendía observándolo, pero yo tenía la sensación de que algo pasaba por su cabeza, lo encontré prematuramente envejecido, su cara estaba ya excesivamente curtida y las primeras arrugas se marcaban con fuerza, el sol, el viento y las heladas en el campo daban sus frutos y algunas canas aparecían en sus sienes, y hasta me parecía notar que habia menguado, no me parecía tan alto, pensé que nadie de la capital podría creer si lo vieran que sólo tenía cuarenta y tres años. La noche antes de volver a Sevilla mientras cenábamos, me comentó que cuando terminaramos y por ser la última noche que pasaríamos juntos, quería que saliéramos sólos, sin las mujeres de la casa, porque quería pasar conmigo un rato y charlar de hombre a hombre, de cosas de hombres, insistió, cuando mi hermana se quejó de lo que a ella le parecía una injusticia, ya no habló más hasta que salimos de la casa.

"Hijo - me dijo - a la vez que abría su petaca y me ofrecía un cigarro, ya tienes edad de fumar delante de tu padre, porque ya te considero y sé que eres un hombre cabal". Cogí el cigarro con las manos temblorosas por la emoción, nunca en toda mi vida me había sentido tan cerca de mi padre y a la vez tan valorado. Empezamos a andar sin rumbo fijo, callados saboreando el humo del cigarro y perseguidos por una luna que parecía iba a explotar de luz y grandeza. Así llegamos a las afueras del pueblo y allí sentados en un pequeño montículo al pie del camino, empezó a hablar. " Las cosas andan mal por el pueblo, la gente está alborotada, demasiado a mi parecer, se rumorea que el gobierno ha empezado la revolución agraria y ya hay muchas tierras que están siendo ocupadas por los jornaleros, con el beneplácito del gobierno, aquí ya se habla de hacer lo mismo, vienen gente preparada de otros pueblos dando información, instigando a la gente a que esta situación hay que cambiarla, que no es justo que las tierras estén en manos de terratenientes que se llevan todos los beneficios mientras los campesinos apenas si pueden sobrevivir, que la tierra tiene que ser de quien la trabaja y que nuestras condiciones de vida tienen que cambiar. Y yo pienso que así debe de ser, que no está bien que uno se lo lleve todo y otros nos arañemos las tripas comiendo al día un poco de pan duro con tocino, que nuestros hijos ni siquiera puedan ir a la escuela y nuestras mujeres se hagan prematuramente viejas a base de sufrir necesidades y calamidades, pero por otro lado pienso que los señores no se van a quedar de brazos cruzados y eso me da miedo, porque esta vida está hecha así, para que haya ricos y pobres y para que los ricos estrujen a los pobres y por eso creo que esto no va a traer nada bueno, digan lo que digan, por eso, hijo, he querido hablar contigo antes de que te vayas, quiero que sepas que te quiero y que mi meta ha sido, como sabes, sacarte de este infierno, y ahora sé aun con más seguridad que hice lo que tenía que hacer. Y ahora te pido solo una cosa que quiero que cumplas: que si por alguna circunstancias me pasara algo, tu quedas como el cabeza de familia y a ti corresponde cuidar de tu madre y hermana, no las dejes nuncas, lucha todo lo que tengas que luchar por su bienestar, cuidalas y dale todo el cariño del mundo"

Quede paralizado, primero una ola de calor agobiante me recorrió el cuerpo y después un miedo irracional se apoderó de mi, ¿que quería decir mi padre? ¿que podía pasar algo terrible?. Me agarré a sus manos y le miré atemorizado, nunca había pasado por mi cabeza que pudiera faltarme antes de que hubiera vivido una vida más tranquila y una vejez rodeado de nietos, y casi sin que me saliera la voz de una garganta que me ahogaba, le dije que no iba a pasar nada, que dentro de un años cuando volviera de la "mili" y si todo salía como pensaba, nos iriamos  a Sevilla y viviriamos felices, pero que si él creia que las cosas estaban tan mal que se vinieran ya a la ciudad, que ya me encargaría yo de buscar una habitación para ellos y seguro que el Sr. Froilan le encontraba algun trabajo. Empezó a reir como yo nunca lo había visto, porque a serio no había quien le ganara, me abrazó: "Vamos, hijo, que ya eres un hombre, no actues como un niño, claro que lo más seguro es que no pase nada y las aguas se calmen, y ya habrá tiempo de pensar el día de mañana nuestro traslado, pero hay que hablar de todo entre hombres y tienes que estar enterado de la situación que hay en el pueblo. Es casi una excusa para decirte que cuando yo falte sea cuando sea, veles por ellas". Se lo prometí dándole un abrazo, quedé más tranquilo al escuchar su risa y ver el brillo de sus ojos en la oscuridad de la noche, volvimos a casa con su brazo sobre mis hombros y me sentí el hijo más querido del mundo.

A la mañana siguiente, cogí la camioneta de vuelta a Sevilla, mientras se alejaba, veía a los tres diciendome adios con la mano, rompí a llorar sin que nadie se diera cuenta. No podía imaginar ni en la peor de las pesadillas, que ésta había sido la última vez que mis pies habían pisado las calles, el paseo, el campo, la casa de mis padres de mi pueblo".

No hay comentarios:

Publicar un comentario