"El señorito", estaba casado con la hermana de mi madre y era el jefe de mi padre.
Como ya sabeis "el señorito andaluz" era (lo pondré en pasado, porque afortunadamente ya no quedan o si hay alguno, en total peligro de extinción) el terrateniente, dueño de miles de hectáreas practicamente improductivas, que vivía de las rentas, amo y señor de todo y en ese todo incluimos hasta a las personas: trabajadores, capataces, servidumbres. Al que se le puede retratar recorriendo la propiedad montado a caballo, embutido en elegante traje campero y sajones de piel de Ubrique. De porte chulesco y "bien plantao" , avasallando, dirigiendo y atemorizando a sus "vasallos", rodeado siempre de una amplia corte de aduladores y viviendo de juerga en juerga, fiestas y saraos, sin dar nunca un palo al agua.
Mi tío era como esos "señoritos" pero sin tierras y sin caballo. Sus tierras fueron sus negocios y el orgullo y la soberbia, el caballo que lo empujaba para conseguir sus metas.
Era tirano, exigente, avasallador, muy seguro de sí mismo y totalmente convencido de que los que estábamos bajo su mandato podíamos vivir gracias a él, que era nuestro bienhechor y al que teníamos que estar eternamente agradecidos.
Pero no siempre fue así, sino todo lo contrario. En su más temprana juventud, fue una persona sencilla, sin dobleces en su alma, entregado por completo al bienestar de los suyos, amante del trabajo y la superación, como solemos decir por aquí "buena gente".
Nació en 1.911, en el seno de una familia muy, muy pobre. Su padre jornalero en el campo, apenas sacaba para alimentar cinco bocas hambrientas, trabajando de sol a sol. Malvivían en una casilla, que entonces usaban en el campo para guardar los aperos, que el "señorito" dueño de las tierras, le cedió a cambio de su trabajo y poco más y allí fueron creciendo, calentándose acurrucados los unos con los otros en las noches frías de invierno, con hambre eterna en sus estómagos y trabajando en el campo casi, casi desde que aprendían los primeros pasos.
El padre no aguantó mucho tiempo, enfermó y murió dejando mujer y cinco hijos, el mayor de 13 años, en la miseria más absoluta.
Los echaron de las tierras, aunque él a sus trece años irguiéndose como el cabeza de familia, rogó al patrón para que les permitiera quedarse a cambio de su trabajo, pero no consiguió remover su piedad.
Lograron salir adelante, la madre lavando ropa y sirviendo en las mejores casas del pueblo, los pequeños lo mismo pedían por la calle, que hacían recados, que recogían aceitunas o pescaban en el río y él, el mayor trabajando en el campo durante el día y en la madrugada y hasta despuntar el alba, aprendía el oficio de panadero en un horno de su pueblo. Oficio que más tarde explotaría con enorme éxito.
Se convirtió en un hombre muy guapo, alto, fornido. Su aspecto no dejaba entrever las miserias y penalidades padecidas en su infancia. Más parecía por su porte y elegancia en sus modales hijo de un marquez que de un campesino muerto en la plenitud de la vida, devorado por la tisis.
No fue activista político, pero sí gran seguidor del pensamiento socialista del que más adelante sería su suegro (mi abuelo Antonio). No había mitín o acto del Partido al que no asistiera y aplaudiera.
Tuvo que ir a la guerra, fue reclutado por los nacionales para luchar en las filas de Franco durante los tres años que duró la contienda.(Continuará)
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