Su estampa era fabulosa y singular: alto, delgado, muy derecho en su caminar. Su cabeza siempre tocada por un sombrero de ala ancha. Dos grandes orejas y una nariz porrona y prominente llamaban la atención en un rostro de tez muy morena y pequeños ojos claros de mirar inteligente. La indumentaria no había cambiado desde que se hizo hombre a principios del siglo pasado, lo que llamaba la atención en los revolucionarios años 70, pero él pasaba de críticas o comentarios y seguía siendo fiel a sus costumbres y a sus tradiciones, a saber: sombrero andaluz de ala ancha, pantalón pitillo ajustado de cintura alta, botas de media caña acordonadas y un camisón blanco abotonado hasta el cuello, sobresaliendo debajo de una chaqueta ajustada y salpicona. No importaba la estación del año, la única salvedad era una pelliza de color indefinido que se ponía los días más crudos del invierno, para resguardarse del frío. A todo se le sumaba su bastón, inseparable, que más que bastón parecía casi una prolongación de sí mismo porque siempre lo acompañaba, no porque lo necesitase para caminar a pesar de su avanzada edad, lo necesitaba para expresar, porque observando sus movimientos se podía saber casi sin error su estado de ánimo ya fuera de alegría, tristeza, enfado o impaciencia. Cuando escuchaba flamenco, repiqueteaba al compás de la seguiriya, el fandango o la soleá, si se enfadaba lo levantaba al aire como si de un mosquetero se tratara dispuesto a entrar en la lucha con su espada alzada, cuando me hablaba de su vida, de la guerra, de sus ideales lo giraba haciendo círculos, despacito como si fuera la manivela que abriera la puerta de sus recuerdos.
Fue republicano, socialista, masón y ateo. Contactó y llegó a ser gran amigo de Pablo Iglesias, fundando en su pueblo, Alcalá, el Partido Socialista Obrero Español. Luchador incansable en pro de la justicia social lo que le originó graves problemas en el pueblo, sobre todo durante la dictadura de Primo de Rivera, jugándose la libertad en innumerables ocasiones, informando, animando a los jornaleros del campo para que reivindicaran sus derechos y despertaran de la ignorancia y el servilismo.
No tuvo estudios, fue al colegio lo justo para aprender a leer, escribir y las cuatro reglas, pero tenía una gran cultura, fruto de su avidez por la lectura y el ansia de saber. Llegó a tener una amplísima biblioteca de cientos de libros: historia, ensayos, poesía, filosofía... y una edición antiquísima de El Quijote que era su mayor orgullo. Todo fue quemado en una hoguera en el corral de su casa de Alcalá. Su mujer, Dolores, fue la autora de tal "masacre" por miedo a las posibles represalias de los "nacionales" que se hicieron con el poder en el pueblo al estallar la Guerra Civil.
Nunca he conocido a nadie que entendiera tanto de flamenco como él. El cante "jondo" lo transportaba, recuerdo verlo pegado a la radio totalmente absorto, con los ojos cerrados, taconeando con su bastón ajeno totalmente al mundo que lo rodeaba. No había una fiesta flamenca en la que no estuviera, ni cantaor que no conociese o no lo conociese.
Gran defensor de la cultura y costumbres andaluzas y el responsable de que yo sin apenas conocer Alcalá, mi pueblo, lo quisiera, porque me hablaba con total apasionamiento de su Parque de Oromana,de su río Guadaíra pasando bajo el puente romano y besando los molinos dónde en la antigüedad se molía el trigo, de sus calles que son cuestas, de su castillo árabe, de su pan.. para él era su vida.
No tuvo profesión, ni un trabajo continuado, pero tenía una mano para los negocios increible, todos florecían y ganaba dinero, pero le duraban poco, se cansaba de la rutina y los descuidaba hasta que terminaba por arruinarse. Pasado un tiempo emprendía otro y vuelta a empezar, mientras su mujer cosía para la calle y así mantenían a los cinco hijos que tuvieron.
El estallido de la Guerra Civil le pilló ya maduro, con 56 años y fue muy duro para él con esa edad tener que abandonar Alcalá y dejar a la familia atrás. Huyó a pie atravesando campos y sierras para escapar del pelotón de fusilamiento que sabía, y así fue, iría a buscarlo. Logró pasar al bando republicano y luchó con la graduación de teniente durante los tres años que duró la guerra. Cuando ésta terminó con la victoria de Franco, intentó huir pero fue detenido y condenado a muerte, pena que se le conmutó por cadena perpetua de la cuál también se libró gracias a su familia que supo mover los hilos y las recomendaciones precisas para salvarlo. Consiguió la libertad pero en el destierro fuera de Andalucía.
No aguantó mucho el destierro, no sabía vivir fuera de su tierra y se arriesgó a volver. Volvió una noche a su pueblo, a su casa, con su Dolores y allí vivió clandestinamente escondido en una cueva que la casa tenía en el patio, que según me contaba llegaba mediante galerias subterráneas hasta el mismísimo castillo. Allí se entretenía durante el dia criando conejos y leyendo y durante la noche salía al patio y dormía en su alcoba al lado de su mujer.
No volvió a disfrutar de su pueblo, nunca más paseo por su calles, porque sabía que lo detendrían, emigró con más de 70 años a Sevilla con su mujer y una hija y comenzó una vida nueva dentro de la normalidad porque aquí no lo conocía nadie y entraba y salía a su antojo. Pero ya no fue el mismo, estaba vencido lejos de su pueblo.
La última vez que lo ví antes de caer en su lecho de muerte, fue un mes antes, vino a verme a mi piso, ubicado en una zona nueva, moderna, lejos de su casa en El Cerro, llegóa hasta allí andando con su inseparable bastón y su 97 años a cuesta, ajeno por completo a las miradas de curiosidad que su presencia despertaba. Vino a conocer a mi hija recien nacida. No habló mucho, lo poco que dijo fue como siempre para poner a parir a los curas y a Franco, aunque ya llevaba dos años muertos. Me besó en la frente como siempre hacía y acarició a mi hija sosteniéndola en sus brazos. Supe que ya no volvería más y ese momento se me quedó grabado en mi cabeza y en mi corazón.
Murió poco después, un día caminando de vuelta a su casa, su cadera se quebró y ni su fiel bastón pudo sujetarlo, cayó al suelo y ya no volvió a levantarse.
Las últimas palabras que pronunció agarrado a la mano de su hijo Manolo, fueron: "Manolo, Alcalá" y allí está enterrado en un nicho que el Ayuntamiento gobernado por el PSOE regaló a la familia.
Hoy hay una calle que lleva su nombre, porque su pueblo ha sabido reconocer el amor que le tuvo y su afán por mejorarlo, sus reivindicaciones para mantener su cultura, su poesía y sobre todo su lucha por las mejores sociales de su gente.
Era mi abuelo, se llamaba Antonio Alvarez de Alba. Le quise mucho.
ME HA ENCANTADO MAMI, ME GUSTAN TUS HISTORIETAS, YA SABES, YO ME PAREZCO UN POQUITO A TÍ EN ESO. SIGUE CONTANDO COSITAS, ME TENDRAS ENGACHADA CONTINUAMENTE.
ResponderEliminarYA SÓLO TE FALTA SABER SUBIR FOTOS...
Jo mamá que historias mas bonitas cuentas y qué personajes mas pintorescos habia en tu (nuestra) familia¡¡¡
ResponderEliminarMe gusta conocer este tipo de relatos antiguos, me acercan a una época que sólo imagino por las pelis, pero que escritos por tí son mucho mas interesantes y enriquecedores.
Brillante post y a seguir escribiendo ¡¡¡¡¡¡¡¡
Me encanta que os guste. No podeis ni imaginar la de cosas interesantes que han pasado en nuestra familia.Poquito a poco os iré contando. Me haceis muy feliz con vuestros comentarios y apoyo y me dais confianza y seguridad para seguir. Gracias, os quiero mucho.
ResponderEliminarAni, una vez más me has vuelto a emocionar. Tienes un gran talento narrativo, la extraordinaria capacidad de transportar al lector hacia el mundo que describes, ya sean lugares, emociones, personas; y esque, mientras leía el relato, estaba viendo al gran hombre que fue tu abuelo como si fuera el mío propio.
ResponderEliminarTengo que decirte, que me ha gustado tanto que lo he impreso y se lo he leído a mi madre. Sabía que le gustaría, pero no esperaba su reacción...cuando terminé de leérselo, la miré y le asomaban unas lágrimas incipientes en los ojos, estaba realmente emocionada, y me dijo: "Sara, dile a Ani que se dedique a escribir en serio, que hay muchas mujeres maduras que lo han conseguido. Qué bien escribe, y con qué cariño, me ha encantado. Felicítala de mi parte, y dile que siga escribiendo".
Asíque, nada, nuestra más sincera enhorabuena.
Un beso!!
Gracias Sara. Realmente me ha emocionado tu comentario, sabes lo que valoro tu opinión me anima a seguir escribiendo. Un beso a tu madre de mi parte y gracias por esa lagrima, que me ha llegado al alma.
ResponderEliminar