Nunca, en ningún momento pasó por mi cabeza la sombra del miedo, creí que lo malo ya había pasadp, que si tuvo fuerzas para sobrevivir aquella noche horrible, esa "cosita" tan pequeña, tan preciosa, sólo necesitaba tiempo para adaptarse a este mundo, tiempo para que sus órganos crecieran y se hicieran fuertes para luchar con los peligros que acechan, tiempo para saborear una vida que empieza y que merece la pena vivirla y ella lo iba a conseguir·.
Las lágrimas ya corrían con fruición por su cara y yo no podía apartar mis ojos de ella y lo único que en ese momento anhelaba era consolarla con un abrazo y decirle que debía sentirse orgullosa de la decisión tomada porque siguió los mandatos de su corazón, pero las palabras no salían de mi garganta porque un nudo muy fuerte lo impedía.
"Hasta que llegó el día más triste de mi vida, el día en que mi mundo tan maaravilloso se paró, porque el dolor paaralizó mi vida, el día en que me sentí perdida, impotente, en el que no quise seguir viviendo porque ni quería, ni podía separarme de ella, el día en que pedí a Dios con todas mis fuerzas que cambiara su vida por la mía, que la dejara vivir a ella.
Como todas las mañanas me levanté con el ansia de siempre por bajar a verla, estaba felíz ya que el médico me había comunicado que el alta estaba al caer, quizás en uno o dos días, no así la niña que aún le quedaba un poquito. Ya me veía en mi casa durmiendo al lado de mi marido, con mis dos niños a nuestro lado, imaginaba como sería la carita de mi hija cuando ya sus rasgos fueran acentuándose y cómo mi niño la querría y cuidaría. No podía haber nadie más felíz que yo, todo el calvario vivido había merecido la pena con creces y !por fin" formábamos una familia tal y como yo había soñado. La vida nos sonreía.
Ese día bajé como todos los anteriores, pero cuando llegué a la sala de incubadoras me encontré con la puerta cerrada al paso de familiares. Había surgido un problema que por lógica imaginamos debía tratarse de un empeoramiento en alguno de los niños allí ingresados. Los nervios de todos los allí reunidos era patente, no sabíamos que estaba pasando trás la puerta cerrada y sobre todo a ¿que chiquitín le tocaba sufrir por sobrevivir?. Era mi hija, sufrió un infarto cerebral, uno de los riesgos más frecuentes a los que se enfretan los niños prematuros, especialmente los que apenas sobrepasan los seis meses de gestación. Supe, presentí rapidamente que me había tocado la desgracia. Cuando el médico salió no le dio tiempo a dirigirse a mí, fui yo la que me abalancé angustiada sobre él, todavía con la pequeñesíma esperanza de que mi presentimiento sólo fuera eso, un mal presentimiento. Pero no fue así, mi hija tenía vida pero se le escapaba como el agua entre las manos sin que se pudiera hacer nada por ella, los órganos principales de su pequenísimo cuerpo fallaban sin remisión.
Esta noticia fue un mazazo terrible para mi sistema nervioso, pero saqué fuerzas, no sé de dónde, para pedirle, suplicarle, exigirle incluso al médico que me dejara cogerla aunque fuera ya una sola vez en mis brazos. La cogí temblando entre mis manos (!era tan pequeña, que en los brazos se escapaba!) mientras mi cara se llenaba de lágrimas impidiéndome ver con claridad ese mínimo cuerpecito, que a pesar de todo aún seguía luchando por vivir. Una enfermera enjugó mis lágrimas y me ayudó a que la colocara pegadita a mi pecho, todavía conectada a los cables que partían mediante ventosas de casi todas la zonas de su cuerpo y que la mantenían con vida.
Me olvidé de todo, del mundo, de mi marido, hasta de mi otro hijo. Todo giraba a su alrededor, era mi sol y yo su planeta sin el que era imposible vivir. Murió muy poquito después, acurrucada en mis senos sintiendo mi calor".
Terminó derrumbándose y yo terminé abrazándola sin que fuera capaz de expresar todo el sentimiento y consuelo que le quería trasmitir. Poco a poco se fue calmando agarrada a mis manos. Se limpió las lágrimas y me miró yo casi diría que como avergonzada por lo que yo pudiera pensar de la situación que ambas estábamos viviendo. REcuerdo que lo primero que le dije fue que para mí hasta ese día era una profesional estupenda, pero ahora a eso le sumaba una gran admiración como persona y que me había parecido muy hermoso que me hubiera hecho partícipe de esta "historia" tan cargada de sentimientos, con el fin de ayudarme ante la situación tan difícil por la que mi hija pasaba en esos momentos.
Me contestó ya más calmada de que a pesar de que casi habían pasado dos años, todavía no superaba la angustia y el stres por el que su cuerpo pasaba cuando rememoraba esos días, y que aunque aparentemente llevaba una vida plena en cuanto a trabajo, familia, etc. ella, nunca sería la misma y el recuerdo de su hija siempre estaba presente.
Sólo tuve que hacerle una pregunta, porque había algo que yo no comprendía ¿de verdad hubieras preferido morir tú, no pensaste que privabas de esta manera a tu hijo de tan corta edad de su madre, siendo como sabes, que eres su mayor referente y lo que te necesita? ¿ y la niña, como habría crecido sin el calor de una madre? ¿ y tu marido, tus padres...? Me contestó muy rapidamente, parecía estar esperando la pregunta, porque seguro que yo no habia sido la primera en hacérsela. " Te juro por lo que más quiero que lo dije y lo sigo diciendo. Yo he vivido ya 35 años de una vida a la que puedo catalogar de bastante buena. He sido felíz, crecí rodeada de cariño por unos padre y hermanos maravillosos. Pude estudiar la carrera que me gustaba y en consecuencia tengo un trabajo que me apasiona y no me va nada mal, sino todo lo contrario, muchas veces he cedido casos a otros compañeros, por falta material de tiempo. Me casé con el hombre del que me enamoré en la Universidad y hasta el momento, llevamos ya diez años juntos y dentro de los altibajos normales de toda pareja, nos queremos y respetamos mutuamente. él también triunfa en su trabajo. Tengo una casa bonita en un sitio privilegiado y lo más importante he sido madre de un niño que es maravilloso y el espejo dónde me miro todos los días. Sí, es duro perder todo esto, pero yo habría vivido una vida corta pero feliz y fructifera, pero mi niña no ha conocido nada , no ha tenido oportunidad de corres, reir, llorar, querer, sentir... y aún sin haber experimentado todo luchó durante un mes por conseguirlo, incluso minutos antes de morir se agarraba con fuerza a mi dedo con su manita. No, mi hija no quería morir y yo veía y veo más justo que hubiera sido ella la se quedara aquí. Con respecto a mi hijo, mi hija, mi marido, mis padres... claro, claro que hubiera sido un golpe tremendo, pero la vida se encarga de ir suavizando el dolor y estoy completamente segura de que mis hijos crecerían totalmente llenos de amor, protección, atenciones de todos y aunque sí echarían de vez en cuando la falta de una madre, serían felices, y se apoyarían el uno en el otro y mi hija viviría su vida.
Ahora fui yo la que no pude evitar que las lágrimas salieran de mis ojos y que aún pudiendo no estar de acuerdo con su planteamiento, esa mujer estaba dando con su testimonio una gran lección de vida, de generosidad, de amor.
La voz chillona de un niño trás la puerta cerrada del despacho, nos sobresaltó. Era su hijo que llegaba del cole. Se levantó rápida, se limpió los ojos mirándose en uno de los cristales de una vitrina y sonrió, no quería que el niño la viera en ese estado. Yo me levanté también, cogí el bolso y me quedé de pie mirándola. El mundo volvió a ponerse en marcha para las dos, nos dimos un abrazo, me susurró las gracias por comprenderla y ya con la firmeza de siempre, volvió a darme el consejo para mi hija que al principio de su relato expresó: "si ese pequeño embrión no está preparado, se irá, no haced una tragedia de ello. La naturaleza es sabia y desecha lo que no va a poder sobrevivir, no hay que chantajearla para evitarlo porque al final termina ocurriendo lo que no queríamo que ocurriera y nos negábamos a ver".
DEspués de ésto he seguido teniendo contacto con ella hasta hace pocos meses en que por fin se resolvio favorablemente mi litigio sobre el accidente. Nunca más volvimos a hablar del tema, pero sí es cierto que al menos yo y creo que ella también, le tengo un cariño especial y una grandísima admiración. Siempre la recordaré como lo que es: una gran mujer.
Nota: El médico alegó que no pudo asistirla porque fue invitado a un Congreso Médico en Alemania y no podía dejarlo pasar puesto que se trataba de las nuevas técnicas desarrolladas sobre el padecimiento que ella presentaba. Bajo mi punto de vista, totalmente inmoral, no se puede abandonar a una paciente de altísimo riesgo ni por todos los Congresos del mundo y menos sin avisar. Ella no quiso entrar en terrenos jurídicos, era demasiado doloroso y optó por intentar olvidar que había sido engañada.
Esta noticia fue un mazazo terrible para mi sistema nervioso, pero saqué fuerzas, no sé de dónde, para pedirle, suplicarle, exigirle incluso al médico que me dejara cogerla aunque fuera ya una sola vez en mis brazos. La cogí temblando entre mis manos (!era tan pequeña, que en los brazos se escapaba!) mientras mi cara se llenaba de lágrimas impidiéndome ver con claridad ese mínimo cuerpecito, que a pesar de todo aún seguía luchando por vivir. Una enfermera enjugó mis lágrimas y me ayudó a que la colocara pegadita a mi pecho, todavía conectada a los cables que partían mediante ventosas de casi todas la zonas de su cuerpo y que la mantenían con vida.
Me olvidé de todo, del mundo, de mi marido, hasta de mi otro hijo. Todo giraba a su alrededor, era mi sol y yo su planeta sin el que era imposible vivir. Murió muy poquito después, acurrucada en mis senos sintiendo mi calor".
Terminó derrumbándose y yo terminé abrazándola sin que fuera capaz de expresar todo el sentimiento y consuelo que le quería trasmitir. Poco a poco se fue calmando agarrada a mis manos. Se limpió las lágrimas y me miró yo casi diría que como avergonzada por lo que yo pudiera pensar de la situación que ambas estábamos viviendo. REcuerdo que lo primero que le dije fue que para mí hasta ese día era una profesional estupenda, pero ahora a eso le sumaba una gran admiración como persona y que me había parecido muy hermoso que me hubiera hecho partícipe de esta "historia" tan cargada de sentimientos, con el fin de ayudarme ante la situación tan difícil por la que mi hija pasaba en esos momentos.
Me contestó ya más calmada de que a pesar de que casi habían pasado dos años, todavía no superaba la angustia y el stres por el que su cuerpo pasaba cuando rememoraba esos días, y que aunque aparentemente llevaba una vida plena en cuanto a trabajo, familia, etc. ella, nunca sería la misma y el recuerdo de su hija siempre estaba presente.
Sólo tuve que hacerle una pregunta, porque había algo que yo no comprendía ¿de verdad hubieras preferido morir tú, no pensaste que privabas de esta manera a tu hijo de tan corta edad de su madre, siendo como sabes, que eres su mayor referente y lo que te necesita? ¿ y la niña, como habría crecido sin el calor de una madre? ¿ y tu marido, tus padres...? Me contestó muy rapidamente, parecía estar esperando la pregunta, porque seguro que yo no habia sido la primera en hacérsela. " Te juro por lo que más quiero que lo dije y lo sigo diciendo. Yo he vivido ya 35 años de una vida a la que puedo catalogar de bastante buena. He sido felíz, crecí rodeada de cariño por unos padre y hermanos maravillosos. Pude estudiar la carrera que me gustaba y en consecuencia tengo un trabajo que me apasiona y no me va nada mal, sino todo lo contrario, muchas veces he cedido casos a otros compañeros, por falta material de tiempo. Me casé con el hombre del que me enamoré en la Universidad y hasta el momento, llevamos ya diez años juntos y dentro de los altibajos normales de toda pareja, nos queremos y respetamos mutuamente. él también triunfa en su trabajo. Tengo una casa bonita en un sitio privilegiado y lo más importante he sido madre de un niño que es maravilloso y el espejo dónde me miro todos los días. Sí, es duro perder todo esto, pero yo habría vivido una vida corta pero feliz y fructifera, pero mi niña no ha conocido nada , no ha tenido oportunidad de corres, reir, llorar, querer, sentir... y aún sin haber experimentado todo luchó durante un mes por conseguirlo, incluso minutos antes de morir se agarraba con fuerza a mi dedo con su manita. No, mi hija no quería morir y yo veía y veo más justo que hubiera sido ella la se quedara aquí. Con respecto a mi hijo, mi hija, mi marido, mis padres... claro, claro que hubiera sido un golpe tremendo, pero la vida se encarga de ir suavizando el dolor y estoy completamente segura de que mis hijos crecerían totalmente llenos de amor, protección, atenciones de todos y aunque sí echarían de vez en cuando la falta de una madre, serían felices, y se apoyarían el uno en el otro y mi hija viviría su vida.
Ahora fui yo la que no pude evitar que las lágrimas salieran de mis ojos y que aún pudiendo no estar de acuerdo con su planteamiento, esa mujer estaba dando con su testimonio una gran lección de vida, de generosidad, de amor.
La voz chillona de un niño trás la puerta cerrada del despacho, nos sobresaltó. Era su hijo que llegaba del cole. Se levantó rápida, se limpió los ojos mirándose en uno de los cristales de una vitrina y sonrió, no quería que el niño la viera en ese estado. Yo me levanté también, cogí el bolso y me quedé de pie mirándola. El mundo volvió a ponerse en marcha para las dos, nos dimos un abrazo, me susurró las gracias por comprenderla y ya con la firmeza de siempre, volvió a darme el consejo para mi hija que al principio de su relato expresó: "si ese pequeño embrión no está preparado, se irá, no haced una tragedia de ello. La naturaleza es sabia y desecha lo que no va a poder sobrevivir, no hay que chantajearla para evitarlo porque al final termina ocurriendo lo que no queríamo que ocurriera y nos negábamos a ver".
DEspués de ésto he seguido teniendo contacto con ella hasta hace pocos meses en que por fin se resolvio favorablemente mi litigio sobre el accidente. Nunca más volvimos a hablar del tema, pero sí es cierto que al menos yo y creo que ella también, le tengo un cariño especial y una grandísima admiración. Siempre la recordaré como lo que es: una gran mujer.
Nota: El médico alegó que no pudo asistirla porque fue invitado a un Congreso Médico en Alemania y no podía dejarlo pasar puesto que se trataba de las nuevas técnicas desarrolladas sobre el padecimiento que ella presentaba. Bajo mi punto de vista, totalmente inmoral, no se puede abandonar a una paciente de altísimo riesgo ni por todos los Congresos del mundo y menos sin avisar. Ella no quiso entrar en terrenos jurídicos, era demasiado doloroso y optó por intentar olvidar que había sido engañada.
Qué historia tan triste y a la vez tan conmovedora...nos preocupamos y agobiamos por cosas que realmente no merecen un desgaste de energía tan grande. Este tipo de historias te hacen reflexionar sobre tu propia vida. Un post muy bonito, me alegro que te hayas animado a terminarlo. Ahora a por más historias!
ResponderEliminares exactamente lo que senti cuando la vida de mi sarita parecia que iba a terminar camino del hospital, no lo has podido describir mejor, afortunadamente para ella, lo consiguió y espero que pueda disfrutar de todo lo que venga.
ResponderEliminara mi no me dio tiempo de pensar en cambiarle mi vida, solo me preocupé de mantenerla "despierta" hasta llegar a la cuarta planta del hospital, allí lo hubiese dado todo porque volviera a respirar, pero no hizo falta, nosotras tuvimos suerte.
me ha encantado y me ha servido como desahogo, que lo llevaba guardado un par de meses.
gracias.
besos
maribel
Gracias a las dos por vuestros comentarios y me alegro que os haya gustado. Especialmente a tí Maribel que veo que has pasado también una situación parecida y sabes lo que se puede sentir. Si esta historia te ha servido o ayudado un poquito, no sabes lo que eso me anima a seguir escribiendo. Gracias a las dos. Besos.
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