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domingo, 31 de marzo de 2013

Y... nació MAYA!



La primavera estaba llegando a su fin para dar paso al verano que empujaba con fuerzas, cuando supimos que estaba en camino. La inesperada noticia, fue una explosión de alegría para todos los que estábamos reunidos en casa, aquella tarde del 6 de Junio del año pasado en la que celebrábamos el cumpleaños de mi hija. Recuerdo primero la cara de sorpresa que se nos quedó a todos y como a continuación como si hubierámos sido empujados por un resorte, nos levantamos llenos de alegría para abrazar y besar a los futuros papás, a los que dimos todo el ánimo y apoyo del mundo. Nos emocionamos, reimos y aplaudimos desde la mayor de la familia, nuestra bisi, a los más pequeños Marco y Emilio, a los que explicamos que un nuevo primito/a llegaría más adelante para aumentar la familia.

Y fueron pasando los meses 1, 2, 3, 4... siguiendo su ritmo normal, para la mamá las típicas fatigas matinales y no tan matinales, el sueño, la barriguita que va creciendo poquito a poco... y para todos "el será niño o  niña", ¿ a quien se parecerá?, ¿que día llegará? hasta que signo del zodíaco le tocará, en fin lo que decía, lo típico que se repite miles, millones de veces cada vez que una mujer queda embarazada.

Creo que al cuarto o quinto mes supimos por fin el sexo. Nueva explosión de alegría porque tanto los padres, como toda la familia por ambas partes, deseábamos una niña, había ya tres machotes que la precedían y ya tocaba !niña!. Bueno sólo uno de entre todos, creo que más bien por llevarnos la contraria, se emperraba en que fuera niño ¿Adivinais quién? Sí exactamente, Marquitos. Salvi y Sara eligieron el nombre después de barajar (como normalmente suele pasar) montones. Les encantó Maya, porque es un nombre corto, sonoro y que significa "ilusión" y decidieron que era el nombre apropiado para su hija. Yo, particularmente creo que no se ha podido elegir otro mejor, porque se ajusta perfectamente al sentimiento que me llenó desde que me enteré. Un sentimiento, una ilusión que ha ido suavizando los malos momentos, que nos ha dado fuerzas y nos ha unido a todos en la espera ansiosa e ilusionada de su llegada.

Así fue pasando el tiempo, hasta que llegó el día de su nacimiento. Tuvimos suerte, el parto empezó un sabado por la mañana, suerte porque me parece que el sábado es el día más bonito de la semana, porque  al menos a partir del mediodía se terminan las prisas, las carreras, el strecks y llega el momento de la calma, de descansar, de disfrutar... de olvidar el trabajo de la semana que termina. Ésto permitió como tantas veces habíamos hablado que nadie tuviera problemas, que todos estuviéramos allí excepto tres excepciones impuestas: la bisi por motivos de la edad y Marco y Emilio que ejercian de canguros al cuidado de Nuno y Emilito respectivamente.

Entre las 20 - 21 horas fuimos llegando al hospital. La sala de espera era un hervidero de personas, allí no había quien se entendiera. La gente lo ocupaba todo, los asientos, los pasillos, la puerta principal, la cafetería... pero, !que maravillosa sala de espera! es la única sala de espera de un hospital en la que se respira vida, alegría, ilusión. El "cachondeo" como decimos por aquí está presente, los "corrillos familiares", las voces, las risas, las carreras en estampida cuando la megafonía avisa, los ramos de flores, los enormes globos con ositos rosas o celestes, las caras de cansancio... Salvi nos informaba de la situación bien mediante móvil o haciendo rápidas escapaditas de las que no sé como no huía asustado cuando corríamos hacia él cuál fan que lleva el diablo.

Las horas fueron pasando y con ellas la sala se fue desalojando en tal medida que sobre las 24 h. de la noche, sólo quedábamos allí dos otres familias esperando. La nuestra la más numerosa, Al fin pudimos sentarnos todos juntos, arrimamos asientos en circulo para así formar una gran reunión en la que todos pudiéramos charlar con todos, cambiar impresiones y  esperar con todos. Una gran reunión de personas, pensaba yo, con un denominador común, con un deseo a flor de piel: que todo saliera bien, que a la mamá no le pasara nada y sufriera lo menos posible, que al papá no le pudiera el nerviosismo y la apoyara al máximo y de que Maya llegara a este mundo en perfectas condiciones y rodeada de un montón de personas deseosas de volcar todo el amor del mundo sobre su personita. Esta vez muy  al contrario que cuando nació Marco y Emilio (ya lo comenté en un post anterior) iba a haber allí mucha gente esperando su llegada a pesar de que tambien como ellos, nació de madrugada.

Y no me resisto a dar fe de los reunidos para que mi niña cuando sea grande sepa todo sobre ese precioso día:
Los abuelos: Vito, Maribel, Antonio y Ani.
Los titos: Fátima, Víctor, Carla, Tania, Iván y Rocío. 
Los primos: Marco el mayor, que aguantó como un tío con sus 7 añitos y además representando a Emilito y Nuno .
La tita Cristi, mi sobrina y la tita Rocio que llegó de la playa directamente. Aparte el goteo de amigos que durante toda la tarde pasaron por alli (Carlos, Gregui, Dani, Tiyo...)

En esa reunión y en esa espera hubo de todo: charlamos, hicimos apuesta, hablamos con Salvi, reimos... hasta que alrededor de la 11/2 h. o 2 h. Salvi corriendo vino a avisarnos que entraban en paritorio. Entonces sí que ya los nervios se desataron del todo. Maribel casi temblaba pensando en Sara, yo loca por fumar un cigarro y mi hija no me dejaba, Vito tuvo que salir a vomitar, Antonio cuidando de Marco que al final se había dormido sobre el asiento...en fin, cada uno mostraba el nerviosismo a su manera. Como anécdota muy graciosa no quiero dejar de mencionar lo que nos reimos, cuando al cuarto de hora aproximadamente de la entrada de Sara a paritorio, nos llamaron por megafonía. Pensamos que mi niña había nacido ya y saltamos todos en desbandada corriendo hacia el control. Era para vernos como corríamos, a Marco casi lo arrastramos medio dormido, a mi se me cayeron por el camino todas las cosas del bolso porque con las prisas lo cogi al revés, Carla se tiró al suelo conmigo para recogerlas lo antes posible, nos entró el "pavo" al vernos unos a otros y nos tronchamos de risa. No se quien llegó primero, pero todo el jaleo para nada, solo era para comunicarnos con bastante retraso, la entrada en paritorio. Había que ver nuestras caras,cuando volvimos nuevamente a nuestros asientos.

Al final nos comunicaron que podíamos pasar a las puertas de paritorio que Sara ya había dado a luz y estaba a punto de salir con Maya. Nunca se me olvidaran los ojos llenos de lágrimas y alegría de mi hijo en la puerta, ni la carita de alivio-felicidad-sorpresa de Sara al vernos alli a todos, ni los besos que todos le dimos a los dos, ni los abrazos que nos regalamos todos, unos a otros, ni las caras de felicidad... No pudimos conocer a Maya, estaba "cansaita" y se  la llevaron a recuperarla. Uff! que decepción! pero... bueno, no importaba, teníamos todo el tiempo del mundo para estar con ella, así que dejamos a los papás que estuvieran tranquilos y salimos a la calle, sabiendo que en pocas horas la tendríamos en nuestros brazos.

Hoy Maya va a cunmplir dentro de tres días dos mesesitos (nació el 3 de Febrero) y es la niña más bonita del mundo. Aparte de la pasión de abuela que muchos direis, y es verdad porque la tengo, estareis conmigo todos los que la conocen que es preciosa. Tiene la cabecita llenita de pelito negro y una piel morenita sonrosada que es una delicia,la naricita pequeñita, la boquita de labios muy bien perfilados y, ¿ los ojos?... los ojos grandes, oscuros y de lo más expresivo, habla con ellos cuando te mira y parece querer recoger con su mirada todo lo que a su alrededor ve y ya sonrie cuando se le habla o se la hacen cositas y cuando lo hace, un hoyito que dan ganas de comérselo, se le forma en su mejilla derecha igual que a su madre.

Y como no quiero dar la imagen de abuela pastelona o pesada (que seguro la habré dado), acabo este post, no sin antes dar las gracias a Dios por lo bien que me trata la vida, porque soy poseedora de lo más preciado que se puede tener,  una familia maravillosa que se quiere, en la que estamos juntos y unidos para afrontar sin miedo y con confianza lo que la vida nos vaya enviando y tres nietos (y si Dios quiere más que vendrán) que son la alegría de mi casa, la ilusión y la felicidad: MARCO, EMILIO y MAYA.




domingo, 4 de septiembre de 2011

"El Mundo se paró". Final

Todos los días iba a ver a mi niña. Me llevaban en una silla de ruedas porque aún me era imposible mantenerme en pie. Allí, sentada en esa silla viendo como mi hija vivía, era la mujer más felíz del mundo.

Nunca, en ningún momento pasó por mi cabeza la sombra del miedo, creí que lo malo ya había pasadp, que si tuvo fuerzas para sobrevivir aquella noche horrible, esa "cosita" tan pequeña, tan preciosa, sólo necesitaba tiempo para adaptarse a este mundo, tiempo para que sus órganos crecieran y se hicieran fuertes para luchar con los peligros que acechan, tiempo para saborear una vida que empieza y que merece la pena vivirla y ella lo iba a conseguir·.

Las lágrimas ya corrían con fruición por su cara y yo no podía apartar mis ojos de ella y lo único que en ese momento anhelaba era consolarla con un abrazo y decirle que debía sentirse orgullosa de la decisión tomada porque siguió los mandatos de su corazón, pero las palabras no salían de mi garganta porque un nudo muy fuerte lo impedía.

"Hasta que llegó el día más triste de mi vida, el día en que mi mundo tan maaravilloso se paró, porque el dolor paaralizó mi vida, el día en que me sentí perdida, impotente, en el que no quise seguir viviendo porque ni quería, ni podía separarme de ella, el día en que pedí a Dios con todas mis fuerzas que cambiara su vida por la mía, que la dejara vivir a ella.

Como todas las mañanas me levanté con el ansia de siempre por bajar a verla, estaba felíz ya que el médico me había comunicado que el alta estaba al caer, quizás en uno o dos días, no así la niña que aún le quedaba un poquito. Ya me veía en mi casa durmiendo al lado de mi marido, con mis dos niños a nuestro lado, imaginaba como sería la carita de mi hija cuando ya sus rasgos fueran acentuándose y cómo mi niño la querría y cuidaría. No podía haber nadie más felíz que yo, todo el calvario vivido había merecido la pena con creces y !por fin" formábamos una familia tal y como yo había soñado. La vida nos sonreía.

Ese día bajé como todos los anteriores, pero cuando llegué a la sala de incubadoras me encontré con la puerta cerrada al paso de familiares. Había surgido un problema que por lógica imaginamos debía tratarse de un empeoramiento en alguno de los niños allí ingresados. Los nervios de todos los allí reunidos era patente, no sabíamos que estaba pasando trás la puerta cerrada y sobre todo a ¿que chiquitín le tocaba sufrir por sobrevivir?. Era mi hija, sufrió un infarto cerebral, uno de los riesgos más frecuentes a los que se enfretan los niños prematuros, especialmente los que apenas sobrepasan los seis meses de gestación. Supe, presentí rapidamente que me había tocado la desgracia. Cuando el médico salió no le dio tiempo a dirigirse a mí, fui yo la que me abalancé angustiada sobre él, todavía con la pequeñesíma esperanza de que mi presentimiento sólo fuera eso, un mal presentimiento. Pero no fue así, mi hija tenía vida pero se le escapaba como el agua entre las manos sin que se pudiera hacer nada por ella, los órganos principales de su pequenísimo cuerpo fallaban sin remisión.

Esta noticia fue un mazazo terrible para mi sistema nervioso, pero saqué fuerzas, no sé de dónde, para pedirle, suplicarle, exigirle incluso al médico que me dejara cogerla aunque fuera ya una sola vez en mis brazos. La cogí temblando entre mis manos (!era tan pequeña, que en los brazos se escapaba!) mientras mi cara se llenaba de lágrimas impidiéndome ver con claridad ese mínimo cuerpecito, que a pesar de todo aún seguía luchando por vivir. Una enfermera enjugó mis lágrimas y me ayudó a que la colocara pegadita a mi pecho, todavía conectada a los cables que partían mediante ventosas de casi todas la zonas de su cuerpo y que la mantenían con vida.

Me olvidé de todo, del mundo, de mi marido, hasta de mi otro hijo. Todo giraba a su alrededor, era mi sol y yo su planeta sin el que era imposible vivir. Murió muy poquito después, acurrucada en mis senos sintiendo mi calor".

Terminó derrumbándose y yo terminé abrazándola sin que fuera capaz de expresar todo el sentimiento y consuelo que le quería trasmitir. Poco a poco se fue calmando agarrada a mis manos. Se limpió las lágrimas y me miró yo casi diría que como avergonzada por lo que yo pudiera pensar de la situación que ambas estábamos viviendo. REcuerdo que lo primero que le dije fue que para mí hasta ese día era una profesional estupenda, pero ahora a eso le sumaba una gran admiración como persona y que me había parecido muy hermoso que me hubiera hecho partícipe de esta "historia" tan cargada de sentimientos, con el fin de ayudarme ante la situación tan difícil por la que mi hija pasaba en esos momentos.

Me contestó ya más calmada de que a pesar de que casi habían pasado dos años, todavía no superaba la angustia y el stres por el que su cuerpo pasaba cuando rememoraba esos días, y que aunque aparentemente llevaba una vida plena en cuanto a trabajo, familia, etc. ella, nunca sería la misma y el recuerdo de su hija siempre estaba presente.

Sólo tuve que hacerle una pregunta, porque había algo que yo no comprendía ¿de verdad hubieras preferido morir tú, no pensaste que privabas de esta manera a tu hijo de tan corta edad de su madre, siendo como sabes, que eres su mayor referente y lo que te necesita? ¿ y la niña, como habría crecido sin el calor de una madre? ¿ y tu marido, tus padres...? Me contestó muy rapidamente, parecía estar esperando la pregunta, porque seguro que yo no habia sido la primera en hacérsela. " Te juro por lo que más quiero que lo dije y lo sigo diciendo. Yo he vivido ya 35 años de una vida a la que puedo catalogar de bastante buena. He sido felíz, crecí rodeada de cariño por unos padre y hermanos maravillosos. Pude estudiar la carrera que me gustaba y en consecuencia tengo un trabajo que me apasiona y no me va nada mal, sino todo lo contrario, muchas veces he cedido casos a otros compañeros, por falta material de tiempo. Me casé con el hombre del que me enamoré en la Universidad y hasta el momento, llevamos ya diez años juntos y dentro de los altibajos normales de toda pareja, nos queremos y respetamos mutuamente. él también triunfa en su trabajo. Tengo una casa bonita en un sitio privilegiado y lo más importante he sido madre de un niño que es maravilloso y el espejo dónde me miro todos los días. Sí, es duro perder todo esto, pero yo habría vivido una vida corta pero feliz y fructifera, pero mi niña no ha conocido nada , no ha tenido oportunidad de corres, reir, llorar, querer, sentir... y aún sin haber experimentado todo luchó durante un mes por conseguirlo, incluso minutos antes de morir se agarraba con fuerza a mi dedo con su manita. No, mi hija no quería morir y yo veía y veo más justo que hubiera sido ella la se quedara aquí. Con respecto a mi hijo, mi hija, mi marido, mis padres... claro, claro que hubiera sido un golpe tremendo, pero la vida se encarga de ir suavizando el dolor y estoy completamente segura de que mis hijos crecerían totalmente llenos de amor, protección, atenciones de todos y aunque sí echarían de vez en cuando la falta de una madre, serían felices, y se apoyarían el uno en el otro y mi hija viviría su vida.

Ahora fui yo la que no pude evitar que las lágrimas salieran de mis ojos y que aún pudiendo no estar de acuerdo con su planteamiento, esa mujer estaba dando con su testimonio una gran lección de vida, de generosidad, de amor.

La voz chillona de un niño trás la puerta cerrada del despacho, nos sobresaltó. Era su hijo que llegaba del cole. Se levantó rápida, se limpió los ojos mirándose en uno de los cristales de una vitrina y sonrió, no quería que el niño la viera en ese estado. Yo me levanté también, cogí el bolso y me quedé de pie mirándola. El mundo volvió a ponerse en marcha para las dos, nos dimos un abrazo, me susurró las gracias por comprenderla y ya con la firmeza de siempre, volvió a darme el consejo para mi hija que al principio de su relato expresó: "si ese pequeño embrión no está preparado, se irá, no haced una tragedia de ello. La naturaleza es sabia y desecha lo que no va a poder sobrevivir, no hay que chantajearla para evitarlo porque al final termina ocurriendo lo que no queríamo que ocurriera y nos negábamos a ver".

DEspués de ésto he seguido teniendo contacto con ella hasta hace pocos meses en que por fin se resolvio favorablemente mi litigio sobre el accidente. Nunca más volvimos a hablar del tema, pero sí es cierto que al menos yo y creo que ella también, le tengo un cariño especial y una grandísima admiración. Siempre la recordaré como lo que es: una gran mujer.

Nota: El médico alegó que no pudo asistirla porque fue invitado a un Congreso Médico en Alemania y no podía dejarlo pasar puesto que se trataba de las nuevas técnicas desarrolladas sobre el padecimiento que ella presentaba. Bajo mi punto de vista, totalmente inmoral, no se puede abandonar a una paciente de altísimo riesgo ni por todos los Congresos del mundo y menos sin avisar. Ella no quiso entrar en terrenos jurídicos, era demasiado doloroso y optó por intentar olvidar que había sido engañada.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El mundo se paró III

Estaba totalmente desubicada, desorientada, no recordab a nada. Mis ojos no reconocían el sitio dónde me encontraba y mi cerebro pese a mis esfuerzos era incapaz de darme alguna señal coherente. Me encontraba en un hospital, era obvio, el suero bajaba gota a gota buscando mi vena, el monótono sonido pi - pi - pi de un aparato en la cabecera de mi cama marcaba mis pulsaciones y tensión arterial y el olor, ese olor inconfundible de los hospitales, así me lo indicaban, luego, estaba hospitalizada.

De pronto, como una tormenta de verano que se presenta de improviso, estallaron en mi cerebro los últimos momentos vividos antes de caer en la inconsciencia y salté literalmente en la cama, levantando la manta que me cubría, angustiada, temerosa de revivir ese momento insoportable de dolor y de la sangre resbalando con fuerza por mis piernas. Grité aterrorizada cuando ví que mi barriga ya no abultaba y comprendí que mi niña, evidentemente, ya no estaba conmigo.

Una enfermera se acercó presurosa y me sujetó con fuerza para que no me tirara de la cama a la vez que intentaba tranquilizarme con palabras que me era imposible comprender. Llamaron a mi marido y me administraron un tranquilizante para que amortiguara la ansiedad que me devoraba.

Supe que aquella noche pudo haber sido la última de mi vida si no llega a ser porque milagrosamente mi marido contrariamente a lo previsto, suspendió su reunión de trabajo debido a la enfermedad repentina de uno de los asistentes y llegó a casa con una hora de antelación, eso me salvó la vida. Supe que cuando llegó me encontró desmayada en el sofá, llena de sangre, con los brazos rodeando mi vientre, temió lo peor porque mi respiración era casi imperceptible y supo intuir que un minuto podía ser decisivo y como pudo con la misma manta empapada de sangre me bajó al garaje y me subió al coche. Supe que aún no se explica como mantuvo la sangre fría para, a pesar de que el cuerpo le temblaba de la cabeza a los pies y el corazón amenazaba con salírsele del pecho, pudo poner el coche en marcha y llamar al móvil del urgencias del médico que me trataba para que le indicara que hacer y adónde dirigirse.

Fue imposible contactar con él, la tranquila y monótona voz de la operadora, repetía continuamente "el móvil al que Vd. llama, está apagado o fuera de cobertura". No se lo podía creer ¿no se suponía que era un móvil médico de urgencias? ¿no se suponía, según nos dijo, que él estaría a cualquier hora disponible, para una eventual emergencia? Eran las doce de la noche y el terror y la desesperación se apoderaron de él. Pero según me contó, el instinto de supervivencia, de protección a tus seres queridos puede ser más fuerte que el pánico, y la cabeza trabaja con una efectividad podríamos decir que del 100 por 100 y la luz se encendió, recordó que una amiga común trabajaba de enfermera en el Hospital del Valme y marcó su número, pidiendo a Dios que lo cogiera y !Dios! no sólo lo cogió sino que en esos momentos estaba de guardia. Llorando y entrecortadamente le contó lo que estaba pasando "no te pares ni un segundo, sáltate los semáforos y vente para acá, te estaremos esperando en la puerta de urgencias" Así me salvaron la vida, una camilla con dos médicos esperaban nuestra llegada. Una vez en manos de ellos con un soplo aún de vida, mi marido cayó al suelo derrumbado: nuestro hijo se encontraba sólo durmiendo en casa ajeno a todo y nuestra hija y yo nos debatíamos entre la vida y la muerte.

Supe que los médicos además de magníficos médicos, fueron ángeles de la guarda, porque salvaron la vida de las dos. Mi niña a la que mi marido, contrariamente a lo acordado, le puso el nombre de nuestra amiga, tenía ya una semana de vida y a pesar de lo pequeñita que era, sólo alcanzaba el medio kilo, luchaba en la incubadora por vivir y yo sali del pozo en el que me moría, creo y siento que porque mi hija me llamaba.

Supe que esa noche nuestra amiga se encargó de todo. A mi marido le suministraron un sedante y ella llamó a mi familia informándoles, haciendo hincapié en la preocupación por el niño que se encontraba solo en casa. Intentó durante toda la noche contactar con el prestigioso y carísimo médico sin resultado y estuvo permanentemente en contacto con los médicos que me atendían. No habrá suficientes minutos en mi vida para agradecer todo lo que esta amiga hizo por nosotros, nunca lo podré olvidar.

En ningún momento dudé de las palabras de mi marido, le conozco bien y sabía que no me estaba mintiendo piadosamente, el brillo de sus ojos, la felicidad en su cara y el calor de sus manos acariciándome, me lo confirmaban.

lunes, 11 de octubre de 2010

El mundo se paró (2ª parte)

Pasaron algunos años y por casualidad en una reunión de amigos, me enteré de que una conocida de uno de ellos, con un problema muy similar al mío, había dado a luz felizmente, por segunda vez, gracias a un ginecólogo especializado en este tipo de problemas, que investigando y estudiando, había encontrado un método que rebajaba el riesgo a un porcentaje muy inferior.

Fue suficiente, fue la mecha que incendió de golpe mi corazón. No me podía quitar de la cabeza el nombre del médico y la esperanza ardió con fuerza dentro de mí.

En contra de toda la familia, concerté una cita con ese doctor del que me habían hablado y que se había convertido para mí en una especie de ginecólogo-mago, capaz de solucionar un problema que nadie hasta el momento había solucionado. Me convenció, o mejor dicho quise que me convenciera rapidamente. no voy a entrar en detalles, pero con una pequeña intervención con anestesia local se corregía el problema y los embarazos llegaban a buen fin en un alto porcentaje. Las medidas preventivas iban a ser practicamente iguales a las del embarazo anterior, pero las posibilidades de culminar con éxito eran elevadísimas.

Nuevamente en contra de todos impuse mi deseo, era mi cuerpo, era yo la que iba a sufrir en mis carnes y en mi espiritu la carga física y emocional que ya conocía, pero no me importaba, estaba tan ciega, tan ilusionada, que no veía ni un punto en contra, nunca se me ocurrió pensar que podía no salir bien, que me estaba jugando la vida, que mi familia, mi hijo, me necesitaban. Ahora reconozco lo que en aquel momento, fui incapaz de comprender, fui egoista, sólo pensaba en satisfacer mi ansia de volver a ser madre, sin importarme las graves repercusiones que todo podía tener y el daño que con mi insolidaridad estaba haciendo a mis seres queridos".

A medida que su relato avanzaba, la emoción iba creciendo, la expresión de dolor en su cara tensa, el brillo en sus ojos, la voz por momentos acongojada, por momentos llena de rabia o reproche, las manos inquietas que parecían hablarme, me tenían embelesada, no perdía ni un detalle de sus gestos, ni una palabra porque todo en mí era pura atención, expectación porque intuía que iba a vivir un impacto emocional fuerte cuando conociera el desenlace final de esa historia que por momentos me conmovía.

"Me sometí a todo lo que hizo falta, sufrí las molestias derivadas de un tratamiento quirúrgico desagradable y doloroso, volvía a repartir mis "casos" entre los compañeros y me preparé emocionalmente para llevar adelante una inactividad, una postración, que en este caso era mucho peor que el anterior porque tenía un hijo de cuatro años que agravaba considerablemente la situación. Quedé rapidamente embarazada y comenzó mi calvario, era muy duro, se me hacía muy cuesta arriba prescindir de tantas y tantas cosas: el sol sobre mi piel, el color del cielo, el olor de la primavera, la lluvia, pasear por el parque de la mano de mi marido, ver jugar a mi hijo, bañarlo todas las noches, llevarlo al colegio, montar en mi moto, ponerme la toga..., pero en esos momentos de bajón, el solo pensamiento de que había engendrado una nueva vida, un ser al que ya quería, disipaba rapidamente la añoranza de una vida a la que podía denominar de feliz.

Supimos que era niña y nos volvimos locos, los meses pasaban, los controles médicos eran muy alentadores porque todo se desarrollaba con normalidad. Cumplí la sexta falta y ya me permitía el médico levantarmee un poquito para reclinarme en el sofá, ver la tele, cenar junto a mi marido y mi hijo, hablar, reir o escuchar a mi niño contarme sus andanzas en el cole...

Nada hacía presagiar lo que se avecinaba, porque yo cada vez me sentía mejor y mi niña crecía fuerte y sana en mi vientre, dónde no paraba de moverse.

Esa noche, mi marido telefoneó para decirme que llegaría más tarde ya que le había surgido un imprevisto en el trabajo y que la chica que nos cuidaba se quedara en casa hasta que él llegara. Cené con el niño y la chica se encargó de acostarlo y dejarlo todo en orden, dispuesta a quedarse hasta que él llegara, pero yo no lo creí oportuno, él podría tardar mucho y me sabía mal que se fuera tan tarde para su casa, a pesar de su insistencia la obligué a irse y me quedé sola en el salón, echada en el sofá con una manta por encima hasta que él llegara.

No recuerdo mucho de lo que pasó, solo sé que de pronto, una punzada aguda, intensa, casi insoportable de dolor, estalló en mi vientre a la vez que me sentí mojada por un líquido caliente. Cuando levanté la manta asustada, la sangre resbalaba con fuerza sobre mis piernas. Cuando volví a abrir los ojos había pasado una semana.

Continuará.

domingo, 10 de octubre de 2010

El mundo se paró

En la vida hay momentos que, bien por su impacto emocional, o por la enseñanza que te aporta o simplemente porque te cala especialmente, quedan grabados en tu alma con tanta fuerza, que nunca se pueden olvidar y por mucho tiempo que pase, al rememorarlos te sigue dando ese latigazo sentimental que llega a estremecer nuevamente todo tu ser.

Seguro que todo el mundo comprenderá lo que quiero decir, porque creo que dificilmente pueda existir persona que no haya experimentado ese escalofrío que te recorre física y espiritualmente, ante un relato, una historia, un libro o una vivencia escuchada en labios de alguien que te habla mirándote con sinceridad a los ojos y abriendo su corazón ante tí.

Han sido muchos los momentos en mi vida, que me han hecho sentir profundamente esa punzada de comprensión, solidaridad, gozo, sufrimiento, miedo... pero éste que más abajo relataré, me emocionó especialmente porque quien me lo contó tuvo la virtud de hacer que el mundo se parase a mi alrededor porque aquella persona supo transmitirme con tanta autenticidad sus sentimientos, que me hizo sentir como mío su dolor.

Hace ya casi tres años que mi marido y yo tuvimos un accidente de coche viniendo de Madrid. Nada grave, pero a mi particularmente me dejó las cervicales fastidiadas, el esternón dañado y un miedo a la carretera y a aproximarme al coche que va delante, que aún no puedo superar. Me hablaron de una abogada bastante buena, muy experta en este tipo de accidentes para que defendiera mis intereses frente a la compañía de seguros, que como es norma habitual racaneaba indecentemente el pago a que tenía derecho por las lesiones ocasionadas.

Era, mejor dicho, es una mujer guapa a la que calculo unos 35 o 36 años, desenvuelta, que derrocha una energía y vitalidad increibles, con un don de gente que al menos a mí me cautivó. La ví como una persona fuerte, con carácter, capaz de enfrentarse a Dios que bajara del cielo, para defender el asunto que llevara entre manos, que parecía no achicarse por nada y con una seguridad en sí misma tan fuerte que parecía capaz de comerse el mundo. Para mí que me tengo por una persona indecisa, poco segura, que evita por todos los medios enfrentarse a otra, me admiró su forma de ser y actuar e inmediatamente consideré que no podría haber elegido otro abogado que lo pudiera hacer mejor.

Como ya sabemos las cosas de palacio van despacio, y en las que interviene la justicia, no diría que despacio, más bien a cámara lenta, porque la burocracia es gigantesca y avanzar un paso significa meses de espera y pérdidas de tiempo para alimentarla porque engulle y engulle documentación sin que parezca que alguna vez quedará satisfecha y lleguemos al final. Quiero decir con esto, que mi abogada me llamaba a su despacho con frecuencia para aportar datos, firmar algún documento o simplemente comentarme cómo iba todo.

Me impresionó el despacho ubicado dentro de su propia vivenda, en una de las zonas más bonitas del centro de Sevilla. Llamó mi atención su luz, su amplitud, la pulcritud en los muebles, el suelo de un parquet claro precioso y un toque muy personal en detalles, cuadros, decoración... que lo hacía cálido y acogedor a la vez que práctico y cómodo para el trabajo de una persona que se podía intuir, pasaba allí muchas horas del día. Nuestras entrevistas generalmente eran breves, no porque ella me metiera presión, al contrario, más bien era por mí misma, me preocupaba entretenerla más de lo debido consciente de lo valioso de su tiempo y de la cantidad de trabajo que llevaba entre manos, conclusión a la que llegué no sólo viendo el montón de carpetas sobre su mesa de trabajo sino por pura obviedad, el teléfono sonaba casi continuamente interrumpiendo a cada momento nuestra conversación y haciéndola levantar, mientras hablaba dando explicaciones sobre lo que yo consideraba juicios en curso, para buscar información y recabar datos en archivos, anotaciones y dossieres.

Aquel día empezó como otro más de los varios que ya había pasado por el despacho, ese día era yo la que quería terminar pronto, esta vez no por ella, sino por mi hija que pasaba por momentos muy delicados. Estaba embarazada y corría un riesgo muy elevado de aborto, por lo que guardaba por recomendación médica, un reposo absoluto a fin de intentar sujetar ese pequeño embrión que mostraba signos de malograrse. Supongo que notó mi estado de ánimo, porque directamente me preguntó si me ocurría algo, a lo que contesté, sincerándome, lo que estaba pasando con mi hija. Recuerdo que en ese momento se encontraba de pie ante su mesa, con mi informe médico en una mano y el teléfono en la otra y despacio se sentó en su sillón indicándome que yo también lo hiciese. Empezó a hablar, sus palabras salían a borbotones de su boca, pausadamente pero sin descanso. Durante un tiempo, que soy incapaz de calcular porque lo mismo pudo haber sido un segundo que toda una vida, el mundo se paró a nuestro alrededor. Ni el teléfono sonando, ni el zumbido del porterillo de la calle, ni el fax que no paraba de escupir un documento tras otro, fue capaz de interrumpir este monólogo que con tanto sentimiento me contó, porque en esos momentos a las 12 de la mañana, todo se apagó, solo existiamos ella, yo y las vivencias de un tiempo no muy lejano que hacían aflorar un dolor tan hondo que sé con seguridad siempre tendrá presente.

Y dijo así:

" Dile a tu hija que se cuide y que luche por ese ser que lleva dentro, pero que no fuerce la situación, que no se presione, que si por desgracia lo pierde, sería porque así tenía que ser, que aún sonando a tópico, la naturaleza es sabia y rechaza lo que es imposible pueda sobrevivir. Tiempo tendrá para tener otros si no hay otros problemas, pero si éstos existieran, que no se obsesione, que hay otras opciones, pero que nunca quiera chantajear a la naturaleza, que no quiera encontrar agua en el desierto, aunque le parezca haber visto un oasis, porque puede ser un espejismo y entonces la decepción y la angustia es mucho más fuerte y seguro que le pasará factura machacándola, te lo digo por propia experiencia.

Mira, - me dijo, cogiendo en sus manos una foto enmarcada dónde aparecía la carita de un niño que podría tener 6 o 7 años, llena de pequitas, con unos ojitos pícaros y vivarachos, cómplices de su sonrisa y la nota de color la daba una cabeza cubierta de pelo pelirrojo en cuya frente un remolino levantaba con ahínco su gracioso flequillo - éste es mi hijo, el único que tengo, la razón de mi vida y mi orgullo porque es maravilloso, sé que dirás"pasión de madre", pero tú también lo eres y lo comprenderás sin que pueda parecerte pedante, es guapo como ves, pero además es inteligente, bueno, cariñoso y está sano, es un regalo que Dios me ha enviado y daría la avida por él, pero aún así, no soy completamente feliz y te explico.

Cuando quedé embarazada ya desde el principio tuve problemas con alto riesgo de aborto. Se descubrió el motivo, mi útero estaba dividido en tres cavidades imposibles de comunicarse entre sí, el embrión había anidado en uno de ellos, por suerte el más grande, pero aún así el riesgo aumentaba conforme iba creciendo porque no se sabía hasta cuando habría espacio para cobijarlo y el aborto o parto se podía producir en cualquier momento. Me agarré a un mínimo porcentaje de supervivencia que me dieron e hice a rajatablas todo lo que el médico me indicaba. Me llevé siete meses tumbada boca arriba en la cama, de dónde salía una vez a la semana para ducharme, el aseo diario, mis necesidades, la comida, todo lo hacía en esa misma posición. Mi madre se instaló en mi casa para cuidarme y me embadurnaba de crema el cuerpo después de lavarme para que no se me llagara, cerré mi despacho repartiendo los casos pendientes a compañeros de confianza y aunque a veces la desesperación me invadía porque el tiempo parecía no correr, cuando cada mañana abría los ojos a un nuevo día, daba gracias a Dios porque mi niño/a tenía un día más de vida y seguía dentro de mí, calentito y a gusto en mi vientre.

Nos gastamos un dineral en médico y tratamiento porque todo (revisiones, ecografia...) me lo hacían en casa (gracias a Dios pudimos permitirnos economicamente sostener la situación) y cada falta que cumplía era una fiesta, una celebración. Cuando llegué al séptimo mes de embarazo casi respiré tranquila, sabía que si el parto se presentaba, mi niño casi seguro que sobreviviría.

Nació sietemesino, sin complicaciones para él, aunque sí para mí que se llegó a temer por mi vida. el médico fue claro y rotundo, dificilmente podría tener otro, pero en el hipotético caso de que así fuera, mi vida corría un grave peligro. El golpe de esa noticia quedó en segundo plano cuando pude ver a mi hijo en la incubadora y como pataleaba y berreaba reclamando su alimento.

La vida continuó para mí, retomé mi trabajo, me volqué y disfruté a tope de la crianza de mi hijo y tanto mi marido como yo, nos sentiamos los padres más afortunados del mundo. Intenté olvidar que era casi imposible tener otro hijo a pesar de que una parte de mí se resistía a aceptar que me estaba vetada una nueva maternidad.

Continuará

sábado, 19 de junio de 2010

La Transición (Epílogo)

El día 15 de Junio, fui a votar a mi colegio electoral con mi hija en brazos, porque para mí, mi niña era como el símbolo,la figura, el cuerpecito y la cara de esa democracia que se había gestado y había nacido al mismo tiempo que ella. Las dos llegaban, superando un gran número de problemas, sufrimiento y riesgo, pero demostrando que venían con mucha fuerza, con muchas ganas de vivir y de luchar.

El día amaneció esplendido, con el cielo azul, inmenso, irrepetible en ningún otro lugar del mundo por su belleza y su luz tan especial, acompañado del calor sofocante de un verano que llegaba empujando con fuerza. Salimos del hospital el día anterior porque mi convalecencia después del parto se complicó y tuve que pasar allí más días de lo esperado, pero al fin ese día tan deseado amanecimos las dos en casa.

Mi niña era preciosa y estaba sana y fuerte. El nombre elegido casi a última hora, encajaba perfectamente con los momentos que vivíamos: era nuevo, diferente, rompía con las normas tradicionales, tenía un poquito de reminiscencia "roja" porque era de origen ruso y encima sonaba muy bien. Mi marido a la hora de inscribirla en el Registro, ante la negativa a admitirlo, por considerarlo pagano (todavía viviamos sumergidos en las costumbres, normas y leyes franquistas) solicitó un permiso especial al Juez de Guardia para que lo aceptara, y !oh! sorpresa, éste lo autorizó en un documento que grapó a la solicitud, dando su permiso, eso sí, no sin antes hacerle prometer que la niña sería bautizada. Bueno, ya se empezaba a notar el cambio, aunque fuese tan sólo en esos pequeños detalles. Mi hija se llamaba Tania, a secas, sin el María que antes obligaban a poner.

La vestí de corto, contrariamente a la tradición del batón largo con lazo y puntillitas de encajes, le puse una ranita y un vestidito azul estampado de tirantas, que dejaban sus bracitos al aire. Mi niña tenía que ser diferente, porque la vida empezaba a ser diferente. Me la llevé a la calle para que respirara ese aire nuevo que flotaba en el ambiente y junto con mi madre, su abuela, después de votar, fuimos a que la conocieran sus bisabuelos, el "abuelo del bastón y el sombrero" como ella más tarde lo conocería por fotos, mi abuelo, aquél que luchó en la guerra, que estuvo condenado a muerte y después exilado, el que padeció con furia la represión franquista, y a su mujer, Dolores, que lo acompañó silenciosa y sacrificadamente en su vida. Ahora, ese día, vivían doble ilusión: volver a vivir en democracia cuando ya no lo esperaban y conocer a la que hacía el número seis de sus biznietos.

Y después con un calor agobiante y los pechos reventándome de leche, fuimos a buscar a su papá, que voluntariamente estaba de interventor por el PCE, en un colegio electoral. Allí en una esquina, sentada en una silla desde dónde divisaba todo: las mesas, las urnas, la gente votando, las cabinas con las papeletas electorales, las largas colas, el ambiente festivo... y a mi marido "vigilando" que todo se desarrollara con normalidad, amamanté a mi hija, que se agarraba a mi pecho con avidez, como si quisiera no sólo alimentarse, sino también llenarse de esos momentos únicos que las dos estábamos viviendo.

Despúes de tantas vivencias, emociones, ilusiones... cuando hoy, en la actualidad me topo con tanta corrupción, tantos intereses creados, tanta falta de valores, me pregunto ¿dónde están aquellos ideales?, ¿qué ha sido del sacrificio, la entrega, la lucha, de tanta gente?, ¿mereció la pena? Sí, por supuesto que mereció la pena, porque a pesar de todo vivimos en una sociedad libre, dónde nadie nos impone cómo tenemos que vivir, qúe tenemos que pensar, en quién tenemos que creer o con quién nos tenemos que relacionar y porque dentro de los fallos que los hay y los habrá, vivimos en un sistema democrático y en libertad.

A los que tuvimos el privilegio de vivir aquellos momentos trascendentales, tan llenos de tensión, lucha, riesgo, ilusión... nunca se nos podrá olvidar, siempre los llevaremos en nuestro corazón.

viernes, 18 de junio de 2010

La Transición V (... y un parto feliz)

Pasados los primeros meses en los que todo fue un camino de rosas y coincidiendo con la entrada del nuevo año, mi embarazo dio un giro importante. Muy al contrario con lo que generalmente suele ocurrir, me sentí peor, aunque no había problemas y el feto se iba desarrollando con total normalidad, empezaron a aparecer molestias , engordé más de la cuenta, comía con verdadera ansia, cogí una anemia severa que me producía un cansancio permanente y un sueño contínuo, me dormía en cualquier sitio, la ciática empezó a darme la lata y las piernas comenzaron a hincharse de forma alarmante a pesar de que estaba solamente de cinco meses.

Al mismo tiempo, el ambiente político se enrarecía azotado con virulencia por la estrema derecha de un lado y el terrorismo de otro. A ninguno de los dos extremos le interesaba el giro que tomaba el Gobierno de Suárez, allanando y preparando el camino a la democracia. Los intentos por desetabilizar el proceso se acentuaron y entramos en una espiral de atentados, terrorismo y secuestros casi continuados que nos hicieron temer lo peor, porque la sombra del golpe militar nos acechaba. Puede decirse que los meses comprendidos entre Enero y Junio de 1.977 fueron los más difíciles y conflictivos de la Transición, pero felizmente y gracias a la lucha de la gran mayoría de la sociedad, partidos y especialmente el gobierno y la monarquía, pudimos superar, sorteando con verdadera maestría, cada uno de los obstáculos que continuamente se cruzaban en el camino emprendido.

El mes de Enero fue especialmente trágico y sangriento: el 24 sobreviene la matanza de Atocha, en la que elementos de Fuerza Nueva, grupo fascista, seguidores de Franco, acaban con la vida de cinco abogados laboralistas del Partido Comunista, en su propio despacho. El GRAPO, grupo maoísta, secuestran al Teniente General Villaescusa y al Presidente del Consejo de Estado, Antonio Oriol y ETA asesina a tres policias.

Las revueltas en las calles, las protestas por los acontecimientos, los enfrentamientos entre fascistas y demócratas no cesan. Las provocaciones de la extrema derecha en la calles, son consentidas por una policia dirigida todavía por mandos fascistas y los militares conspiran para un golpe que pudo ser abortado a tiempo, gracias a la intervención del Vicepresidente del Gobierno, General Gutierrez Mellado. Santiago Carrillo deja el exilio y entra clandestinamente en España, dejándose ver en la capilla ardiente de los abogados asesinados y se queda aquí, dónde empieza sus contactos con jefes de otros partidos, sindicatos e incluso se reune en secreto con Suárez. En medio del caos, se promulga el decreto de aministía para los presos políticos y el 9 de Abril, coincidiendo con la Semana Santa y aprovechando este momento vacacional, el Gobierno legaliza el Partido Comunista de España en el llamado desde entonces Sábado Santo Rojo. El 28 se legalizan los sindicatos y finalmente el 13 de Mayo, llega de la URSS, Dolores Ibarruri, La Pasionaria.







Esta legalización junto con la desaparición del símbolo falangista del "yugo y las flechas" en la Secretaría General del Movimiento, fue otro gran varapalo para los franquistas, que nuevamente, tambaleó fuertemente el proceso de la Transición.


A pesar de todo, la gestación hacia la democracia siguió su curso. Cuando todos creíamos que se malograba estrangulada por esa cadena de acontecimientos que se repetían uno tras otro, contra viento y marea y pasito a paso se superaban problemas y nos acercábamos al final. Las primeras elecciones libre, las que nos traería una democracia acorde con los nuevos tiempos y con la vieja Europa se celebrarían el 15 de Junio de ese histórico y ya mítico año 1.977.

Viviendo con intensidad esos duros y difíciles momentos, avanzaba en mi embarazo y avanzaba en mi formación política. Cumplí lo siete meses con una barriga enorme y las piernas hinchadas como botas, cojeaba ostensiblemente por el peso que mi cuerpo sostenía de cerca de 20 kgs. más sobre el que tenía y por una ciática que me machacaba, los ardores me obligaban a comer continuamente regaliz para aliviarlos y mi niño/a (en aquella época, todavía no se podía saber el sexo) se movía sin parar ocasionándome fuertes molestias al presionarme las costillas. Empezamos a comprar ropita, chupetes, biberones...y a elegir nombres: Iván, fijo si fuera niño; Patricia, Almudena, Amanda, Claudia... si fuera niña.

Con todo a cuesta, embarazo, más doble peso, más piernas hinchadas... empecé a incrementar las salidas a reuniones informativas, mítines, manifestaciones y conciertos. No me importaba, olvidaba el malestar o mejor dicho, lo aparcaba. Creo que llegué a hacer un pacto con mi niño/a o creo que a mi niño/a, también le iba la marcha o mejor, le llegaban las buenas vibraciones que su mamá vivía en esos momentos, y esos golpes y movimientos bruscos que me "regalaba" casi a todas horas, se suavizaban con las charlas sosegadas, ilusionantes al lado de los amigos o al son de la música y las canciones reivindicativas de una gran lista de cantautores que supieron transmitirnos con sus letras, sentimientos, esperanza, ilusión en la lucha por una vida mejor. Gocé y viví intensamente aquellos momentos irrepetibles, me los bebí con avidez exprimiéndolos hasta la última gota. Me sentía protagonista de lo que acontecía: emocionándome con un mechero encendido en la mano, escuchando en el "Lope de Vega" a Carlos Cano cantando "La morralla" o "El Salustiano" o "Verde y blanca". Con el puño en alto y la barriga hasta la boca coreando "El pueblo unido, jamás será vencido" al son de Kilapayún en la Plaza de España o aguantando las tres horas de pie, sujetada a la cintura de mi marido y las piernas a punto de estallar, escuchando en un patio de Instituto, al uruguayo Quintín Cabrera, cuando cantaba sobre su pais, machacado por la dictadura, aquello de " Que vida tan diferente, la mía y la suya, Sr.Presidente".

Las calles se empapelaron de carteles con imágenes por doquier, de Felipe, de Suáres, de Carrillo.., el puño y la rosa, la hoz y el martillo, el yugo y las flechas... los mítines, las fiestas de los partidos, la banda sonora de "Libertad sin ira, libertad", los descamisados, las barbas de los progres, los fachas repeinados, la lluvia de las octavillas lanzadas al aire, los consejos en la tele, la alegría, la solidaridad, el respeto... Todos participamos en esa explosión arrolladora de vida, de expectación, de lucha y nadie nos podía ya arrrebatar esa democracia que estaba a punto de nacer.

Y en ese ambiente festivo de calles empapeladas y mítines políticos, un domingo casi despuntando el día un dolor sordo me despertó. Los dolores de parto acababan de empezar. Iván o Patricia, Almudena, Amanda... !no! por fin decidimos su nombre, si era niña, se llamaría Tania, llamaba a la puerta.

Después de muchas horas de sufrimiento, de un parto difícil, el lunes 6 de Junio, llegó al mundo mi hija, Tania, nueve días antes de la fecha en que se celebrarían las primeras elecciones deemocráticas en nuestro país. Nacía con la democracia y empezaba a vivir de la mano de ella y a la par que ella. Se cumplía mi sueño, mi hija tendría la dicha de crecer en un país libre.

viernes, 11 de junio de 2010

La Transición IV (Una gestación dificil)

La boda fue sencilla, cálida y emotiva. Arreglamos un local junto a la iglesia de San Bernardo. Preparamos las mesas, compramos aperitivos, lo típico de toda la vida: las gambas, el queso, el jamón... llenamos las neveras de botellines y el colofón de la tarta como postre final. Estuvieron toda la gente que queríamos: nuestras familias respectivas, nuestros amigos y nuestros compañeros de trabajo y disfrutamos de una noche inolvidable en la que nos sentimos queridos y arropados por todos.
Volví de mi viaje de bodas, negra como un conguito, consecuencia de los larguísimos días de verano expuesta al aire, al sol y al agua de un mar Mediterraneo que me impresionó por su color, transparencia y belleza. Me corté el pelo casi al milímetro y recuperé 4 0 5 kgs. que me vinieron muy bien. Me veía guapa y me sentía otra persona, era feliz, estaba radiante por la experiencia vivida y me gustaba mi nueva vida. Ansiaba empezar mi rutina después de un mes de vacaciones, volver al trabajo, dirigir mi nueva casa, salir con mis amigos, estar con mis padres y contarles con todo lujo de detalles lo que había conocido, los parajes maravillosos de Mallorca y lo que había aprendido. Me encotraba fuerte e ilusionada para empezar mi nueva vida junto a mi marido y a poder ser cuanto antes con un hijo.
Paralelamente a mi vida, la política se aceleraba, recuperaba fuerzas. Suárez en consonancia con el Rey, también emprendía con fuerza e ilusión un proyecto complicado, para ir reparando una España malherida, ahogada por las presiones y problemas de toda índole que la abordaban sin piedad: falta de recursos, aislamiento europeo, paro, conflictividad laboral, terrorismo, inflación, crisis económica y presiones políticas de ambos bandos: los nostálgicos seguidores de un regimen caduco y los aperturistas, soñadores de una nueva realidad más acorde con los tiempos que vivíamos.
Y así llegamos a Septiembre después del lapsus vacacional de Agosto. Tiempo para empezar a poner en práctica lo que en nuestras mentes ya habíamos programado, diseñado con tanta energía, tiempo para construir unos cimientos fuertes que pudieran sostener sin riesgos de derrumbes una vida nueva, mejor para los españolitos que irían llegando a un país libre, abierto a la modernidad y la innovación, lleno de luz, de color, desterrado !por fin! el blanco y negro de décadas pasadas. Y en mi caso, un hogar, un pequeño símil de esta España en construcción, para los hijos que quisiéramos tener.
Aquí se cierra el prólogo que dió paso y preparó el camino para lo que
llegaba irremediablemente: comenzaba la gestación de una vida nueva.
El verano llegaba a su fin, eran esos días en los que empiezas a mirar que ropa tienes para el invierno, a sacar mantas, a preparar la casa para el frío que va llegando, días en los que te recoges más temprano por las noches y en las calles ya más solitarias, empieza a notarse que el otoño está llegando. Fue en esos días cuando sospeché que podía estar embarazada, había motivos sobrados para ello y el corazón se me aceleró. Compré el Predictor, que acababa de salir al mercado sin comentar nada a nadie y lo dejé preparado antes de salir por la mañana hacia mi trabajo. Cuando volviera a las dos de la tarde, allí encontraría la respuesta a mi consulta.
Subí las escaleras corriendo, el corazón se me iba a salir por la boca, entre derecha al dormitorio. Todo estaba como lo dejé, la cama sin hacer, el pijama sobre la almohada, las zapatillas cada una por un lado y en la mesilla, junto al libro que estaba leyendo, el soporte sujetando el tubo con el preparado. Me temblaba la mano cuando lo cogí, el corazón seguía palpitándome con fuerza, me senté en la cama tratando de sosegarme, de tranquilizar mi corazón y allí estaba el circulito rosa anunciándome que estaba en camino mi primer hijo. Me eché hacia atrás en la cama, acaricié mi barriga con ternura y allí me quedé saboreando sóla ese momento maravilloso de saber que dentro de mí ya latía una nueva vida y deseosa de que mi marido llegara para darle la noticia. Mi embarazo acababa de comenzar cuando el mes de Septiembre llegaba a su fin.
Coincidiendo con esta fecha, Suárez presenta el Rey el "Proyecto para la Reforma Política" y se convoca la fecha del 15 de Diciembre de ese mismo año, para la celebración de un Referéndum Nacional. Empezaba de esta manera el proceso de cambio que nos llevaba hacia la democracia.
En Diciembre, de cuatro faltas y ya vestida de pre-mamá, recorrí 6 o 7 colegios electorales hasta llegar al mío. Los censos estaban mal hechos, había gente, como en mi caso, que no aparecía por ningún sitio y otros que figuraban en varios a la vez, faltaban listados, información... pero, al igual que yo, la gente buscó, pateó colegios, revisó listas y no se dió por vencida hasta encontrar su sitio y !votar! Había una ilusión enorme, era la primera vez que votaríamos y nadie quería quedarse atrás, todos queríamos sentirnos protagonistas del momento trascendetal que vivíamos.
La consulta en Referendum obtuvo un 94% de votos favorables. La gestación para la democracia se desarrollaba sorpresivamente con total normalidad de momento.
En esos meses últimos del año 76 y ya embarazada empecé, empezamos mejor dicho, mi marido y yo nuestro aprendizaje político. Había un compañero de trabajo de Antonio que pertenecía al Partido Comunista en la clandestinidad y bajo el dictado de éste, comenzó en el centro de trabajo, digamos que la alfabetización política de sus compañeros, empezó a adoctrinarlos en dicha materia, a explicarles por lo que se estaba luchando, qué era la democracia y que podíamos conseguir con ella, cómo nos habían reprimido a todos los niveles, cómo nos habían aborregado y engañado, cómo actuaban los sindicatos, los partidos políticos existentes... todo, porque no sabíamos nada y poco a poco se nos fueron abriendo los ojos y fuimos comprendiendo. Mi marido me contaba todas las noches ya acostados lo que ese día le había explicado y el interés y la curiosidad entró en mi cuerpo. Me iba con él a las reuniones, conocí a sus compañeros y empecé a instruirme por mi cuenta, todos los ratos libres devoraba libros, revistas, folletos, discursos, biografías prohibidas que nos facilitaba este compañero y ví la luz y comprendí lo que había pasado y lo que queríamos que pasara.
Soñé con un mundo mejor para ese ser que llevaba dentro de mis entrañas y me volví loca de alegría e ilusión. Vivía doble embarazo, el mío y el que se gestaba para traernos la libertad que ahora añoraba aún sin haberla conocido antes.
(Continuará)

sábado, 5 de junio de 2010

La Transición III (Un matrimonio deseado)
























Pasados los primeros momentos de duda, preocupación e incluso miedo, y a la vista de que todo aparentemente seguía igual, pensé (pobre de mí) que gracias a Dios, todo había quedado en un susto, en la pérdida de un líder que nos había sabido guiar magistralmente y que como era de esperar había demostrado que incluso después de muerto seguía gobernando. Todo estaba controlado y el famoso "atado y bien atado" daba sus frutos y la vida seguía fluyendo con total normalidad.

El Rey confirmó en la Presidencia de Gobierno a Carlos Arias Navarro y éste rodeado de la misma Corte franquista, seguidores acérrimos de Franco siguió actuando y gobernando al dictado de los ideales y postulados que durante 40 años nos habían impuesto. Sólo había una diferencia primordial y es que el dictador ya no estaba y no todo el mundo estaba dispuesto a seguir sometido. La vida era difícil, el paro alarmante, una inflación disparada, las diferencias de clases cada vez más acentuadas... pero estábamos acostumbrados, eramos conscientes de todo pero lo veíamos no sólo con normalidad, sino incluso como algo natural, la vida era así, siempre habría ricos y pobres y la separación entre ellos era un hecho, era cuestión de suerte nacer en un lado o en otro y según donde se cayera, habría o no privilegios, ventajas, comodidades.
Más tarde supimos que durante esos primeros meses posteriores a la muerte de Franco, que el pueblo llano vivió como si el dictador siguiera vivo, pasaron y se cocieron hechos trascendentales, los hilos se movían incesantemente manejados magistralmente por el Rey y se fueron poniendo y construyendo los cimientos para levantar la ansiada democracia.
Los historiadores, los estudiosos de la transición no terminan de ponerse de acuerdo en la fecha en que puede darse por concluido el proceso, unos lo terminan con las primeras elecciones, otros lo hacen coincidir con el fallido golpe de militar de Tejero, o con la aprobación de la Constitución o con la llegada del PSOE al gobierno en el 82... yo lo tengo claro, para lo que fueron mis vivencias, mi percepción de aquellos momentos, lo tradusco a un embarazo, nueve meses comprendidos entre mediados de Septiembre del año 76 hasta mediados de Junio del 77. Una gestación difícil, dura, con síntomas abortivos y complicaciones, pero llena de ilusión, expectación, esperanza y fe que terminó alumbrando felizmente a una recien nacida democracia, que todos acogimos con la mayor de las alegrías y a la que como cualquier recien nacido, rodeamos de atenciones, mimos, cariño y como no una gran dosis de inexperiencia.
Seguí mi vida como siempre. Mi trabajo, mis amigos, mi familia, mi novio, los preparativos de mi boda, el montaje de nuestro piso y un viaje de novios que programábamos para hacerlo en pleno verano, queríamos sol, playa y salir por primera vez de Sevilla en un viaje que se nos antojaba exótico (seguro que a la juventud de hoy os dará la risa) ya que montaríamos por primera vez en avión y conoceríamos Mallorca dónde disfrutaríamos por primera vez de total libertad para querernos, dormir juntos, conocer sitios nuevos, paisajes, gente, costumbres... que nunca imaginamos conocer.
Nos casamos el 17 de Julio de 1.976 un día antes de la celebración de la fiesta más importante del año desde el final de la guerra civil y el comienzo de la dictadura franquista, el famoso 18 de Julio, el día que se conmemoraba por todo lo alto el "Alzamiento Nacional", el día en que según los franquistas, las fuerzas nacionales se alzaron para salvar a España del caos en el que nos había metido la República y que nos arrastraba sin remisión por el camino del conflicto, el paganismo y la pérdida de valores morales. Ese año 1.976 aún muerto Franco, se celebró con la misma pompa de siempre, se volvió a recordar la vida del dictador, la muerte, los logros conseguidos bajo su mandato, se cobró como siempre la paga "extra" del 18 de Julio que el Estado "regalaba" a los trabajadores como premio a nuestra lealtad al regimen. Sería el último 18 de Julio. El año siguiente ni se mencionó, ya vivíamos en democracia y el trabajador no cobró el "premio" de la paga del 18, cobró la paga extra de verano única y exclusivamente por su trabajo, nadie nos regalaba nada.
Estaba tan absorvida por mi vida en esos momentos, por los preparativos finales de una boda que estaba a la vuelta de la esquina, que ni siquiera dí importancia a un hecho trascendental que marcaría el futuro del país.
Las contínuas discrepancias entre el Rey y el Presidente Arias Navarro, originadas por la insistencia del último de preservar el legado de Franco y negarse a cualquier gesto de apertura, sumado a los graves acontecimientos que continuamente se sucedían en las calles a cuenta de las duras represiones de las fuerzas de orden público, propiciaron su cese. Era el 1 de Julio cuando D. Juan Carlos forzó la dimisión de Arias y el día 3 del mismo mes, nombraba como sucesor del mísmo a D. Adolfo Suárez, con lo que se produce un "matrimonio" entre ambos de cuya unión y con el apoyo de Partidos clandestinos, sindicatos, fuerzas sociales, nacería meses más tarde la tan deseada democracia. Suárez fue muy mal recibido por todos los sectores aperturistas que veían en él una continuación algo suavizada del regimen, pero a fin de cuentas lo mismo otra vez. No pasó mucho tiempo para que Suárez demostrara que estaban equivocados, demostró con su trabajo, con su gran capacidad negociadora, con su mano izquierda para aplacar las voces airadas de los franquistas, que era capaz de comenzar un proyecto, una gestación que se presumía muy difícil y complicada pero que llevó a buen término.
Sólo 14 días despúes, yo también comenzaba una nueva andadura en mi vida, coincidiendo paralelamente con los acontecimientos irrepetibles que empezábamos a vivir. Yo tambien contraía un matrimonio.

domingo, 9 de mayo de 2010

La Transición I (La muerte de Franco)


Me despertó el ruido metálico que las tablillas de madera de la persiana, hacían al chocar contra la reja de la ventana de mi dormitorio. Desperté algo sobresaltada, la habitación estaba en penumbra, gracias al suave reflejo de la luz que se colaba por la ventana, procedente de una farola apostada en la calle justo al lado de mi casa. Me mantuve un momento expectante, inmóvil y volvió a repetirse el tecleo de la persiana, pero esta vez pude ver la silueta de una sombra que insistía en la llamada. Al momento pude un escuchar un murmullo soterrado, casi mudo, pero que en el silencio de la noche oí con claridad: "Sá muerto Franco".
Lo recordaré toda la vida, porque fue uno de esos momentos que quedan tan grabados en tu cabeza, que siempre por muchos años que pasen, recuerdas con todo detalle lo que hacías ese día, esa hora o incluso minuto tan transcendentales o impactantes.
Era la madrugada del 20 de Noviembre de 1.975 el día que trás una agonía de más de un mes, moría el "Generalísimo Franco", "El Caudillo", el dictador que gobernó con mano de hierro durante 40 años los destinos de España.
Para comprender un poco lo que supuso un acontecimiento de tal magnitud en una sociedad reprimida, narcotizada, desinformada y totalmente analfabeta en temas políticos, tendría que explicar al menos de pasada, que salvo sectores específicos (a los que más abajo mencionaré), la gran mayoría de la población vivíamos apoyando a un regimen, a un dictador al que creíamos nuestro salvador, el que nos "libró" del caos y la anarquía, el que ganó una guerra cruenta y nos condujo por el camino del orden, la paz y el progreso.
No era extraño que fuera así, en los colegios desde pequeños convivíamos con la foto de Franco y cantábamos el himno de Falange "Cara al Sol" en el patio, antes de entrar en clase. En los libros de texto, aparecía como el "Caudillo" que nos había salvado de las "hordas rojas", éstas representadas en viñetas dibujadas como demonios con cuernos y rabos incluidos, no se mencionaba nada de golpe militar o sublevación sino de salvación al triunfar venciendo a los enemigos de España que nos querían esclavizar. No se estudiaba los sistemas políticos que imperaban en Europa o el resto del mundo y se aprovechaba cualquier acontecimiento o noticia extranjera para criticar la forma de vida de una sociedad considerada libertina, que no liberal, materialista y falta de valores morales y espirituales.
En los hogares, los mayores que habían vivido la tragedia de la guerra en sus carnes, no osaban abrir la boca, asustados y escarmentados por las experiencias vividas, sólo querían que sus hijos vivieran y crecieran en paz, considerando que la mejor manera era mantenerlos alejados y desinformados de lo que pasó en realidad.
Los periódicos, la televisión, el cine, padecían una censura feroz y por supuesto un gran número de escritores, poetas, filósofos... importantísimos tanto españoles como extranjeros, no tenían hueco en nuestras librerías.
Hasta la muerte de Franco, la gran mayoría ni siquiera conocía la palabra democracía y ni que decir de lo que significaba. De esta manera, creo, se puede comprender la incultura política y la represión que padecíamos y lo peor de todo era, que ni siquiera éramos conscientes de ello y del déficit tan enorme que en ese sentido padecíamos.
La noticia no por esperada, dejó de ser traumática, temida e indeseada para la gran mayoría, entre los que me encontraba. Sé que puede sorprender en estos tiempos que se temiera la muerte de un dictador que podría suponer la liberación y el fin de un regimen totalitario, pero para nosotros como arriba explico no era así. Nosotros nos sentimos perdidos, desamparados, había llegado el tan temido momento que durante toda nuestra vida habían alentado y con la que nos habían machacado continuamente "el día que muera Franco, se liará otra vez y volverá la guerra".
Nos lo creíamos " a pie juntilla" porque eramos ajenos a que no todo el mundo vivía en la ignorancia. Como arriba comentaba, había sectores de la sociedad que se movían, que llevaban preparándose años para este momento y que al contrario que nosotros, celebraron esta muerte con toda pompa y alegría. Había organizaciones clandestinas, que operaban desde el primer momento de la dictadura y en contacto siempre con los líderes políticos de los principales partidos en el exilio (PSOE, PCE) y cuyas ramificaciones se extendían y operaban entres dos sectores sociales cruciales: el mundo obrero y agrario y el mundo universitario.
El primero, en las fábricas, en el campo, la población más explotada y reprimida, con las peores condiciones para sobrevivir. Allí se introducían cédulas clandestinas como acicate para animar, informar, empujar e infundir valor para rebelarse y protestar por las injusticias y la situación en que vivían. El segundo sector y muy importante: el estudiantil. La Universidad, catedral del conocimiento, la base dónde debe apoyarse una sociedad que quiere crecer y prosperar. En este mundo, al regimen ya le era imposible engañar, fingir o tergiversar a su antojo. Los estudiantes tiraban de los hilos necesarios para documentarse y comprendieron que no podíamos seguir viviendo aislados del resto del mundo y empezaron las revueltas, las protestas, la unión con la clase obrera y ya en los últimos años del franquismo, el rebaño sumiso y obediente que habíamos sido durante 40 años, empezó a levantar timidamente sus cabezas.
El acontecimiento me pilló a punto de cumplir 22 años y a 8 meses de celebrar mi boda. Trabajaba de secretaria en una importante Empresa catalana y me había permitido el lujo de comprarme el 133, un utilitario que la Seat lanzó al mercado como sustituto del mítico Seat 600. Firmé no sé cuantas letras de cambio para pagarlo y para no tener que cizar ni una peseta al sueldo que necesitábamos en casa, me apunté a hacer todas las horas extras habidas y por haber que salían, durante las que "aporreaba" sin descanso una "Olivetti" ya !por fin! eléctrica, en la que transcribía sin descanso informes y proyectos sobre repoblaciones de eucaliptos en los montes de nuestra Comunidad.
En un barrio, que ya no se denominaba barrio, sino "Núcleo Residencial" que sonaba mejor y más moderno, habíamos comprado mi novio y yo, un piso. Un piso dentro de ese "Núcleo" que a pesar del pomposo nombre, quedaba en aquellos tiempos alejado, aislado en las afueras y rodeado de campo. Sin línea telefónica ni servicio de autobuses, salvo el que pasaba para Alcalá, pero que para nosotros era precioso y lo arreglábamos con una ilusión tremenda.
Salvo la enfermedad difícil y penosa de mi padre, la vida se portaba bien. Atrás habían quedado los tiempos tormentosos de la lucha entre mis padres y mi novio y ahora vivía relajada y feliz y aunque bien es cierto que no teníamos ni un duro, porque todo era para pagar, tuve la suerte de tener un grupo de amigos, mi hermano y cuñada inclcuidos, con los que nos divertíamos.
Por eso aquella madrugada, por un momento, todo se tambaleó en mi mente y el temor a un futuro incierto y a que pudiera peligrar todo lo que con tanto trabajo había ido consiguiendo, se apoderó de mí.
(Continuará)

jueves, 6 de mayo de 2010

Y viví la Transición

Me gusta leer todos los días el periódico, al tener poco tiempo, acostumbro normalmente a dar un repaso ligero ojeando los titulares, para después con más detenimiento, ir parando en la página en la que una vez echado el primer vistazo, atrae mi interés o curiosidad.
Generalmente me detengo en las noticias locales y nacionales, pasando un poco de las andanzas de Obama, Sarkozy o Merkel, de las guerras de Afganistán o Irak, del armamento nuclear de Irán o la interminable matanza entre israelitas y palestinos. No porque considere que no sea importante para mí, ya sé que vivimos en un mundo globalizado y nada de lo que en él ocurra me puede ser ajeno o indeferente, porque todos estamos en el mismo saco, sino porque he comprobado que lo paso realmente mal, sufro por la gente inocente que muere o malvive, sufro por las catástrofes que siempre sobrevienen a los más débiles y por los daños ecológicos conque continuamente machacamos al planeta. Y como me veo impotente y no puedo solucionar nada, prefiero pasar y como se suele decir "que sea lo que Dios quiera" o "ojos que no ven, corazón que no siente".
En las locales me inclino por el urbanismo en mi ciudad, las obras que están en proyecto, las mejoras del tipo que sean que se llevan a cabo, las exposiciones o espectáculos que se celebran... paso de política, de Griñán, Monteseirín, Torrijos, Arenas y compañía, porque los veo a todos como unos "chupópteros" ( palabreja acuñada por Jose Mª García en su mítico programa "Super García", como calificativo a los aprovechados de turno, que ostentaban algún cargo), interesados y corruptos y paso de ellos.
En cuanto a las nacionales curiosamente es todo lo contrario, me gusta leer todo lo relacionado con la política y la economía, creo que aún me quedan reminiscencia de un pasado en los que viví fervientemente todos estos temas con ilusión, quizás inconscientemente intente volver a ese estado, cosa, por otro lado, imposible.
Después quedan dos apartados de los que no puedo prescindir, el editorial o comentario de la dirección del periódico sobre el tema candente del día y los artículos de los columnistas porque me gusta enterarme de las opiniones que sobre noticias de la actualidad, tienen gente preparada: escritores, periodistas, intelectuales, catedráticos... fuera aparte de que comparta sus ideas u opiniones o no, pero es cierto que siempre se aprende algo, o analizan el tema desde otro punto de vista, que no pocas veces me han hecho cambiar el mío, o al contrario comparas y te reafirmas más en tus pensamientos e ideas.
Todo este prólogo viene a colación, porque intento explicar que quiero mantenerme al día sobre lo que pasa, sobre la actualidad, especialmente política y social de nuestro país y cómo a la vista de lo que leo y veo me es imposible evitar el "cabreo". Por ello, la decepción y el desencanto han hecho mella en mí y en mucha gente de mi generación que tuvimos el privilegio de vivir unos momentos históricos cruciales. Momentos en los que creimos con una fe absoluta y a la que nos agarramos con fuerza para hacer realidad unos ideales que no podíamos ni queríamos dejar escapar. Y viví la Transición.
(Continuará)

viernes, 19 de febrero de 2010

El invierno


A pesar de la mala fama del invierno, ya se sabe, lo incómodo de la lluvia, el frío que acobarda para salir, el cielo gris, el sol que ni siquiera calienta, la tristeza de las calles desiertas a las cinco de la tarde, los árboles desnudos... nada de ésto invita a que se le aprecie demasiado, no en vano siempre ha sido el símil del ocaso, del fin de la vida, pero a pesar de todo, a mí me gusta, porque cada una de las estaciones tiene su encanto y ésta no podía ser menos.
Me gusta porque es el momento del recogimiento, de disfrutar del hogar, de la reflexión. Hay unas horas especialmente hermosas, acogedoras y cálidas, las horas en que el día va llegando a su fin, en las que los quehaceres cotidianos han acabado y llega el descanso al calor del brasero bajo la mesa de camilla, sentada en el sofá a la luz de una lámpara que alumbra la lectura, la labor o el cuaderno dónde apunto y escribo la vida, en el silencio de una noche dónde los demás duermen ya.
En estas noches en las que ves algo en la tele, o lees, o escribes o simplemente piensas en lo que el día te ha deparado, también hay sitio para recordar, releer u ojear libros antiguos, libros que en su día me impactaron, rebuscar en las estanterias y "descubrir" áquel del que tanto aprendí cuando aún era una adolescente o el que me emocionó con una preciosa historia de amor a los veinte años, o el que me sumergió e impregnó de culturas lejanas o me instruyó en temas políticos durante la época de la transición en España.
Anoche tuve en la mano, el primer libro de mi tío, el poeta. Un libro pequeño, cuyas hojas sueltas de tanto pasarlas y amarillas por el paso del tiempo está sujetas burdamente por dos tiras de fixo para que no se pierdan. Un libro de escritura antigua, carente de ilustraciones, austero cuya única nota de color radica en el rojo de la primera letra de su título. Un libro de cien páginas que reune diecinueve poesías, sencillas, populares, andaluzas que a mí particularmente me emocionan y que anoche releí una por una saboreando el momento, disfrutando a tope de la tranquilidad, la paz, el sosiego y el calor que sólo el desprestigiado frío invierno es capaz de conseguir.
Para terminar quiero transcribir una que a mí me gusta especialmente y que espero que a los que me estais leyendo os guste al menos un poquito.
Se títula "CELOS" dedicado por el autor: "A mi prometida"
No son celos de los hombres,
que a los hombres no les temo,
ya sé que mientras yo viva,
mientras respire mi aliento,
tu amor y mi amor, mi vida,
serán un alma y dos cuerpos.
Mis celos no son de duda,
mis celos son otros celos.
Siento celos de la luna,
de sus resplandores bellos
que con silenciosos pasos
se aproximan a tu lecho
y besan tus níveas carnes
y velan tu dulce sueño;
siento celos de la brisa,
del frío soplo del cierzo,
del sol, la nieve y la lluvia,
del rocío fino y del viento;
porque acarician tu cara,
porque a tus rubios cabellos
se abrazan cual si quisieran
llevárselos prisioneros.
Siento celos de las flores,
de su perfume hechicero,
que penetrando en tu alma,
como un cuchillo de acero,
me roban, vida, un instante
algo de lo que más quiero.
Celos de los manantiales,
porque esos labios tan bellos,
esos dientes de azahares
que yo con éxtasis beso,
no quisiera que ni el agua
!ay! se rozara por ellos.
Celos hasta de mí mismo,
porque el amor que te tengo
es un amor de locura,
es pasión, es sangre, es fuego,
es una llama que arde
como un volcán en mi pecho
y siento celos, mi vida,
de que consuma mi cuerpo.

sábado, 13 de febrero de 2010

Gracias "Commodore"

La vida me regaló ayer otro día de seda, de esos que atesoras en tu corazón y ni el paso del tiempo puede borrar de tu mente, porque te marcan.
Ayer asistí al primer concierto del grupo dónde toca mi hijo Salvi, "Commodore" y tengo que decir que me encantó, no sólo por el concierto en sí, que fue estupendo, sino también por todo lo que rodeó al acontecimiento, haciéndonos vivir una noche inolvidable.
De vuelta a casa, llegué rememorando y relamiendo el dulzor de esos momentos y me puse manos a la obra, para intentar trasmitir (!que difícil!) sin olvidar detalle, lo que juntos habíamos vivido en un pequeño local, cálido y acogedor, en medio de un polígono industrial.
Once de Febrero, viernes, los termómetros rozando el cero, un frío que traspasaba y una lluvia fina, pertinaz y helada que intensificaba aún más la sensación de frío. Un día para estar en casa, metidos hasta el cuello en la mesa de camilla con el pijama puesto, pero no era día de quedarse en casa a pesar de la inclemencia del tiempo, había que salir !íbamos a ver y escuchar a "Commodore" y para allá nos fuimos.
Podría contar tantas cosas de la noche que no sé por donde empezar, porque todo fue bonito, cálido, sencillo... pero puestos a destacar, ahí va un poquito: la espera, charlando con los amigos, contando anécdotas del grupo; el ambiente de nervios y expectación con el cigarrillo en la mano; el abrazo de Salvi a sus hermanos, a su padre, a mí; la presentación de los dos componentes del grupo que no conocíamos; la empatía con los "otros" padres también presentes al ver reflejados en ellos tus mismos sentimientos; los abrazos y palabras de ánimo de los amigos; la llamada de Marco para desearle suerte a su tito Salvi y la ternura de éste hablando por teléfono con él; Iván animando y aplaudiendo; los saltos de Tania gritando "ese es mi hermano"; la carita de felicidad de Sara mientras hacía una foto tras otra, la risa de Cristina con el mechero encendido en la mano moviéndolo al son de la música; sus tíos asistiendo por partida doble y Mª José y Patri y Pepe, Dani, Carlos, Fabi... animando; el orgullo en la cara de mi marido y mi corazón palpitando de alegría.
Y se encendieron los focos, iluminando el escenario y empezaron a sonar maravillosamente los primeros acordes de una música contagiándote con su ritmo, con la voz de mi hijo cantando y su mirada de complicidad de vez en cuando hacia nosotros, con la bateria "aporreada" por Gregui, con el punteo de Ricardo y el bajo de Isaac... todos a una, disfrutando y haciéndonos disfrutar de un momento maravilloso.
No entiendo de música, no sé de técnicas, no sé percibir el pequeño fallo o desafine, o si la nota es "do" o "fa" o "la"... pero sí sé percibir lo que llega, lo que trasmite, lo que te hace vibrar, lo que se hace con corazón, con trabajo, dedicación, esfuerzo, ilusión... y el grupo acumula todos estos valores y fueron capaces de hacernos vibrar a todos los que allí estábamos con esas siete canciones estupendas que nos supo a poco.
Así que ésto va para los cuatro: seguid trabajando en esa línea, porque teneis talento para eso y mucho más, porque ya estamos todos contando los días para volver a veros en Mayo y disfrutar con vuestra música.
Gracias por la noche que nos habeis hecho pasar, gracias Isaac, Ricardo, Gregui y Salvi. Gracias "Commodore"

sábado, 6 de febrero de 2010

La enfermedad. La fé


Llevaba mucho tiempo enferma, tanto como una década. Durante todo ese tiempo, lo que empezó con algunas molestias, jaqueca, decaimiento, se fue acentuando y llegó el peregrinaje de médico en médico, especialistas, neurólogos, psiquiatras, homéopatas... y ninguno daba con la solución, a cada nueva consulta, nueva ilusión de curación y nuevo batacazo cuando el nuevo tratamiento no surtía el efecto deseado. Llegué a desear al menos, si no la curación, el alivio, alivio a los dolores de cabeza intensos y permanentes y a conseguir dormir. Las noches las pasaba vagando por la casa como alma en pena, intentando no despertar a los míos, con las manos en la cabeza como queriendo aguantar el dolor para que no aumentara más, porque era insoportable y llorando cuando la impotencia y la desesperación me vencían.


Así un día y otro, una semana, un mes, un año... llegó un momento en que ya no sabía que hacer, me había gastado un dineral en médicos (aparte los del Seguro) y tratamientos, llegué a pensar que todo era ficticio, que mi mente me estaba jugando la mala pasada de inventarse una dolencia inexistente, creí que era una hipocondríaca superlativa y terminé sintiéndome culpable por lo que me ocurría, al deducir que nada tenía, salvo una obsesión y me castigaba y castigaba a mi familia sin razón.


Después de visitar al penúltimo especialista, en este caso un psiquiatra, que me diagnóstico una fuerte depresión y me atiborró de tranquilizantes que me tuvieron un mes casi sin poder salir, opté por no tomar nada y me machaqué pensando que nada me dolía, que nada tenía, de esa forma pensé, que si era cosa de la mente, la vencería. Inútil, porque llegué a un punto en que si dormía dos horas al día era mucho, apenas comía o lo hacía compulsivamente porque hacerlo, a veces, aliviaba el dolor, la debilidad física aumentaba por día y la depresión y la tristeza vivían conmigo.


No sabía que hacer, ni vivía, ni dejaba vivir, no quería visitar ningún médico más porque todos decían lo mismo: que no había nada importante, salvo una pequeña depresión. Sentí el miedo y la soledad cercándome cada vez más, porque sabía que nadie me comprendía (con toda la razón) aunque todos me apoyaban y animaban, pero yo sí sabía y por eso me asustaba que algo gordo estaba pasando en mi organismo y que mi cuerpo no aguantaría mucho más.


El Martes Santo del año 1.999, me fuí con mi hija a ver salir "El Cerro", la mañana era espléndida, incluso hacía calor, el cielo inigualable de nuestra primavera, en resumen uno de esos días en que das gracias a la vida por vivir.


Aquel día me había levantado com siempre, mal, pero me obligué a salir. La cabeza me estallaba y el cansancio apenas me permitía andar, pero como otras veces, simulaba estar bien, quería dar la imagen, aunque fuera de tarde en tarde, de normalidad. Esperamos para verla salir casi dos horas, de pie y al sol, frente por frente a la puerta de la Iglesia, aguantando ese sol que apretaba de justicia en medio de un cielo azul precioso, pero que a mi me estaba matando.


Cuando el Cristo llegó a mi lado, mecido al son de la marcha procesional y bañado por montones de pétalos de rosas que la gente echaba a volar desde los balcones, la lágrimas brotaron de mis ojos sin poder reprimirlas y en aquel momento, a pesar de que no soy religiosa, ni capillita, ni comulgo con la Iglesia, le pedí a ese Cristo crucificado que me ayudara, ya ni tan siquiera que me curara, no, que me ayudara a encontrar al médico que descubriera que me estaba ocurriendo para saber que hacer, si todavía se podía hacer algo. Miré su cruz y su corona de espinas que apretaban su cabeza como el dolor apretaba la mía y supe que el Dios en el que sí creo, me comprendería.


No ha existido un momento en toda mi vida en el que haya pedido, suplicado, con tanto sentimiento y a la vez con tanta fé. Le prometí que si me curaba todas las primaveras de la vida que El quisiera regalarme, estaría allí para verlo pasar "caminando" clavado en su cruz, mojándose con la lluvía de pétalos que otras corazones, tal vez tan agradecidos como el mío, le tiraban al pasar.
Cuando volvió la esquina de la calle y lo perdí de vista, mi hija me abrazó al verme emocionada, no sabía logicamente lo que por mi cabeza pasaba y por un momento tuve paz y la ilusión de que todo se podía arreglar, porque la fé mueve montañas y yo había pedido con mucha fé.
Un mes más tarde me hablaron de un médico estupendo, un endocrino, la única especialidad que no habia tocado porque no lo relacionaba con mi dolencia. Me dijeron que lo intentara y más por complacer a mi familia que por convicción, accedí a ir, con la condición de que sería el último.
Después de pruebas complicadas, me diagnosticaron un tumor en la hipófisis en estado tan avanzado que afectaba al nervio óptico, al hipotálamo en el área del sueño (por eso no dormía) y a todo un sistema hormonal que estaba totalmente descompensado. La única solución pasaba por una operación urgente para extirparlo. No me quiero extender en detallar las vivencias de esa semana de vértigo en la que se preparaba la intervención, pero destacaré dos importantes y principales sentimientos que convivieron esos días conmigo:
- ALEGRÍA: porque sabía !por fin! lo que tenía, porque había encontrado al médico y a la enfermedad, porque no estaba loca como llegué a pensar, porque para bien, si me curaba, o para mal si me pasaba algo, el sufrimiento se acababa...
-MIEDO: porque era una operación complicada de cabeza, porque podía en un gran porcentaje quedarme alguna secuela, más o menos importante, porque podía faltarle a mis hijos, mi marido, mi madre...
Al año siguiente por primavera salí de nazarena por primera vez en mi vida, con mi Cristo de "El Cerro", con un cirio en la mano y una medalla en el cuello, formando en una fila larguísima con mi hijo delante marcándome el paso y mi Cristo detrás para verlo. Fueron quince horas de recorrido con el corazón rebosante de felicidad, en el que no dejé de dar gracias por todo lo que me había ocurrido en un año, porque la alegría había vuelto a mi casa, porque seguíamos todos juntos, porque había aprendido cosas muy importantes, porque disfrutaba de todos los momentos que la vida me volvía a ofrecer, porque me había vuelto la fé y la ilusión, porque no tenía dolor y podía dormir y todo, todo, porque me había curado.
Y allí he estado ya diez años de esta vida nueva que El me ha regalado y como le prometí, de nazarena o no, da igual, allí he estado y estaré para verlo hasta que muera.