martes, 12 de enero de 2010

Una vida de poesía. Primera parte

Mi abuela tuvo tres partos de mellizos. En el último de ellos, murieron los dos al nacer. En el segundo, sobrevivió uno, al otro lo atacó la meningitis y murió. En el primero, niño y niña lograron salir adelante cuando ya
tenían un pie en el otro barrio, como decimos por aquí.

Mi abuela no tenía leche para amamantarlos y ellos eran totalmente intolerantes a la de vaca. Cogían el biberón con avidez, pero sus cuerpecitos la rechazaban a través de unas "cagaleras" terribles que amenazaban con deshidratarlos.
En aquellos tiempos, año 1.920, no tenían otros medios, o era una u otra. Mi abuela maldecía la sequedad de sus pechos y la desesperación la embargaba cuando veía a sus niños morir un poquito cada día. Pero una madre nunca se da por vencida y aún sabiendo que la muerte los perseguía, ya cogía a uno y a la otra, los arrullaba, les mojaba sus labios secos y cuando ya ni podían succionar, les abría la boquita con la lengua casi pegada en el paladar y le echaba una, dos gotitas de la leche de la vaca que tenían en el establo de su madre, rebajada con agua. Y así con toda la paciencia y el amor del mundo, lo consiguió. Los niños fueron asimilando tan precaria alimentación y sus cuerpecitos aprendieron a digerir la leche que tanto daño les hacía. A los tres meses eran dos niños rollizos, colarodotes y alegres. Se ve que eran luchadores y con ganas de vivir, la vida tanto la de uno como la de otra, le dieron la razón, cada uno en su estilo han sabido "guerrear" duro.
Al niño le llamaron Manuel, a la niña, Ana.
No se parecían en nada, Manolo igualito que su padre, muy moreno, nariz porrona y orejas grandes, los ojos variaban, eran oscuros y con estrabismo en el derecho, lo que vulgarmente denominamos como bizco. Anita, blanca, casi rubia, de ojos color miel y pelo ondulado. Él muy despierto, muy inteligente y como su padre muy inquieto por todo lo que fuera saber. A ella todo le costaba mucho más, aprender, conocer las letras, expresarse... Mi madre siempre me ha dicho que su hermano se llevó el lote completo de inteligencia, que acaparó en el vientre de su madre, hasta la que se suponía le pertenecía, dejándole sólo las "raspaduras". Yo siempre le he contestado," tú te llevaste toda la belleza y a él le dejaste lo justito, así que no os podeis echar nada en cara".
Fue poco al colegio, la época era así para la mayoría de las familias no adineradas. Su infancia la pasó muy pegado a su padre. Al ser su primer hijo varón y tan parecido a él, mi abuelo lo empapó desde pequeño de sus aficciones, ideología, de su lucha por la libertad, de amor a su pueblo, de flamenco. Con doce, catorce años, leía los libros de la biblioteca de su padre, asistía a sus mítines políticos y lo acompañaba a las cuevas de los gitanos a escuchar los cantes de Joaquín "el de la Paula" y las tertulias flamencas.
La guerra y la huida de su padre del pueblo lo alcanzan con dieciseis años y de un plumazo se hizo hombre, asume las funciones de cabeza de familia, trabaja sin descanso, en la aceituna, en el pan, para ayudar a su madre, esclavizada cosiendo y sacar a sus hermanos adelante. Mientras, su melliza se ocupa de las tareas de la casa.
No puede olvidar a su padre e intenta saber que le ha pasado. Logra contactar con cédulas clandestinas para recabar datos, pero no confirma ninguna de las noticias que le llegan de él y pasa toda la guerra sin saber si está vivo o muerto. Fuero tres años de incertidumbre terribles. El poco tiempo libre, lo dedica a leer, lo devora todo y descubre lo que iba a ser su revolución personal: la poesía. Le impacta, explota en su ser como un volcán en erosión y siente que tiene que escribir, que necesita contar lo que siente por dentro, que el tiempo se para para él cuando las palabras le salen a borbotones. Es consciente de su poca preparación, ( es un lector perfecto, pero en la escritura tiene muchísimas lagunas y faltas de ortografía) pero es tanto su afán por poder plasmar en un papel los sentimientos que le hierven por dentro, que contrata al mejor profesor del pueblo para que le de clase particulares. Hace un enorme sacrificio y saca dinero para pagarlas.
Al término de la guerra, es ya un hombre hecho y derecho, aunque sólo tiene diecinueve años. Es igual que su padre, tanto en físico como en ideales, hereda hasta la capacidad para hacer negocios, todo le sale bien y aunque como mi abuelo, acababa uno y empezaba otro, vivió toda su vida desahogadamente de ellos.
Se opera de su estrabismo y sin ser guapo, tiene buen porte, buena labia y un atractivo especial que gusta a las mujeres. Debido a la gran cantidad de amigos que tenía en todos los estratos sociales, supo mover todas las influencias habidas y por haber, para salvar a su padre de la condena a muerte y lo consiguió. (Continuará)

2 comentarios:

  1. Me acuerdo de eso de:
    Omá tengo jambre, tengo jambre negra
    jajaj
    A ver si un dia me das algo suyo para que lo lea.
    Besetesss

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  2. No creí que recordaras esa poesía. Es mu chula, ya te iré dando cosas suyas. Besitos.

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