Se enamoró de una mujer que lo engañó. Llegaron a torearlo por la calle y no se daba cuenta, estaba ciego, cuando se confirmó lo evidente, la dejó. Poco después, ella apareció por su casa responsabilizándolo de su embarazo. No la quiso ni ver porque sabía que si lo hacía no tendría valor para separarse de ella y negó su paternidad. Supo que nació un niño, con el que de mayor se cruzaba por la calle alguna vez y agachaba la cabeza, no tenía valor para mirarlo. Los rumores que le llegaban no dejaba lugar para la duda, era su hijo, no había más que verlo, igualito a él, igual que mi abuelo, por tener de su padre, tenía hasta el defecto del ojo derecho. Nunca habló de él con nadie y nadie supo nunca cuales eran sus sentimientos al respecto.
Conoció a su mujer cuando ya se movía en circulos literarios y hacía sus "pinitos" en algún que otro acto. Era la mujer más guapa del pueblo, yo he visto fotos de ella en su juventud y me admiro de su belleza casi perfecta, rubia, alta y ojos azules realmente hermosos. Ella cayó a sus pies, se enamoró primero de su poesía, después de su personalidad y lo amó hasta su muerte.
Publicó su primer libro de poesía "Voces del Alma" en 1.949, le siguió "Como las flores del campo" y "Romances de Andalucía". Se lo disputaban en cualquier acto literario, en conferencias, en "Juegos Florales", pregones... porque aún mejor que poeta, era orador, orador nato y recitador. Recitaba con tanto sentimiento que sus palabras llegaban al alma y te hacían poner la piel de gallina. Dió recitales en Madrid, Barcelona, en todas las ciudades y pueblos andaluces. Fue pregonero de la Semana Santa de Utrera, Alcalá, Sanlúcar de Barrameda... A su pueblo le dedicó su último libro publicado en 1.991 "Aromas de Alcalá". Organizó y puso en marcha la famosa tertulia literaria "Noches del Baratillo".
Su vida era un ir y venir de un sitio a otro, siempre llevando su sentir andaluz y su amor a la poesía y al pueblo por bandera.
Al igual que su padre, lo sabía todo del flamenco, el mítico "cantaor" Antonio Mairena era su "compadre", le bautizó a su hija pequeña, aquella que le llegó muy tardiamente, cuando nadie la esperaba, una tarde de Reyes, según cuenta en una poesía que le dedicó cuando era pequeñita.
La vida se la tenía sentenciada. Su hijo mayor, el sucesor de su apellido, el que nació con las piernecitas encogidas, atrofiadas por una mala enfermedad muscular, el que llevó a los mejores especialistas de España, el que consiguió andar y no arrastrarse, a los seis años a golpes de sufrimientos, rehabilitaciones, ejercicios, el niño inteligente con estrabismo (también), el adolescente divertido, sin complejos por su enfermedad, a pesar de su cuerpo algo deforme, el rey adorado por sus tres hermanas menores... murió sin que nadie pudiera imaginarlo, una tarde preciosa de primavera a los veinticuatro años. Se metió en la bañera cuando llegó de trabajar y allí se quedó, parece ser que el calor del agua y la relajación del baño, el corazón (músculo al fin y al cabo) se paró. Ni la patada tirando la puerta con todo el coraje, el ansia y la desesperación del mundo al ver que su hijo no salía, lo salvó.
Lo sacó en brazos, desnudo, chorreando de agua y los gritos de angustia y llanto se escucharon por toda la calle. Nunca volvió a ser lo que fue, se le apagó la ilusión, no pudo ni escribirle una poesía. Siempre comentaría que cuando el niño era pequeñito y recorrieron con él tantas consultas médicas buscando soluciones para paliar un poco el sufrimiento, hubo un médico que le dijo, que no sobreviviría más allá de los veinticinco años, que la enfermedad era verdaderamente muy traicionera. Se le había olvidado el comentario y ahora no se lo podía sacar de la cabeza.
Cuando su padre muriendo, le agarró la mano para decirle "Manolo, Alcalá" él le prometió que así sería y lo cumplió. Era la primera vez que lo oí hablar en público. Lo tenía frente a mí, emocionado, resumiendo en pocas palabras lo que para él su padre había sido y lo que luchó por su pueblo. A los que allí estábamos nos supo trasmitir magistralmente su emoción, cariño, respeto y admiración por él.
Cuando el alcalde, después de sus palabras, descubrió el rótulo con el nombre de su padre en la calle, no podía imaginar que 21 años después, la historia se repetiría con él, hasta en eso se parecieron, pero esta vez no estaría allí su hijo para hablar de su poesía y de su vida.
Nota: Quiero transcribir, una poesía de él, que yo le recitaba a mis hijos cuando eran pequeños y que les hacía mucha gracia. Se titula: "Romance de Joaquín "el de la Paula". Dedicada al gitano que vivía en las cuevas, amigo de su padre, que le cantaba a los "señoritos" de la época, para darles de comer a sus hijos.
" Era Joaquín de la Paula
gitano de pura cepa,
"cantaor" por soleares
de raiz alcalareña.
Siempre aterido de frío
como gitano que era
en el caluroso Agosto
le agradaba una candela.
El sombrero de ala ancha
sobre su blanca cabeza,
una pelliza raida
de siempre llevarla puesta,
un bastoncillo de mimbre
y unas medias botas negras,
completaban el ropaje
de esta figura flamenca.
Vivía Joaquin de la Paula
en una de aquellas cuevas
del castillo de Alcalá,
que él se había adueñado de ella,
porque según su decir,
Dios puso al hombre en la tierra
asignándole a "ca" uno
un sitio "pa" que viviera.
Con él compartían su hogar
el Enriquillo y la Hiniesta,
dos churumbeles más negros
que una noche de tormenta
que a todas horas del día
tenían la boca abierta.
-!Opá! Tengo mucha "jambre"
- !Hijo! Qué "jambre" tan negra.
Y así vivía Joaquín
y a la puerta de su cueva
de Córdoba, de Sevilla,
de la Andalucía entera
llegaban los señoritos
a llevárselo de juerga.
Y entre copa de aguardiente
sentado en la taberna
soliá decir Joaquín:
-El que quereis que les cante:
Soleares, peteneras,
cañas, polos, martinetes...
-Canta, por lo que tu quieras.
Y con la izquierda en la faja
accionando con la diestra,
echando el cuerpo adelante
y con cara descompuesta
cantaba entre oles y palmas
esta soleá flamenca:
-La suerte que tú has "tenio"
que yo no tengo mala lengua,
que yo nunca la he "tenio"
ni quiera Dios que la tenga.
Así una copla y otra copla,
todas las que le pidieran,
que él se partía el corazón
porque sus hijos comieran.
Y ya a las claras del día
dando final a la juerga
y recogiendo el dinero
que bien ganado tuviera,
muy lentamente, despacio,
caminaba hacia la cueva
murmurándose entre dientes:
-Hoy se "jartan" de comer
el Enriquillo y la Hiniesta."
Termino con unas palabras que él introdujo en el prólogo de uno de sus libros: " en este libro, lector, encontrarás ante todo sinceridad y amor, sinceridad de una poesía que nace en mi alma con toda sencillez y espontaneidad, amor porque sin amor no puede existir la poesía, amor por todo lo que nos une y nos ata a la vida, amor por el libre vuelo de los hombres y amor por todo lo bello y hermoso de la tierra que nos vio nacer":
"Todo lo di y no me pesa
porque amor es darlo todo
sin esperar recompensa"
Joé qué bonito. Esque ya no sé que más decirte que no te haya dicho...artista!
ResponderEliminarOtra vez gracias, Sara. Yo sí que no se como agradecerte el valor que le das a lo que escribo, ya sabes lo importante que es para mí. Besoooooos.
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