Al mismo tiempo, el ambiente político se enrarecía azotado con virulencia por la estrema derecha de un lado y el terrorismo de otro. A ninguno de los dos extremos le interesaba el giro que tomaba el Gobierno de Suárez, allanando y preparando el camino a la democracia. Los intentos por desetabilizar el proceso se acentuaron y entramos en una espiral de atentados, terrorismo y secuestros casi continuados que nos hicieron temer lo peor, porque la sombra del golpe militar nos acechaba. Puede decirse que los meses comprendidos entre Enero y Junio de 1.977 fueron los más difíciles y conflictivos de la Transición, pero felizmente y gracias a la lucha de la gran mayoría de la sociedad, partidos y especialmente el gobierno y la monarquía, pudimos superar, sorteando con verdadera maestría, cada uno de los obstáculos que continuamente se cruzaban en el camino emprendido.
El mes de Enero fue especialmente trágico y sangriento: el 24 sobreviene la matanza de Atocha, en la que elementos de Fuerza Nueva, grupo fascista, seguidores de Franco, acaban con la vida de cinco abogados laboralistas del Partido Comunista, en su propio despacho. El GRAPO, grupo maoísta, secuestran al Teniente General Villaescusa y al Presidente del Consejo de Estado, Antonio Oriol y ETA asesina a tres policias.
Las revueltas en las calles, las protestas por los acontecimientos, los enfrentamientos entre fascistas y demócratas no cesan. Las provocaciones de la extrema derecha en la calles, son consentidas por una policia dirigida todavía por mandos fascistas y los militares conspiran para un golpe que pudo ser abortado a tiempo, gracias a la intervención del Vicepresidente del Gobierno, General Gutierrez Mellado. Santiago Carrillo deja el exilio y entra clandestinamente en España, dejándose ver en la capilla ardiente de los abogados asesinados y se queda aquí, dónde empieza sus contactos con jefes de otros partidos, sindicatos e incluso se reune en secreto con Suárez. En medio del caos, se promulga el decreto de aministía para los presos políticos y el 9 de Abril, coincidiendo con la Semana Santa y aprovechando este momento vacacional, el Gobierno legaliza el Partido Comunista de España en el llamado desde entonces Sábado Santo Rojo. El 28 se legalizan los sindicatos y finalmente el 13 de Mayo, llega de la URSS, Dolores Ibarruri, La Pasionaria.
El mes de Enero fue especialmente trágico y sangriento: el 24 sobreviene la matanza de Atocha, en la que elementos de Fuerza Nueva, grupo fascista, seguidores de Franco, acaban con la vida de cinco abogados laboralistas del Partido Comunista, en su propio despacho. El GRAPO, grupo maoísta, secuestran al Teniente General Villaescusa y al Presidente del Consejo de Estado, Antonio Oriol y ETA asesina a tres policias.
Las revueltas en las calles, las protestas por los acontecimientos, los enfrentamientos entre fascistas y demócratas no cesan. Las provocaciones de la extrema derecha en la calles, son consentidas por una policia dirigida todavía por mandos fascistas y los militares conspiran para un golpe que pudo ser abortado a tiempo, gracias a la intervención del Vicepresidente del Gobierno, General Gutierrez Mellado. Santiago Carrillo deja el exilio y entra clandestinamente en España, dejándose ver en la capilla ardiente de los abogados asesinados y se queda aquí, dónde empieza sus contactos con jefes de otros partidos, sindicatos e incluso se reune en secreto con Suárez. En medio del caos, se promulga el decreto de aministía para los presos políticos y el 9 de Abril, coincidiendo con la Semana Santa y aprovechando este momento vacacional, el Gobierno legaliza el Partido Comunista de España en el llamado desde entonces Sábado Santo Rojo. El 28 se legalizan los sindicatos y finalmente el 13 de Mayo, llega de la URSS, Dolores Ibarruri, La Pasionaria.
Esta legalización junto con la desaparición del símbolo falangista del "yugo y las flechas" en la Secretaría General del Movimiento, fue otro gran varapalo para los franquistas, que nuevamente, tambaleó fuertemente el proceso de la Transición.
A pesar de todo, la gestación hacia la democracia siguió su curso. Cuando todos creíamos que se malograba estrangulada por esa cadena de acontecimientos que se repetían uno tras otro, contra viento y marea y pasito a paso se superaban problemas y nos acercábamos al final. Las primeras elecciones libre, las que nos traería una democracia acorde con los nuevos tiempos y con la vieja Europa se celebrarían el 15 de Junio de ese histórico y ya mítico año 1.977.
Viviendo con intensidad esos duros y difíciles momentos, avanzaba en mi embarazo y avanzaba en mi formación política. Cumplí lo siete meses con una barriga enorme y las piernas hinchadas como botas, cojeaba ostensiblemente por el peso que mi cuerpo sostenía de cerca de 20 kgs. más sobre el que tenía y por una ciática que me machacaba, los ardores me obligaban a comer continuamente regaliz para aliviarlos y mi niño/a (en aquella época, todavía no se podía saber el sexo) se movía sin parar ocasionándome fuertes molestias al presionarme las costillas. Empezamos a comprar ropita, chupetes, biberones...y a elegir nombres: Iván, fijo si fuera niño; Patricia, Almudena, Amanda, Claudia... si fuera niña.
Con todo a cuesta, embarazo, más doble peso, más piernas hinchadas... empecé a incrementar las salidas a reuniones informativas, mítines, manifestaciones y conciertos. No me importaba, olvidaba el malestar o mejor dicho, lo aparcaba. Creo que llegué a hacer un pacto con mi niño/a o creo que a mi niño/a, también le iba la marcha o mejor, le llegaban las buenas vibraciones que su mamá vivía en esos momentos, y esos golpes y movimientos bruscos que me "regalaba" casi a todas horas, se suavizaban con las charlas sosegadas, ilusionantes al lado de los amigos o al son de la música y las canciones reivindicativas de una gran lista de cantautores que supieron transmitirnos con sus letras, sentimientos, esperanza, ilusión en la lucha por una vida mejor. Gocé y viví intensamente aquellos momentos irrepetibles, me los bebí con avidez exprimiéndolos hasta la última gota. Me sentía protagonista de lo que acontecía: emocionándome con un mechero encendido en la mano, escuchando en el "Lope de Vega" a Carlos Cano cantando "La morralla" o "El Salustiano" o "Verde y blanca". Con el puño en alto y la barriga hasta la boca coreando "El pueblo unido, jamás será vencido" al son de Kilapayún en la Plaza de España o aguantando las tres horas de pie, sujetada a la cintura de mi marido y las piernas a punto de estallar, escuchando en un patio de Instituto, al uruguayo Quintín Cabrera, cuando cantaba sobre su pais, machacado por la dictadura, aquello de " Que vida tan diferente, la mía y la suya, Sr.Presidente".
Las calles se empapelaron de carteles con imágenes por doquier, de Felipe, de Suáres, de Carrillo.., el puño y la rosa, la hoz y el martillo, el yugo y las flechas... los mítines, las fiestas de los partidos, la banda sonora de "Libertad sin ira, libertad", los descamisados, las barbas de los progres, los fachas repeinados, la lluvia de las octavillas lanzadas al aire, los consejos en la tele, la alegría, la solidaridad, el respeto... Todos participamos en esa explosión arrolladora de vida, de expectación, de lucha y nadie nos podía ya arrrebatar esa democracia que estaba a punto de nacer.
Y en ese ambiente festivo de calles empapeladas y mítines políticos, un domingo casi despuntando el día un dolor sordo me despertó. Los dolores de parto acababan de empezar. Iván o Patricia, Almudena, Amanda... !no! por fin decidimos su nombre, si era niña, se llamaría Tania, llamaba a la puerta.
Después de muchas horas de sufrimiento, de un parto difícil, el lunes 6 de Junio, llegó al mundo mi hija, Tania, nueve días antes de la fecha en que se celebrarían las primeras elecciones deemocráticas en nuestro país. Nacía con la democracia y empezaba a vivir de la mano de ella y a la par que ella. Se cumplía mi sueño, mi hija tendría la dicha de crecer en un país libre.
Viviendo con intensidad esos duros y difíciles momentos, avanzaba en mi embarazo y avanzaba en mi formación política. Cumplí lo siete meses con una barriga enorme y las piernas hinchadas como botas, cojeaba ostensiblemente por el peso que mi cuerpo sostenía de cerca de 20 kgs. más sobre el que tenía y por una ciática que me machacaba, los ardores me obligaban a comer continuamente regaliz para aliviarlos y mi niño/a (en aquella época, todavía no se podía saber el sexo) se movía sin parar ocasionándome fuertes molestias al presionarme las costillas. Empezamos a comprar ropita, chupetes, biberones...y a elegir nombres: Iván, fijo si fuera niño; Patricia, Almudena, Amanda, Claudia... si fuera niña.
Con todo a cuesta, embarazo, más doble peso, más piernas hinchadas... empecé a incrementar las salidas a reuniones informativas, mítines, manifestaciones y conciertos. No me importaba, olvidaba el malestar o mejor dicho, lo aparcaba. Creo que llegué a hacer un pacto con mi niño/a o creo que a mi niño/a, también le iba la marcha o mejor, le llegaban las buenas vibraciones que su mamá vivía en esos momentos, y esos golpes y movimientos bruscos que me "regalaba" casi a todas horas, se suavizaban con las charlas sosegadas, ilusionantes al lado de los amigos o al son de la música y las canciones reivindicativas de una gran lista de cantautores que supieron transmitirnos con sus letras, sentimientos, esperanza, ilusión en la lucha por una vida mejor. Gocé y viví intensamente aquellos momentos irrepetibles, me los bebí con avidez exprimiéndolos hasta la última gota. Me sentía protagonista de lo que acontecía: emocionándome con un mechero encendido en la mano, escuchando en el "Lope de Vega" a Carlos Cano cantando "La morralla" o "El Salustiano" o "Verde y blanca". Con el puño en alto y la barriga hasta la boca coreando "El pueblo unido, jamás será vencido" al son de Kilapayún en la Plaza de España o aguantando las tres horas de pie, sujetada a la cintura de mi marido y las piernas a punto de estallar, escuchando en un patio de Instituto, al uruguayo Quintín Cabrera, cuando cantaba sobre su pais, machacado por la dictadura, aquello de " Que vida tan diferente, la mía y la suya, Sr.Presidente".
Las calles se empapelaron de carteles con imágenes por doquier, de Felipe, de Suáres, de Carrillo.., el puño y la rosa, la hoz y el martillo, el yugo y las flechas... los mítines, las fiestas de los partidos, la banda sonora de "Libertad sin ira, libertad", los descamisados, las barbas de los progres, los fachas repeinados, la lluvia de las octavillas lanzadas al aire, los consejos en la tele, la alegría, la solidaridad, el respeto... Todos participamos en esa explosión arrolladora de vida, de expectación, de lucha y nadie nos podía ya arrrebatar esa democracia que estaba a punto de nacer.
Y en ese ambiente festivo de calles empapeladas y mítines políticos, un domingo casi despuntando el día un dolor sordo me despertó. Los dolores de parto acababan de empezar. Iván o Patricia, Almudena, Amanda... !no! por fin decidimos su nombre, si era niña, se llamaría Tania, llamaba a la puerta.
Después de muchas horas de sufrimiento, de un parto difícil, el lunes 6 de Junio, llegó al mundo mi hija, Tania, nueve días antes de la fecha en que se celebrarían las primeras elecciones deemocráticas en nuestro país. Nacía con la democracia y empezaba a vivir de la mano de ella y a la par que ella. Se cumplía mi sueño, mi hija tendría la dicha de crecer en un país libre.
Que chuli mami!! me esta gustando mucho, ya sabes como me van estos temas... Sigue contando cositas, que me encatnta. Como no iba a salir yo asi, con todo lo que me movisteis de un lado a otro jajaja
ResponderEliminarEso mismo estaba pensando yo...como no iba a salir Tania así, tan "retro",jejeje. Me encantan tus crónicas históricas, sigue así Ani (ya sabes que está pendiente la crónica ochentera, jejeje). Un beso
ResponderEliminarGracias a las dos y llevais razón, de alguna manera creo que los niños son capaces de captar dentro de su madre los sentimientos y emociones que vive durante el embarazo y de algún modo Tania los captaría porque siempre le ha interesado en gran medida todo lo relacionado con aquella época, sobre todo la música de protesta, reivindicativa. Sí Sara lo siguiente las mamás ochenteras. Besitos.
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