Finalizaba el mes de Septiembre del 36 cuando, una vez asentado el ejército franquista en la provincia de Sevilla, Granada y Córdoba, se restablecen las comunicaciones entre dichas ciudades. De esta manera, el correo se normaliza y empiezan a llegar cartas y más cartas a su destino. Se empieza a conocer la situación de dichas provincias, y las familias separadas contastan por fin con los familiares ausentes.
El protagonista de esta historia comienza a recibir noticias de su familia en el pueblo y viceversa. Las primeras cartas le inquietan, porque en ellas, su padre, con su letra recien estrenada, pues estaba aprendiendo a escribir, le informa de la situación que se está viviendo, la revolución de los campesinos, la confiscación de las tierras, el toque de queda, los enfrentamientos con los falangistas, la violencia, la enemistad entre los habitantes por las respectivas ideologias, el miedo, la alegría por el triunfo de los más desprotegidos, la defensa del pueblo ante la inminente llegada de los "fascistas"... Todo ello le envuelve en un cúmulo de sentimientos encontrados, que lo desasosiega quitándole el sueño y la tranquilidad: impotencia por no poder estar al lado de los suyos, satisfacción por lo que se está consiguiendo, miedo por la llegada de tropas nacionales que a la vez son las tropas que a él le obligan a defender, alivio porque podía haber sido uno más de los soldados que intentaran conquistar la zona, terror al sopesar las muchas posibilidades de conquista y las durisimas represalias que sabía se llevarían a cabo y contínuos pensamientos que lo mismo saltaban del pesimismo más cerrado a la esperanza de conseguir vencer a los rebeldes, rebeldes entre los que él se encontraba contra su voluntad y al final la clarísisma percepción de que él, muy a su pesar, estaba en un bando y sus padres y hermana, en otro y ¿que consecuencias acarrearía esta situación cuando alguno de ellos alcanzara la victoria?
Después de la avalancha de cartas recibidas los primeros días, y leidas y releidas decenas de veces, empezó a escribir, sabía que a ellos también le estarían llegando las suyas, que estarían felices de saberlo en buen estado y no quería dejar pasar ni un solo día sin escribir, quería que estuvieran tranquilos en todo lo que a él acontecía, les animaba, les aconsejaba, les intentaba transmitir tranquilidad y por supuesto omitía intencionadamente los difíciles momentos que estaba viviendo y la enorme peligrosidad de su misión en la sierra.
Después de ésto un largo silencio, las cartas dejaron de llegar, y a pesar de que sus compañeros lo animaban intentando quitar importancia a la falta de noticias, alegando cuarenta mil motivos (pérdida de la saca de correo, sabotaje al tren de Sevilla que las traía, falta de enlace con el avión.. en fin lo primero que se les ocurría) él no podía vivir, temía e intuía que algo grave estaba pasando para que no le escribieran y los treinta días de silencio, para él fueron como treinta años de angustia, zozobra y temor machacándolo cada minuto del día y de la noche. Adelgazó y un cigarro encendia otro y otro y otro,era lo único que parecía calmarle un poco y se volvio adicto al tabaco, le costaba enormemente no tener un cigarro en la mano y esa adicción ya no pudo superarla durante el resto de su vida, se convirtío para siempre en un toxicómano de la nicotina y como todo enganchado a cualquier tipo de adicción, le pasó factura con los años. Al fin, pasado este tiempo, cuando ya la nieve cubría la montaña y las noches se convirtieron en un calvario de frío, sufrmiento y miedo, llegó la carta que nunca hubiera querido tener entre sus manos.
La carta esta vez la escribía su hermana Rosarito, lo supo nada más coger el sobre con sus manos temblorosas de emoción, porque conocía su letra, esa letra temblorosa, redonda, con palabras y palabras enlazadas unas a otras, llenas de faltas de ortografía, frases que casi había que descifrar para entenderlas y l borrones de tinta, borrones que aparecían corridos, corridos por sus lágrimas -se dijo- y no se equivocó. Decía más o menos así, al dictado en esta ocasión de su madre:
Querido hijo:
Espero que a la presente te encuentres bien. Como verás no podemos decirte como siempre: nosotros bien a Dios gracias, porque, y siento tener que decirtelo, no estamos bien, y no vamos a dar la gracias a nadie y menos a Dios, que parece se hubiera olvidado de nosotras.
Con todo mi pesar con toda mi pena, sabiendo que al comunicarte esta noticia, te voy a producir el mayor dolor que en tu vida hayas podido padecer, te diré que tu padre ha muerto. No puedo por carta darte detalles de como ha ocurrido, cuando nos veamos te lo explicaré todo. Te diré que Rosarito no tiene consuelo porque sabes lo unida que estaba a él y yo, lucho hasta lo imposible para seguir hacia adelante, aunque sin tenerlo a mi lado nada es igual, ni lo podrá ser, pero sigo andando porque tengo dos estrellas que me alumbran y me dan fuerza, luz y valor para vivir, ya sabes que me refiero a tu hermana y a tí.
Ya sé el daño tan tremendo que esta carta te está produciendo y el dolor y el sufrimiento que estás pasando y te queda por pasar, pero quiero que te sobrepongas, que no te dejes vencer, por dura que es la noticia, que la vida nos muestra con demasiada frecuencia su cara más fea, pero al mismo tiempo tambien sabe regalarnos cosas hermosas y solo por eso merece la pena seguir, porque por muy mal que se porte, siempre hay o habrá motivos para querer vivirla, y ahí radica su belleza y su sentido, en el amor a los tuyos, a los que aquí se quedan, a los que te necesitan, a los que puedes volver a hacer felices con tu cariño y para recordar y llevar siempre en el corazón al ser tan querido que se ha ido y en los momentos vividos junto a él. Por eso y muchísimo más, hay que mirarla cara a cara y decirle: aqui estoy para lo que mandes, que yo aunque a veces no te entienda, quiero seguir contigo.
Por nosotras no sufras, la familia nos ayuda hasta que las cosas se tranquilicen y pueda buscar un trabajo con el que podamos vivir y yo estoy segura de que lo encontraré, porque sé que desde arriba, él vela por nosotros.
Sin más se despide de ti, tu madre y tu hermana que te quieren y nunca te olvidan.
"Mi hermano lloró amargamente durante días y días, no se lo podía creer, le parecía que todo lo que estaba pasando no era verdad, que se trataba de un larguísimo sueño cuyo final sería el despetar, un despetar que lo devolvería a la realidad cotidiana, feliz, de los último días vividos en el pueblo junto a nosotros, de sus paseos por sus calles agarrando mi mano, riendo por cualquier tontería, de sus charlas con nuestro padre, de la alegría eterna de nuestra madre, de la tienda que le había visto hacerse hombre junto a D.Froilan y Dña. Encarna, de sus proyectos para el futuro todos juntos... pero no, al momento se daba cuenta que estaba divagando y que la realidad era la que era, la de la guerra, la del sufrimiento y la de la muerte de su padre, y que ese despertar no se iba a producir porque lo que estaba pasando no era un sueño.
Leía y releía la carta intentando detectar alguna clave oculta, alguna palabra no leida, que le diera un poco de luz para interpretar la causa de su muerte y el por qué de ese fin tan prematuro, tan inesperado. Sabía que no había sido por enfermedad o accidente, lo supuso porque si así hubiera sido, se lo habrían dicho, no había motivos para no hacerlo, por lo tanto tenía claro que la verdadera causa había sido la guerra, el enfrentamiento, su apoyo a las reivindicaciones de sus compañeros... y que por motivos de seguridad no se atrevían a comunicárselo por carta. Llegado a esta conclusión supo que esa era la peor de todas, la más dañina, la más ingrata, la más injusta porque perder la vida a los 47 años con mujer y dos hijos, rebosante de salud e ilusión, sin haber hecho jamas daños a nadie, sólo luchar para mejorar su vida y la de los suyos, era lo peor que podía haber pasado y no, no era justo, y para colmo se añadía su situación, pelear y defender a costa de su propia vida, a ese maldito bando, el bando fascista que presentía y creía no equivocarse, había acabado con la vida de su padre.
Empezó poco a poco a levantar cabeza, empezó a pensar en nosotras en el pueblo, ¿sería verdad que estabamos bien?, ¿sería verdad que nos estaban ayudando? o por el contrario ¿estaríamos pasando necesidades, hambre o lo peor, y no quería ni pensarlo, ¿represalias?.
El coraje, el miedo al daño que nos pudieran estar haciendo, el recuerdo de las últimas palabras de nuestro padre aquella noche en el pueblo, que como una fatídica premonición, le pidió que cuando él faltara velara por nosotras, fueron los detonantes para que con más fuerza que nunca, le plantara cara a la vida, como madre le pedía en la carta y le dijera: aquí estoy para lo que haga falta, que yo no me rindo y voy a seguir a tu lado todo el tiempo que Dios quiera, porque sé que alguna vez tendré que ver tu cara más bonita."
Por nosotras no sufras, la familia nos ayuda hasta que las cosas se tranquilicen y pueda buscar un trabajo con el que podamos vivir y yo estoy segura de que lo encontraré, porque sé que desde arriba, él vela por nosotros.
Sin más se despide de ti, tu madre y tu hermana que te quieren y nunca te olvidan.
"Mi hermano lloró amargamente durante días y días, no se lo podía creer, le parecía que todo lo que estaba pasando no era verdad, que se trataba de un larguísimo sueño cuyo final sería el despetar, un despetar que lo devolvería a la realidad cotidiana, feliz, de los último días vividos en el pueblo junto a nosotros, de sus paseos por sus calles agarrando mi mano, riendo por cualquier tontería, de sus charlas con nuestro padre, de la alegría eterna de nuestra madre, de la tienda que le había visto hacerse hombre junto a D.Froilan y Dña. Encarna, de sus proyectos para el futuro todos juntos... pero no, al momento se daba cuenta que estaba divagando y que la realidad era la que era, la de la guerra, la del sufrimiento y la de la muerte de su padre, y que ese despertar no se iba a producir porque lo que estaba pasando no era un sueño.
Leía y releía la carta intentando detectar alguna clave oculta, alguna palabra no leida, que le diera un poco de luz para interpretar la causa de su muerte y el por qué de ese fin tan prematuro, tan inesperado. Sabía que no había sido por enfermedad o accidente, lo supuso porque si así hubiera sido, se lo habrían dicho, no había motivos para no hacerlo, por lo tanto tenía claro que la verdadera causa había sido la guerra, el enfrentamiento, su apoyo a las reivindicaciones de sus compañeros... y que por motivos de seguridad no se atrevían a comunicárselo por carta. Llegado a esta conclusión supo que esa era la peor de todas, la más dañina, la más ingrata, la más injusta porque perder la vida a los 47 años con mujer y dos hijos, rebosante de salud e ilusión, sin haber hecho jamas daños a nadie, sólo luchar para mejorar su vida y la de los suyos, era lo peor que podía haber pasado y no, no era justo, y para colmo se añadía su situación, pelear y defender a costa de su propia vida, a ese maldito bando, el bando fascista que presentía y creía no equivocarse, había acabado con la vida de su padre.
Empezó poco a poco a levantar cabeza, empezó a pensar en nosotras en el pueblo, ¿sería verdad que estabamos bien?, ¿sería verdad que nos estaban ayudando? o por el contrario ¿estaríamos pasando necesidades, hambre o lo peor, y no quería ni pensarlo, ¿represalias?.
El coraje, el miedo al daño que nos pudieran estar haciendo, el recuerdo de las últimas palabras de nuestro padre aquella noche en el pueblo, que como una fatídica premonición, le pidió que cuando él faltara velara por nosotras, fueron los detonantes para que con más fuerza que nunca, le plantara cara a la vida, como madre le pedía en la carta y le dijera: aquí estoy para lo que haga falta, que yo no me rindo y voy a seguir a tu lado todo el tiempo que Dios quiera, porque sé que alguna vez tendré que ver tu cara más bonita."