lunes, 27 de mayo de 2013

"Mi héroe" Desesperación

Mientras mi héroe, queda acuartelado en su regimiento, en su pueblo se empieza a librar una lucha que intentaré redactar siguiendo el dictado de una persona muy allegada a él, muy querida por él, que fue la que me dio, gran parte de los detalles acontecidos esos amargos días de Julio del 36. Me estoy  refieriendo a Rosarito, su hermana, que vivió en sus carnes y en primera persona dichos acontecimientos.

Como ya expliqué en relatos anteriores, las condiciones de vida del campesinado eran teriblemente precarias, los jornales apenas llegaban para comer, no tenían médico, los niños perecían de tifus y enfermedades en un porcentaje elevadísimo, pocos eran los que asistían a la escuela porque desde muy pequeñitos ayudaban en el campo y las viviendas carecian de agua corriente y luz. Los hombres trabajaban desde el amanecer hasta que se ponía el sol, se helaban de frío en invierno y en verano el sol de la campiña, achicharraba hasta sus gargantas. La mujeres criaban a los hijos con mil fatigas, sufrían su pérdida demasiado a menudo, administraban el jornal del marido aprovechando hasta la última migaja de pan mientras que la carencia de agua, las obligaba para proveerse de ella, a cargar con cántaros, cubos, búcaros... hasta la fuente al pie del arroyo.

Poco o nada, les faltaba a estos hombres para rebelarse ante tanta injusticia,  pero carecian de lo más importante, carecían de  valor, el valor para enfrentarse al terrateniente y exigir todos a una, una mejora en sus condiciones de trabajo y de sus jornales, tenían miedo a las represalias, a quedar sin trabajo para alimentar a sus familias, miedo a tener que huir del pueblo que los vio nacer, por lo que año tras años a través de todos los tiempos callaban y apretaban los dientes temiendo, a que en algún momento de desesperación, pudiera salir por su boca lo que les decía su corazón. Pero ultimamente las cosas estaban cambiando, ya había quien se atrevía a levantar un poco la voz, quien, venidos de la capital o de otros pueblos mayores, reivindicaban lo que tanto estaban  necesitando, ya se atrevían a escuchar dichas proclamas y a soñar con una vida un poquito mejor, en la que los hijos pudieran al menos comer y cenar todos los días. No caía en saco roto las charlas, los consejos de gente preparada venidas de la capital y la llamita de la esperanza iba creciendo poco a poco, amenazando  convertirse en  hoguera, una hoguera avivada por aires nuevos, frescos, que podría llegar a arrasar y quemar  todo lo que se le pusiera por delante.
A esto se refería el padre de nuestro protagonista cuando le hablaba a su hijo del nacimiento de una fuerza que podría traer lo mismo dicha que desventura, dependiendo del desenlace final, pero lo cierto es que ya él comprendió con anticipación que el momento había llegado, que el silencio se había terminado y que esa fuerza era imparable, que había que jugársela y que el juego era muy peligroso. Aún así él, hombre realista, con los pies bien plantados en el suelo, no se permitía dejarse llevar por la ilusión, por la fantasía, por lo que él creía una  utopía, y sus recelos aumentaban conformen los días pasaban y el ambiente se enrarecía cada vez más. Y llegó un día, cuando Julio se estrenaba con una "caló" insoportable, con un sol que a fuerza de apretar, agrietaba la tierra que se abría reseca pidiendo agua, dónde hasta los pájaros temiendo a sus rayos se guarecían bajo los chaparros sin osar levantar el vuelo, y los hombres, sudaban por sus poros hasta la última gota de su cuerpo.  Fue entonces cuando alguien dijo: " !Basta ya! o ahora o nunca, ya hay fincas en Extremadura ocupadas por jornaleros, se harán cooperativas, nosotros podemos hacer lo mismo, trabajaremos la tierra con nuestras manos, pero esta vez será para que vivamos dignamente. La Ley de Reforma Agraria aún  no está aprobada, pero el Gobierno consciente de nuestros problemas, esta de nuestro lado, tenemos todas las de ganar y no pasará nada, así que ¿ a qué esperamos?, ! a por todas!, " la tierra es para quien la trabaja". Y esa fue la coletilla, "la tierra pá quien la trabaja" y de esa manera,  todos,  con las azadas, con las hoces en las manos, con las mulas portando aperos y canastos de comida y búcaros de agua y ... sobre todo,  con la esperanza y la fuerza brotando de montones de corazones latiendo en la misma sintonía, sabiendo que el poder era de ellos, que la unión hace la fuerza, se encaminaron al pueblo arrastrando con ellos a mujeres, niños, viejos que se unían a ellos con alegría, hasta los perros parecían entender lo que pasaba y corrían  ladrando y moviendo sus colas como queriendo  mostrar así la alegría.
Lo consiguieron, la Guardia Civil los dejó según órdenes de sus superiores,  reivindicar sus necesidades  y en horas y a las puertas del Ayuntamiento, se leyó un decreto por el que se notificaba que hasta nuevo aviso, las tierras que rodeaban al pueblo quedaban confiscada en beneficio de dicho pueblo y que para evitar enfrentamientos entre las diferentes clases sociales, se instauraba el toque de queda desde las ocho de la tarde hasta las 6 de la mañana. A los terratenientes se les prometío seguridad hacia sus personas y familias y el pago por el "alquiler" de sus tierras, que quedaba pendiente estipular por las autoridades competentes, cuando llegaran de Sevilla.
Entre todo ese gentío, contagiado de la euforia de amigos y compañeros, al padre de mi protagonista, se le esfumó el escepticismo que le había acompañado anteriormente y vivio plenamente esa jornada histórica, abrazado a su mujer y de la mano de su Rosarito, que disfrutaba de lo lindo de lo que para ella era una verdadera fiesta del pueblo. El día terminó en la plaza, frente al Ayuntamiento, con la banda de música tocando a pesar de no ser domingo, y la gente bailando en una verdadera noche de felicidad como nunca habían sentido.
Poco les duró la alegría, quince o veinte días a lo sumo, el 18 de ese mes, llegó la noticia del golpe militar encabezado desde Africa por los generales Mola y Francisco Franco. Las noticias que llegaban al pueblo por parte del Gobierno Central eran que efectivamente había surgido una pequeña insurrección  militar que había tenido poco seguimiento a nivel nacional y que la mayoría de provincias españolas estaban en poder del Gobierno legalmente constituido desde Febrero, gracias a la voluntad del pueblo, y sin lugar a dudas en pocos dias se acabaría la situación con la derrota y a la vez destitución de los rebeldes, que se hacían llamar "nacionales". 


Pero no fue así, se pecó de confianza y la rebelión se fue afianzando en las pocas provincias conquistadas. Entre ellas y una de las más importante, se encontraba Sevilla capital y parte de su provincia. Eso no amilanó a la gente del pueblo que estaba con la República, en este caso la clase campesina, los desprotegidos, los pobres que eran la mayoría y  se equiparon para defender al pueblo y  la Constitución  ante la amenaza de la llegada de los nacionales, que cada vez estaban más cerca. Al final, el 30 de Julio, sin que nadie pudiera evitarlo, las tropas franquistas entraron en el pueblo. Una gran mayoría de campesinos, temiendo a las represalias, se dio a la fuga, abandonaron sus casas, su pueblo, sus mujeres e hijos, se fueron huyendo con lo puesto, sin dinero, a lo más con un poco de pan, un poco de queso o morcilla o lo que pudieron rebañar de  sus casas, una cantimplora llena de agua y un miedo en el cuerpo que los lanzaba campo a través con el anhelo de alcanzar  los montes que los separaban de Málaga,  todavía zona "legal" o como ya era denominada por los nacionales: zona roja.


No lo hizo así el padre de mi héroe, se negó a irse a pesar de la insistencia de amigos, familiares e incluso de su propia mujer e hija. Decía que se estaban sacando las cosas de quicio, que no iba a pasar nada, que a lo sumo se volvería al sometimiento que durante toda la vida, exceptuando las últimas semanas habían tenido al terrateniente y a las clases privilegiadas, que seguro que dicho sometimiento sería aún más duro, pero que más duro para él era abandonar su hogar, vivir lejos de su campiña, de su pueblo, no ver a su mujer, a sus hijos, dejarlas desprotegidas, sin medios para vivir, ¿quien llevaría el  pan a su casa? ¿quien cuidaría de las dos, ahora que su hijo se encontraba en Granada haciendo el Servicio Militar?, en fin... argumentos y más argumentos que rebatía a todo el que le pedía que escapara con él, hasta su hermano, el menor, Antoñito, intentó convencerlo sin  resultado y allí se quedó junto a su mujer y a su hija.

Después todo se desarrolló con gran rapidez. Así lo contaba su hija: El día 31 de Julio, mi padre cumplía 43 años, mi madre tenía 40 y yo me encaminaba a los 13. En aquellos tiempos al menos en mi pueblo y especialmente en nuestra clase no acostumbrábamos a celebrar los aniversarios, como ocurre en estos tiempos, había años que incluso pasaba desapercibidos para la familia, pero yo me acordaba siempre de las fechas de los nacimientos de mis padres y hermano, así que ese día salté de la cama corriendo, preguntando por él, era como si presintiera que algo malo iba a pasar y sólo necesitaba estar a su lado y darle mil besos. Salí a la calle y me entró miedo, estaba desierta, las puertas de las casas cerradas y un silencio forzado, vigilante flotaba en el ambiente, ni los perros ladraban, ni los gallos cantaban, era como un pueblo fantasma, muerto en vida. El pánico se apoderó de mi cuerpo y volví a entrar rapidamente en la casa, mis padres no estaban, pensé que habrían ido a la fuente a por agua y esperé acurrucada en la cama pensando que pronto llegarían o que lo que estaba pasando era sólo un aterrible pesadilla de la que pronto despertaría.

Pasado un tiempo que a mí me pareció eterno, llegó mi padre efectivamente cargado con los cántaros de la fuente, venía sonriente lo cual me tranquilizó, me comentó que mi madre había salido a casa de una vecina que estaba enferma para ayudarla con sus hijos. La realidad era otra, después de mucho meditarlo durante toda la noche, decidió, con muchísimo esfuerzo visitar a su hermano, que era el que ella creía podía ayudarles en el caso de que las cosas se complicaran. Este hermano, su único hermano varón, había sido el más querido para ella porque desde pequeñitos y dada la poca diferencia de edad entre ellos, habían compartido juegos, travesuras, trabajo y principalmente su gran aficción a la música, fue él quien la enseñó a tocar el acordeón y tambien el que  le enseño todas las canciones que sabía, el que la acompañaba tocando en cualquier fiesta o reunión cuando se arrancaba en el cante y el que subía al tablado junto a ella en las fiestas patronales cuando la gente reclamaban su presencia para escucharla, el que le daba la mano para contagiarle su ánimo y su calor ante su miedo en el escenario y el que la abrazaba cuando el público en pie aplaudía enfervorizado por su actuación. Tenía otra hermana más pequeña, Conchita, que siempre quedaba relegada ante ella por él, porque lo adoraba, no concibía que alguna vez tuviera que llegar el momento en que cada uno cogería su camino, por ley de vida, se casarían y esa relación tan estrecha tendría que dejar paso a otra, con el mismo cariño entre ambos, pero más distante. Se prometieron de niños que siempre estarían juntos y que no se casarían, porque no había nada mejor que ese cariño de hermanos compartiendo juntos tantas cosas bonitas.

El tiempo como es natural, los fue madurando y el amor apareció en sus vidas. Ella se prendó de ese campesino guapo, alto y serio que la miraba cuando de regreso del campo pasaba por delante de su puerta, el que vivía en lo más alto del pueblo, el hijo del desgraciado guarda forestal, que murió poco después que sus dos hijos gemelos, de pena y remordimiento. Nunca se perdonó no haber descargado la escopeta cuando llegó de trabajar del monte, esa escopeta culpable, asesina, con la que uno de ellos, jugando al conejo y al cazador, disparó sobre el otro, creyéndola descargada. Cuando llegó tembloroso al lado de su hermano y lo encontró con la cabeza destrozada y el cuerpo bañado en sangre, fue tal la impresión, la pena, la desesperación, que su corazón no pudo aguantarlo y allí mismo a su lado se derrumbó, muriendo con las manos sobre la cabeza destrozada de su hermano, y ella supo desde el primer momento que lo vio, que era al único que podría querer, al que le podría transmitir un poquito de esa alegría suya, de ese optimismo ante la vida, después de una infancia y juventud tan desgraciada. Se hicieron novios contra la voluntad de su hermano, que pensaba que no era el hombre apropiado para ella. Ella, la moza más alegre del pueblo, la de la voz maravillosa, la que gustaba divertirse, cantar, hablar con todo el mundo, no podía encanjar con ese hombre tan serio, tan huraño, que arrastraba desde hacía años una tragedia tan tremenda, tan difícil de superar, que tendría que trabajar de sol a sol para medio alimentarla a ella y a los hijos que tuvieran y las penalidades y estrecheces que su hermana  tendría  que vivir a su lado, porque sin venir ellos de  una familia rica ni mucho menos, vivian bien sin que les faltara nunca lo necesario. Así empezó a fracturarse esa idílica relación fraternal, a ella no le importaba nada de lo que él le aconsejaba, sólo quería vivir al lado de ese hombre, daba igual las condiciones, ella lo quería por encima de todo y no iba a renunciar a casarse con él y así lo hizo y su hermano no pudo impedirlo.

Florencio no asistió a la boda, su ataque de celos, de frustación, de soberbia se lo impidió y ella no le podía perdonar que el día más bonito de su vida, estuviera ensombrecido por su ausencia. Después él entabló relación con una de las hijas del mayor terrateniente de la comarca que se opuso a la relación, pero ante el empecinamiento de la novia por casarse a costa de lo que fuera, el dueño y señor de las tierras, dio su consentimiento para celebrar la boda.
De esa manera, Florencio pasó de ser uno más del pueblo, hijo de un tendero de la calle Mayor, a señorito, a mirar la vida  desde el lado de los ricos, a luchar por sus privilegios a costa de mancillar si hacía falta a los que en un tiempo fueron amigos y a tratar a los trabajadores del campo con el mismo desprecio y altivez que  su suegro. Entre ellos a su propio cuñado, al que ni siquiera osaba mirar a la cara. Se hizo conservador, de derechas y se afilió a ese partido tan elegante portadores de camisa azul, llamado Falange Española que también se acoplaba a sus nuevos ideales. Tanto se involucró, que a partir de las últimas votaciones de Febrero y ante lo que Falange intuyó se le avecinaba por parte del campesinado, lo nombraron por votación unánime Jefe del Partido Falangista de la comarca, los miembros de dicho partido, comprendieron que no podía haber candidato mejor que él, tenía la fuerza y la  suficiente sangre fría para controlar la posible rebelión.

Llegó feliz a su casa, disimulando ante su marido la emoción que la embargaba para que no sospechara dónde había ido en realidad y los frutos de su temida visita. Su hermano la recibió con los brazos abiertos, la llenó de besos, se abrazaron y lloraron juntos recordando los buenos tiempos pasados y el tiempo perdido por la tozudez de ambos. Ante su petición él le prometió que nunca permitiría que nada les pasara, porque en realidad nada iba a pasar, lo único que harían sería restituir la calma en el pueblo y alentar a la gente a que siguieran con su vida normal, con sus trabajos, con sus quehaceres cotidianos y nada más. Ella se encargó de alentar a vecinos y amigos para que salieran del pozo de temor y angustia en que se encontraban, prometiéndoles que no pasaría nada y que la situación estaba completamente controlada, lo sabía de muy buena tinta y les rogó tuvieran confianza.

Nada más lejos de la verdad, esa misma madrugada, las patrullas de soldados nacionales y falagistas del pueblo, se encargaron casa por casa de detener a toda persona  que semanas anteriores tuvieron la osadía de arrebatar las tierras a los dueños que, generación tras generación habían ido heredando  de sus antepasados. 

Uno de los noventa o cien detenidos, era su marido. Y la desesperación la envolvio. 


domingo, 19 de mayo de 2013

"Mi héroe" Guerra y muerte

Quiero dejar constancia antes de continuar con esta historia, que de  esta etapa en la vida de mi héroe,  la que ésto escribe, conoció los acontecimientos personales de su vida, por personas muy cercanas al protagonista, pero nunca por sus propias palabras, sólo me contó lo más relevante, lo que no podía ocultar por razones que más adelante comprendereis, pero sus sentimientos, sus sufrimientos, sus angustias... nunca me las transmitio personalmente, ni yo en aquella época pregunté, pero que conociendo su manera de ser y de sentir, imagino por lo que tuvo que pasar y sufrir y que su negativa a dar detalles y a contar lo que él sentía, sólo era debido al dolor tan inmenso y al daño que le producia rememorar tan tremendos acontecimientos. Él, como excelente narrador que era, era capaz de dirigir y engancharte con la historia, saltándose hechos que le eran muy amargos sacar afuera. Ahora me pesa como una losa el no haber sabido en aquellos momentos  darme cuenta  de la historia tran tremenda de la que era partícipe  y no haber insistido un poco en los detalles, detalles importatísimos que después he conocido.

Avanzaba el mes de Mayo, cuando fue llamado a filas. Por sorteo le tocó incoporarse al Ejército de Tierra, división de Ingenieros y dentro del mísmo, al Centro de Transmisiones (RRMP) es decir, Red Radio Telegráfica Militar Permanente. Lo mejor, quedaba en la misma capital, ya que de las pocas divisiones existentes de esta sección, una de las más importantes se encontraba en Sevilla. La suerte hasta el momento le acompañaba, quitando el periodo de instrucción y asesoramiento que tendría que efectuarlo en la provincia de Granada durante tres meses, el resto hasta el año y medio de servicio, lo llevaría a cabo en su ciudad, e incluso según testimonios de veteranos a punto de licenciarse, se disponía de las tardes libres, a excepción de los días que le correspondia hacer guardia.

Llegó a la tienda del Sr. Froilán como loco para dar la noticia, se incoporaba dentro de un par de semanas y preveía que para mediados de Agosto ya estaría de vuelta para comenzar a hacer casi su vida normal. Trabajaría por las tardes en la tienda, podría limpiar, arreglar, reponer a la hora del cierre, dormir en su habitación-almacén y de ese modo facilitaría extraordinariamente el trabajo para el día siguiente al dueño, que ya contaba con un mozo para ejecutar las labores más pesadas. Todos se congratularon con la feliz noticia y lo celebraron con un almuerzo en el que la Sra. Encarna guisó un pollo como sólo la noche de Nochebuena saboreaban. Escribió a sus padres comunicando la buena noticia y ya todo su deseo se centró en que pasaran rapidamente los días para incoporarse a filas, vivir una experiencia nueva, visitar Granada que todo el mundo que la conocía hablaba maravillas de ella y volver pronto, cuanto antes, no veía el momento de poder traerse a la familia y vivir junto a ella el día a día, que ya casi ni recordaba: dormir sintiendo la respiración de ellos, levantarse al amanecer con sigilo para no despertarles, almorzar los guisos de su madre mientras hablaban y regresar ya avanzada la noche a un verdadero hogar, con una mesa esperándole, una sopa caliente, un arroz con leche de postre, unas risas, unas charlas, un cigarro en compañía de su padre en un patio lleno de flores escuchando de fondo los sonidos, las voces, la música, de la vida, en una casa de vecinos.

Llegó el día esperado, abrazó al que había sido su tutor durante tantos años, a su esposa que incluso se le escaparon algunas lagrimitas, que secó disimuladamente con el pico de su delantal, prometió escribir todas las semanas y después de rogarles una y otra vez que se cuidaran mucho, partio para el cuartel con cinco pesetas en el bolsillo y un pequeño hatillo depositario de un pañuelo, una muda, un retrato de su madre y la última carta recibida, escrita todo sea dicho, desastrosamente por Rosarito, que no acababa de aprender a pesar de que ya tenía doce años e iba todos los días a la escuela. Según decía su padre era bastante  dura de sesera  no había manera de que aprendiera a escribir sin cometer una falta de ortografía palabra sí, palabra no, iba siempre a contracorriente, las uves eran bes, las haches no existian, las jotas y las ges las intercambiaba caprichosamente y los puntos y  las comas, borrados del mapa, si alguien hubiera querido leer sus cartas atendiendo a las leyes gramaticales, hubiera muerto por asifixia porque no daba resuello, y lo más llamativo, no separaba las palabras que aparecian unidas unas con otras, durante renglones y renglones, solo de vez en cuando se permitia un respiro, comenzando en el siguiente renglón y volver a las andadas. Ella decía que eso no importaba, que las letras como todo en la vida debía estar enlazado y no sería ella quien empezara a separar, porque las separaciones, todo el mundo lo decía, eran odiosas y que el mundo marcharía mejor si todos y todo estuvieramos juntitos, y  nunca rectificó su forma de escribir, siempre hasta su muerte, sus cartas eran verdaderos jeroglificos para el que las recibia. 

Lo tallaron, lo pelaron al rape, le echaron polvos desinfectantes por el cuerpo y lo vistieron de soldado. Cuando se pudo mirar a un espejo no se reconoció, lo mejor que según él tenía, era su pelo, negro azabache y ondulado, que peinaba hacia atrás marcando las ondas, esa forma de peinarse le daban (según su fieles clientas) una gran apostura a su cara, despejando su frente de cejas rectas enmarcando unos ojos oscuros llenos de vida, además compensaba  un poco su baja estatura, herencia de su madre," bajita pero mu bien formá", según escuchó a su padre decir un día. A él le traía sin cuidado no tener la altura de su padre, la naturaleza era así, y le había tocado ser bajito, era consciente de que su atractivo, no radicaba en su presencia física, que sin ser feo, tampoco era un "Car Cable" (Gart Gable, su héroe de tantas películas, cuyo nombre traducía al pie de la letra), su atractivo radicaba en su simpatía, en la alegría de su mirada, en su sonrisa, en la forma de contar las cosas, en  su desparpajo o como por aquí decimos en su "gracejo".

Allí en plena Sierra de Granada, en un destacamento que se ocupaba de la instalación y reparación de líneas telegráficas y de radio, le enseñaron lo que a todos los reclutas en cualquier punto o cuartel: a desfilar, a cuadrarse ante un superior, a distinguir las insignias, los galones, las graduaciones de los mandos, a manejar un mosquetón, a disparar, a aguantar sin que los ojos se le cerraran las interminables noches de guardia, a pasar hambre, a comer con gusto, esos ranchos acuosos y malolientes de coles y nabos..., en fin como se decía por entonces a hacerse un hombre, pero además y a pesar de todo eso, aprendió con rapidez, porque le encantaba y puso todos su sentidos en ello, el sistema morse de comunicación: raya, punto, raya... tanto por telegrafía, como por sistema óptico, sistema del que llegó a ser un verdadero maestro emitiendo señales mediante el mencionado sistema morse utilizando espejos. Fue un orgullo para él, un chico de pueblo, casi casi analfabeto, que fue capaz de aprender un método tan complicado y  nunca en toda su vida se le olvidó cómo cada letra,  cada palabra se formaba a base de esos puntos y rayas y como se emitía y se recibian las señales.

Mientras tanto, la situación en España, empeoraba por momentos:
- A consecuencia de una serie de atentados de Falange Española, se detiene a su jefe Jose Antonio Primo de Rivera, que es encarcelado, con la consiguiente disconformidad no solo de sus seguidores sino tambien de todas las fuerzas de derecha y monárquica, acarreando con ello una gran ola de nuevos atentados y violencia.
- La ruptura o escisión   del PSOE que queda dividido en dos alas, una más conservadora dirigida por Indalecio Prieto, decidido a refrenar los excesos revolucionarios de comunistas y anarquistas, temiendo al fantasma más que posible de la rebelión militar y la otra por  Largo Caballero que aglutina a los líderes más radicales de la izquierda, dispuestos a continuar con las reformas y revoluciones que se están llevando a cabo.
- Los militares que conspiran descaradamente con aristócratas, terrratenientes, obispos, financieros, alta burguesía... para terminar con lo que ellos consideran la entrada en desbandada del comunismo. Todo ello dirigido principalmente por el General Mola, Sanjurjo, Franco, Queipo de eLlano...

El detonante que hace que la conspiración y los contactos con representantes de las clases sociales antes mencionadas, se unifique llegando a un acuerdo para llevar a cabo el golpe con unas garantías de triunfo medianamente satisfactorias, se produce con la muerte del diputado monárquico Calvo Sotelo a manos de Falange, hecho que consideran intolerable y les da el impulso y la fuerza que estaban esperando.

De esta manera, el 18 de Julio de 1936 estalla el golpe militar y con él contra todo pronóstico una Guerra cruenta, vergonzante, en el que los dos bandos se enfrascan en una lucha fraticida, que duró tres años y causó mas de un millón de muertos.

La Guerra había comenzado mientras nuestro protagonista estaba a punto de finalizar su periodo de instrucción. Su destacamento quedó acuartelado sin perspectivas de regreso y ante ellos se presentaba un futuro de destrucción y miedo como nunca se había vivido.


sábado, 11 de mayo de 2013

"Mi héroe" "Ya eres un hombre"



No quiso comunicar por carta a sus padres las magnificas noticias, quería estar con ellos cuando se enteraran, ver la cara de orgullo de su madre, la satisfacción del deber cumplido de su padre y los ojitos negros brillantes y risueños de su hermana, palmoteando de alegría. Le parecía que el tiempo no pasaba, que el reloj se había quedado parado en la hora de la feliz noticia y como consecuencia  las horas se le hacían días y los días semanas, pues no veía llegar el momento de subir a la camioneta (!que lejos iba quedando ya la carreta del cosario) que le llevaría al pueblo. 

Mientras tanto, él estaba totalmente ajeno a los nubarrones que poco a poco iban apareciendo por el horizonte de la vida social y política de esa España de 1936, de esa pobre España en la que  era imposible poner de acuerdo a las clases, para intentar llevar al pais a la modernidad, al equiparamiento y la integridad en una Europa  moderna que hacía años había despegado y que nos llevaba años luz en todos los aspectos.

 En Enero el presidente de la Republica, Alcala Zamora disuelve las Cortes y convoca elecciones para el 15 de Febrero. Comieza una campaña vertiginosa por parte de todos los partidos en su lucha por obtener el triunfo en la que prevalecen, las amenazas, la violencia y la discordia. Los republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas.. es decir las fuerzas de izquierda conscientes de que cada uno por su lado no conseguirian nada, se alian creando el Frente Popular, no ocurre igual con las derechas, que disuelven la Ceda y no llegan a  ningun acuerdo con monárquicos y falangistas y se presenta cada uno por separado. Co mo era de preveer, ante esta situación ganan las fuerzas aliadas del Frente Popular que se apresura a tomar ese mismo día la decisión de decretar el toque de queda a partir del dia siguiente, intentando de esta manera evitar enfrentamientos y violencia por el descontento de las organizaciones de derechas, sobre todo y en gran medida temiendo las represalias de Falange que ya había anunciado con antelación  que si salia victorioso el Frente Popular no lo reconocerían.

Ante todos estos acontecimientos, el miedo en las calles, las amenazas, los rumores de un posible golpe militar... a él  en su ignorancia política, no llegaba a alcanzar el tremendo drama que poco a poco iba rodeando a todas las estructuras del Estado, y que los nubarrones que parecían amenazar su cielo, en poco tiempo, serían barridos por los rayos de un sol brillante y protector. Solo tenia cabeza y corazón para vivir con fuerza su ilusión, sus sueños, que estaban a punto de realizarse y por ello en su entendimiento no podía tener cabida  que lo que estaba sucediendo pudiera llegar a quebrar un vida que se le presentaba !por fin!despejada y bonita.

Y llegó la época del año que más anhelaba, la Semana Santa, y no porque le gustaran especialmente las procesiones, que todo sea dicho de paso, le emocionaban, pero era mucho más fuerte el hecho de que desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección no trabajaba y podía pasar con su familia !cuatro dias! para él unas vacaciones en toda regla. Eran éstos,  los únicos días del año en que los dueños de la tienda se daban un respiro y cerraban, para, de esa manera poder disfrutar con toda intensidad de momentos plenos  de recogimiento, de ver pasar las cofradías, de  vivir la madrugá, de saborear las excelentes torrijas que Dª Encarna elaboraba como nadie, de visitar los templos y  sagrarios dónde rezaban al pie de los pasos de Virgenes y Cristos preparados con todo su esplendor, de emocionarse con el  desfile de los "·armaos" con sus maravillosas plumas en los cascos, mientras pasaban bajo el balcón de su casa, adornado por una gran palma bendecida que colocaban el Domingo de Ramos... y todas las costumbres y tradiciones acumuladas y repetidas a través de los años.  El Sr. Froilan y esposa lo vivian con gran fervor religioso y por nada del mundo hubieran abierto las puertas de su negocio esos dias en los que se conmemoraba la muerte de Jesucristo.

El mismo Jueves Santo de mañana, muy temprano, con una pequeña maleta y su traje bien planchado, cogia la camioneta que lo llevaría a su pueblo, al pueblo en el que nació y dónde le esperaba su familia, lo más preciado para él.

" Iba llegando al pueblo y la sequía del año había hecho sus estragos en el campo, el paisaje otras veces en ese tiempo, verde, salpicado de amapolas y margaritas, de cosechas brotando de una tierra oscura palpitante de vida, del arroyo abriéndose paso a través de árboles y olivos en flor, ahora aparecía amarillento con una tierra reseca llena de peñascos que parecian pedir a gritos el agua que no llegaba, y un arroyo casi estancado en el que la poca agua de su caudal, se veía verdosa, como pegada a una tierra que no quisiera dejarla avanzar. Parecía como si hasta la naturaleza estuviera confabulada con la situación y mostrara de esta manera su descontento,
Cuando bajé de la camioneta todo se evaporó, ese momento de inquietud vivido horas antes, durante el viaje, dio paso nuevamente a mi optimismo, a no querer pensar en nada que pudiera estropear mi momento, y cuando sentí los abrazos, apretones y besos que mis padres y hermana descargaban sobre mi, pensé que no podía haber nada en el mundo que me hiciera daño. Fueron cuatro días que nunca podré olvidar, hablábamos los cuatro hasta la madrugada, hacíamos planes de futuro, paseábamos por la calle Real durante el atardecer con familiares y amigos, volví con el alba al tajo con mi padre, a comer bajo un olivo el tocino y la morcilla con la rebanada de pan acompañados de buenos tragos de vino, visité las tumbas de mis abuelos ya fallecidos, jugué y me rei a pleno pulmón con las cosas de mi Rosarito, que seguía sin saber llorar y volví a escuchar embelesado la voz de mi madre cantando aquellas canciones antiguas que me emocionaban. !Cuanto se puede llegar a sentir, cuanta salud para el alma y que poco se necesita cuando está uno al lado de los que te quieren!

Sólo una sombra de preocupación  me atenazaba de vez en cuando, era mi padre, a veces lo encontraba pensativo, algo apagado, él intentaba disimular cuando me sorprendía observándolo, pero yo tenía la sensación de que algo pasaba por su cabeza, lo encontré prematuramente envejecido, su cara estaba ya excesivamente curtida y las primeras arrugas se marcaban con fuerza, el sol, el viento y las heladas en el campo daban sus frutos y algunas canas aparecían en sus sienes, y hasta me parecía notar que habia menguado, no me parecía tan alto, pensé que nadie de la capital podría creer si lo vieran que sólo tenía cuarenta y tres años. La noche antes de volver a Sevilla mientras cenábamos, me comentó que cuando terminaramos y por ser la última noche que pasaríamos juntos, quería que saliéramos sólos, sin las mujeres de la casa, porque quería pasar conmigo un rato y charlar de hombre a hombre, de cosas de hombres, insistió, cuando mi hermana se quejó de lo que a ella le parecía una injusticia, ya no habló más hasta que salimos de la casa.

"Hijo - me dijo - a la vez que abría su petaca y me ofrecía un cigarro, ya tienes edad de fumar delante de tu padre, porque ya te considero y sé que eres un hombre cabal". Cogí el cigarro con las manos temblorosas por la emoción, nunca en toda mi vida me había sentido tan cerca de mi padre y a la vez tan valorado. Empezamos a andar sin rumbo fijo, callados saboreando el humo del cigarro y perseguidos por una luna que parecía iba a explotar de luz y grandeza. Así llegamos a las afueras del pueblo y allí sentados en un pequeño montículo al pie del camino, empezó a hablar. " Las cosas andan mal por el pueblo, la gente está alborotada, demasiado a mi parecer, se rumorea que el gobierno ha empezado la revolución agraria y ya hay muchas tierras que están siendo ocupadas por los jornaleros, con el beneplácito del gobierno, aquí ya se habla de hacer lo mismo, vienen gente preparada de otros pueblos dando información, instigando a la gente a que esta situación hay que cambiarla, que no es justo que las tierras estén en manos de terratenientes que se llevan todos los beneficios mientras los campesinos apenas si pueden sobrevivir, que la tierra tiene que ser de quien la trabaja y que nuestras condiciones de vida tienen que cambiar. Y yo pienso que así debe de ser, que no está bien que uno se lo lleve todo y otros nos arañemos las tripas comiendo al día un poco de pan duro con tocino, que nuestros hijos ni siquiera puedan ir a la escuela y nuestras mujeres se hagan prematuramente viejas a base de sufrir necesidades y calamidades, pero por otro lado pienso que los señores no se van a quedar de brazos cruzados y eso me da miedo, porque esta vida está hecha así, para que haya ricos y pobres y para que los ricos estrujen a los pobres y por eso creo que esto no va a traer nada bueno, digan lo que digan, por eso, hijo, he querido hablar contigo antes de que te vayas, quiero que sepas que te quiero y que mi meta ha sido, como sabes, sacarte de este infierno, y ahora sé aun con más seguridad que hice lo que tenía que hacer. Y ahora te pido solo una cosa que quiero que cumplas: que si por alguna circunstancias me pasara algo, tu quedas como el cabeza de familia y a ti corresponde cuidar de tu madre y hermana, no las dejes nuncas, lucha todo lo que tengas que luchar por su bienestar, cuidalas y dale todo el cariño del mundo"

Quede paralizado, primero una ola de calor agobiante me recorrió el cuerpo y después un miedo irracional se apoderó de mi, ¿que quería decir mi padre? ¿que podía pasar algo terrible?. Me agarré a sus manos y le miré atemorizado, nunca había pasado por mi cabeza que pudiera faltarme antes de que hubiera vivido una vida más tranquila y una vejez rodeado de nietos, y casi sin que me saliera la voz de una garganta que me ahogaba, le dije que no iba a pasar nada, que dentro de un años cuando volviera de la "mili" y si todo salía como pensaba, nos iriamos  a Sevilla y viviriamos felices, pero que si él creia que las cosas estaban tan mal que se vinieran ya a la ciudad, que ya me encargaría yo de buscar una habitación para ellos y seguro que el Sr. Froilan le encontraba algun trabajo. Empezó a reir como yo nunca lo había visto, porque a serio no había quien le ganara, me abrazó: "Vamos, hijo, que ya eres un hombre, no actues como un niño, claro que lo más seguro es que no pase nada y las aguas se calmen, y ya habrá tiempo de pensar el día de mañana nuestro traslado, pero hay que hablar de todo entre hombres y tienes que estar enterado de la situación que hay en el pueblo. Es casi una excusa para decirte que cuando yo falte sea cuando sea, veles por ellas". Se lo prometí dándole un abrazo, quedé más tranquilo al escuchar su risa y ver el brillo de sus ojos en la oscuridad de la noche, volvimos a casa con su brazo sobre mis hombros y me sentí el hijo más querido del mundo.

A la mañana siguiente, cogí la camioneta de vuelta a Sevilla, mientras se alejaba, veía a los tres diciendome adios con la mano, rompí a llorar sin que nadie se diera cuenta. No podía imaginar ni en la peor de las pesadillas, que ésta había sido la última vez que mis pies habían pisado las calles, el paseo, el campo, la casa de mis padres de mi pueblo".

martes, 23 de abril de 2013

"Mi héroe" 3ª parte





irme con la manita de mi hermana entre mis manos. Pero, era evidente que aquello no era un mal sueño, era la realidad, la que mi padre había elegido para mi, pensando que de esa manera viviría una vida mejor que la suya, ya que en el pueblo el único futuro estaba en el campo. Quería que conociera mundos distintos, que aprendiera a hablar como la gente de ciudad, que aprendiera bien el oficio y me pudiera valer por mí mismo. Ahora casi en el final de mi vida pienso muchas veces que se equivocó, que mi felicidad estaba en el pueblo al lado de ellos, pero por otro, pienso también que acertó de pleno, pues  la vida es tan imprevisible, da tanta vueltas que nunca se sabe lo que puede  pasar y en aquel tiempo nadie, ni por asomo, podía sospechar lo que se nos avecinaba, una guerra fraticida que si me hubiera cogido en el pueblo, ahora sería poco probable que estuviera aquí.

Por fin el carro paró y me vi de pie en la carretera, frente a una tienda preciosa, grande, como jamás creí que existieran, !que diferencia con la de Manolita, del pueblo! Una puerta con dos alas mitad madera y en la parte superior cristal, por ellos se podía entrever un gran mostrador flanqueado por dos balanzas blancas y al fondo, hileras de estanterias que llegaban hasta el techo cargadas de latas apiladas de conservas, botellas de vino y licores, cajas de infusiones, cafe de Colombia.. A un lado de la puerta de entrada un gran ventanal, desde dónde podía verse una gran cantidad de ultramarinos, todos colocados con gran maestría: sacos blancos rebosantes, de lentejas, de garbanzos y chicharos, tinajitas de  miel, quesos manchegos, morcillas y tocinos, huesos del puchero, latas de melocotones en almibar y conservas de caballa, de atún... y en una esquina una enorme pata de jamón. Eso -le dije al cosario- no es una ventana al uso, las ventanas del pueblo están adornadas de macetas con flores de colores o helechos o jazmines. El cosario me aclaró que a "eso" se le llamaba en la capital escaparate y que servía para que la gente que pasaba por la calle pudiera admirar la variedad y calidad de productos que se podía comprar en esa tienda, pues al resultar tan apetecibles a la vista !cuanto no sería al paladar! apremiaba a la gente a comprarlas. Cosas de la ciudad -decía- es que lo sevillanos, para esto de los negocios son "mu avispaos". Me mareé, todo me daba vueltas y el estomago me subía hasta la garganta pidiendo su ración, !había tantas cosas para comer! y casi nada de lo expuesto era conocido por mi paladar, pero seguro que todo debía estar buenísimo.

Casi desfallecido el cosario me introdujo en la tienda, alli conocí al Sr. Florian, el dueño, un señor ya mayor, que me sentó sobre un saco de patatas pues no me mantenía en pie, y a la Sr. Encarna su esposa, que viendo el estado en el que me encontraba, tardo poco en traerme un tazón de caldo que me supo a gloria. Ya algo repuesto y sin apenas atreverme a levantar la cabeza, el amo me explico que ellos vivian en el piso de arriba, pero  yo tendría que dormir abajo, en la trastienda, pues en su casa no disponian de sitio para mi. Que tendría que levantarme todos los días a las 6 de la mañana para limpiar la tienda antes de que la clientela empezara a llegar, que tendría que ocuparme de preparar y llevar a los domicilios en un carrillo los emcargos, empaquetar, hacer cartuchos, mantener las balanzas brillantes, descargar de los carromatos la mercancia y colocarla, etc., etc. y por supuesto encargarme de mi aseo personal, lavar y planchar mi ropa además de llevar siempre colocado  el babi marron que me había comprado como uniforme de trabajo.Terminó diciendóme que mi padre le habia hablado bien de mí y esperaba que no le desfraudara, que estuviera siempre atento y dispuesto para aprender y hacer las cosas bien. Sin más abrió la puerta que comunicaba con la trastienda y se despidió hasta el día siguiente.

Corrí hacia la puerta de la calle en cuanto me ví solo, con un poco de suerte podría llegar a tiempo para ver cómo el carromato que me había traido de mi pueblo se alejaba por aquella calle estrecha y oscura, se iba el único lazo que me unía a los mios y no pude evitar que las lágrimas corrieran por mis mejillas manchando a la vez el cristal de la puerta porque mi cara no quería despegarse de ella. Al cabo de un tiempo que no pude calcular si fue grande o pequeño, me volví temblando de miedo hacia la trastienda, el lugar que de ahora en adelante sería mi casa. En ella se atiborraba la mercancia: sacos apilados, botellas, latas, tinajas de aceitunas... del techo colgaban jamones, resumiendo aceite y chorizos y morcillas y un bacalao seco, y más quesos y especias de todas clase en saquitos: pimienta, orégano, tomillo, comino... el olor de toda esa variedad de productos era intenso y me molestaba, pero con  el tiempo me fui acostumbrando a él, a ese olor característico  de las tiendas de ultramarinos de la época. En un rinconcito debajo de una ventanita casi al ras del techo, habían colocado mi cama que más que una cama era  un camastro que carecia de almohada, con un colchón de "borra", las sábanas y una manta. Una caja de madera, hacía las veces de ropero y en la tapa de la misma, una vela sujeta en el gollete de una botella de vino me alumbraría por las noches, porque a pesar de que había luz electrica y una bombilla colgaba del techo, no me estaba permitida encenderla para ahorrar consumo. Una palangana blanca y una jarra de porcelana junto a un pequeño espejito en la pared servirían para mi aseo y justo al lado una puerta comunicaba con un pequeño patio cargado de macetas llenas de flores, 3 o 4 jaula de pajaritos, una pila para lavar la ropa, y al final un pequeño cuartito con un retrete, un cubo de cinc para echar agua, y un gancho que atravesaba hojas de papel de periodico. Ese iba a ser en adelante el sitio en el que viviría, lejos de los mios, de mi querido pueblo, de mi  campiña y mi arroyo."

Fue todo muy duro para él , porque a pesar de que  los dueños lo trataban bien, estaba bien alimentado,  fue probando alimentos que hasta entonces le eran desconocidos, le encantaba el bullicio de la calle,el trasiego de la gente, la chavalería jugando en la calle...,  le faltaba el cariño de sus padres, los juegos con Rosarito, las carreras por la calle Mayor tras las zagalillas, las siestas bajo un árbol en la campiña cuando a veces su padre se lo llevaba con él, la risa,  la alegría, las canciones de su madre, la banda de música los domingos en la plazuela, los baños en el arroyo mientras las mujeres lavaban la ropa, la libertad... Pero a todo se termina acostumbrando el ser humano, y él no iba a ser menos, a pesar de la añoranza, de la tristeza por lo que había dejado atrás, supo sacar lo bueno de esta situación a pesar de su corta edad. Saltaba de la cama pensando que tenía que aprender mucho, porque en el futuro cuando se hiciera mayor, soñaba con tener una tienda como aquella y de esa manera se podría traer a su familia a Sevilla, quitar a su padre del trabajo del campo y a su madre de las incomodidades y penalidades que padecía, soñaba con  conseguir que su hermana se hiciera una señorita de capital, con visitar todos juntos el pueblo en las fiestas de la patrona, y reunirse con toda la parentela. Ese era su sueño y eso le daba fuerzas para empezar cada día con fuerza su jornada de trabajo, jornada que se alargaba desde las 6 de la mañana hasta la 10 de la noche, hora en que una vez cerrada la tienda la  preparaba y ordenaba para el día siguiente.  Así todos los día de la semana incluido el domingo, solo ese día por la tarde de 4 a 8 tenía libre para salir y a sus padres los visitaba tres  veces al año, un par de días cada vez , días que apuraba hasta el último segundo en el que tenía que volver otra vez a la capital.

Así fueron pasando los dias, los meses, los años, ocho en total y se hizo un hombre, tenía el mismo caracter alegre, bromista, abierto y risueño que su madre, un magnífico don de gente y un arte para el mostrador que atraía a la gente. Aprendió el oficio a la perfección y se ganó el cariño y la  confianza de su tutor en Sevilla, el Sr, Florian, que terminó casi delegando la tienda en él por motivos de salud y la carencia de hijos. Se aficciono al cine y no había actor o actriz de la época que no conociese, ni película que no hubiera visto, entraba en las sesiones "continuadas" y agotaba el tiempo libre de los domingos viendo películas. Se hizo aficcionado del Betis, porque en la tienda desde que llegó había colgado un escudo del equipo y él que en su vida había ido a un partido de fútbol se hizo bético y hasta su muerte defendió sus colores. Intentaba todos los meses ahorrar un poco del jornal que desde hacía dos años el Sr.Florián le pagaba y comprar regalos para sus padres y "chucherias" y "abalorios" para su hermana que poquito a poco se estaba haciendo mayor. Los años de tristeza, de lucha, de soledad... iban quedando atrás y !por fin! parecía que la vida empezaba a sonreirle.

Finalizaba el año 1935. Tenía 20 años.

Continuará

domingo, 14 de abril de 2013

  • Mi  héroe nació en un pequeño pueblecito de La Campiña sevillana  en los albores del siglo xx.
Su pueblo en aquellos tiempos aparecía  como perdido en el centro de esa gran llanura que es la Campiña, casi totalmente incomunicado. Ni coches, ni  teléfonos, ni telégrafo, sólo  el carromato y la  mula como medio de transporte. Tierras pintadas de ocre, del trigo y de los girasoles, y de la  aridez de las tierras desaprovechadas,  improductivas, muertas., sólo, a lo lejos,  el paisaje se suavizaba con  la banda verde, frondosa de la  arboleda a las orillas del único río que atravesaba la zona frenando   su bajada de  la Sierra gaditana, sierra que aparecia a lo lejos como una  muralla de separación entre ambas provincias.Deslizando la vista  por el horizonte las tierras malagueñas. Pero a pesar de ser un pueblecito con una estupenda situación estratégica por la cercanía de ambas provincias, éste parecía abandonado a su suerte en medio de esa vasta llanura.
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 Vio la luz por primera vez,  en un periodo de la historia en la que el mundo se volvio loco. Los hombres se mataban unos a otros, las mujeres, niños y ancianos morían como chinches o sobrevivian padeciendo todo tipo de calamidades. Era el tiempo de la 1ª Guerra Mundial, de la Gran Guerra, en la que un gran número de paises entraron en lucha por  intereses comerciales y territoriales. España se mantuvo neutral, bastante teníamos con lo que teniamos: no había dinero, el déficit presupuestario subía como la espuma, escaso o nulo desarrollo industrial y del comercio, una situación militar anticuada y precaria, mucha hambre en el pueblo, millones de analfabetos... todo esto unido a una clase política autoritaria y corrupta (despues de casi cien años, seguimos igual) y una monarquía que no se enteraba de nada o no quería enterarse y el nulo interés de ambas clases por poner remedio, nos  llevó a lo de siempre, a una  neutralidad (yo diria que desgana) en parte obligada, pero fundamentalmente deseada.. Es decir hablando en plata, que les importaban  un pito lo que pasaba fuera de nuestras fronteras (!ay que ignorancia!)  de lo que también pasaba dentro mientras ellos siguieran teniendo los mismos privilegios, es decir,  que el mundo se mataba y aqui en España,  como si no fuera con nosotros, e inevitablemente seguiamos anclados en la Edad Media y dirigidos por señores feudales.

El 15 de Agosto de 1915, en una casucha de las muchas existentes  casi en las afueras del pueblo, nació mi héroe, !pobre niño! !que mala época para nacer y para vivir!, sobre todo si se nace donde él  nació, en el seno de una familia pobre, dedicada a trabajar el campo. Un padre campesino, trabajando bajo la  dictadura, la explotación, la avaricia de cualquiera de los tres terratenientes que acaparaban bajo su propiedad todas las tierras. A cambio,  un jornal de miseria con el que no tenian apenas ni para comer.

Aun así me contaba:

-" !Que feliz fue mi niñez". Mi madre era la mujer más alegre del mundo, reía por todo, me tuvo siendo muy joven porque en aquellos tiempos, la gente en el pueblo se casaba cuando apenas tenia 15 o 16 años. !Como recuerdo todavía despues de tantos años, su voz! cantaba y tocaba el acordeón como los angeles y cualquier fiesta, celebración o reunión familiar era buena excusa para dar rienda suelta a su pasión. Recuerdo tanto el cariño de mis padres!, las voces de los ambulantes que llegaban de la serranía de Ronda, cargados de cacharros y pregonando: tinajas y lebriños malagueñoooooos", cuando corría al atardecer a la entrada del pueblo a esperar a mi padre que volvía del campo, la escuela donde fui  y pude aprender a leer y escribir, las noches al calor del hogar escuchando la historias que mi padre me contaba de sitios lejanos y mi Rosarito, mi hermanita que nunca lloraba porque reia siempre como mi madre y los despertares en la oscuridad del cuarto cuando el sol todavía dormía, escuchando a mi padre coger los aperos del campo, entonces me volvía dormir, soñando que ya no faltaba tanto para levantarme yo también, salir en su compañía y volver casi de noche para ponerle a mi madre mi jornal en la mano... y sentirme ya todo un hombre."

Esos primeros años fueron los más felices de su vida, a pesar de que se acostaba y se levantaba con las tripas sonando por el hambre,  a pesar del frío que entraba por el techo de caña y paja de la casa en invierno, de los mosquitos, del calor agobiante del verano, de la falta de agua corriente  y lo que tenían que andar para cogerla del arroyo, de las enfermedades y lo poco que faltó para que una mala pulmonía se lo llevara para adelante porque no había dinero para medicinas, y... muchas penalidades. A pesar de todo su vida estaba llena, quería hacerse un hombre al  lado de sus padres y hermana y más tarde encontrar una mocita que le diera hijos y trabajar para ellos, en su pueblo, cerca de todo lo que para él significaba  la paz, el sosiego, la felicidad.

Pero no fue así;
"Un día mis padres me anunciaron que tenian que ir a la capital para solucionar un asunto importante. Me volví loco de alegría, quería ir con ellos, comprobar con mis propios ojossi era verdad todo lo que de la capital se contaba: los jardines preciosos, las tiendas repletas de artículos de todas clases, el rio inmenso, la Giralda que llegaba hasta el cielo, las fuentes que echaban agua a chorros, las casas con agua, los coches de vez en cuando... pero no, no pudo ser, el viaje era largo y costoso. Había que pagar al cosario que llevaba dos mulas y el dinero no daba para todos. Así que me conforme como pude, aunque lloré de rabia. Más adelante derramé muchas más lágrimas pero por todo lo contrario, por volver a mi querido pueblo junto a los míos.

De vuelta de la capital, esa misma noche, mi padre me llamó a su lado, una vez dormida mi hermana y con la seriedad característica en él, me indicó que me sentara a su lado, que teníamos que hablar. Mi madre nerviosa salio de casa con la excusa de visitar a una vecina.Y allí quedamos los dos solos, frente a frente y mirándome a los ojos, me diijo: con la seriedad con la que siempre me hablaba,  "Salvador, hijo, sé que te estarás preguntando ¿que ocurre, que he hecho mal, por que mi madre no esta aquí? Así que como  entiendo que vas dejando de ser un niño y eres capaz de comprender la situación en que vivimos y lo que nos preocupamos por los dos, entenderas perfectamente la decisión que tanto tu madre como yo hemos tomado, siempre pensando en tu mejora y en tu futuro, así que para no dar mas vueltas...  y  me explicó  que se sentía muy orgulloso porque había podido enviarme a la escuela para que me enseñaran  las cuatro reglas y a leer y a escribir porque de esa manera me podría defender en la vida sin que nadie me engañara, que no  quería que cuando tuviera 30 años aparentara 50, porque el sol del campo en verano,  achicharra la cara y resquebraja la piel arrugándola antes de tiempo, y los ojos se encogen, se achican incapaces de absorver tanta luz solar y la garganta se tprna áspera por la sequedad que se traga de la tierra, que  en invierno, el frío del amanecer cala hasta los huesos y  se vuelven frágiles prematuramente  de absorver tanta humedad y duelen, las manos y la nariz apenas se sienten de puro frío y la pulmonía te acecha continuamente y solo sueñas en que la jornada termine pronto y puedas llegar a tu casa y arrimarte al calor del carbón. Y yo y tu madre hijo, no queremos eso para tí. Buscamos otra cosa, una vida mejor que la nuestra, que no tengas que vivir tantas calamidades, tanto sufrimiento, que tengas un trabajo lejos de la dureza de la tierra y que te permita vivir mas dignamente y para eso, par conseguir nuestro propósito tienes que salir de aquí. Aquí en el pueblo no hay otro camino, pero en Sevilla, sí,allí, como capital hay muchas y variadas perspectivas que te abrirán las puertas a una vida distinta y por supuesto mejor. Así que, creo que ya ha llegado el momento de actuar. Por mediación de un amigo que tiene un  pariente en la capital, hemos conseguido que esta familia te acoja en su casa para que aprendas un oficio. Ellos son los dueños de una estupenda tienda de ultramarinos y vas a vivir con ellos, allí irás aprendiendo a ser tendero, a tratar a una clientela, a cortar un jamón, a conocer los tipos de queso, a envolver las legumbres, a lustrar el mostrador, a medir el aceite...todo a
 cambio de tu manuntención y educación. Tendrás que obedecer a todo lo que ellos te exijan, no olvides que en esta vida hay que ser humilde y que todo siempre hay que empezarlo desde abajo con tesón y esfuerzo para llegar a una buena meta, tendrás que hacer recados, barrer, limpiar, cuidar del orden del almacén y fijarte, fijarte mucho en como tu mentor hace las cosas y atender con ahínco a lo que él considere oportuno. De esa forma llegaras adonde  queremos que llegues. Y, por último exigirte que yo nunca tenga que sentir la vergüenza de una queja."

Lloró y lloró, rogó, suplicó, él no quería, no podía separarse de sus padres, ¿quien llevaria a Rosarito montada a "cabritos" al arroyo? ¿quien iría a recibir a su padre al atardecer en su vuelta del trabajo? ¿como  podría pasar sin escuchar las canciones de su madre? ¿como iba a poder dormir lejos de su casa? ¿quien le contaría una y ottra vez las historias de sitios lejanos? ... Argumentó cuarenta mil motivos que le impedían irse, que no le importaba que se le estropeara la cara, que nunca tendría frio trabajando, prometíó que jamas se quejaría de nada... pero todo fue en vano. Sus sueños, sus ideales, se derrumbaron, ya nunca podría entregar a su madre su primer jornal del campo y la mocita de sus sueños se desvaneció de un manotazo.

Diez dias después, vestido ya con pantalón largo, camisón blanco y alpargatas nuevas, se montaba en el carromato del cosario. En una pequeña maletita, su madre le había puesto la "muda" nueva  y otro camisón  igual al que llevaba puesto, y en una talega, una hogaza de pan y un buen trozo de morcilla de asadura para que la comiera durante el pesado viaje. El cosario se encargaría de llevarlo hasta lo que de ahora en adelante iba a ser su nuevo hogar.

Las lágrimas apenas le dejaban ver las caras afligidas y tristes de su madre y hermana y la seriedad del rostro de su padre. Creía que el mundo se le caía encima y no iba a ser capaz de poder vivir lejos de todo lo que hasta ese momento había sido su vida. El nudo de su garganta amenazaba con ahogarlo, tragó saliva, se limpio las lágrimas, suspiró  hondo y miró a su padre. De repente lo comprendió, ya no era un niño, su pantalón largo era la prueba de ello, se había hecho un hombre y como tal debía comportarse. De un manotazo se limpio las lágrimas que amenzaban con deslizarse por sus mejillas y esbozó una forzada sonrisa, que más bien parecía una mueca extraña imposible de interpretar.

Corría el año 1927, tenía 12 años.

Continuará.




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sábado, 6 de abril de 2013

Mi héroe



Hace algún tiempo, una de esas noches en las que termino tarde en la cocina y tan  cansada, que sólo me apetece tunbarme en el sofá y entretenerme con la tele y  me puse a zapear  porque no encontraba nada que me gustara. Fui pasando canales hasta que me topé con una pelicula española ya empezada. Paré porque me gusta bastante el cine español y traté de enterarme de qué iba la peli. Cuando me disponía a pulsar el mando para que me informara del nombre y el tiempo que llevaba empezada, me detuve porque apareció en pantalla una actriz bastante conocida a la que he visto trabajar en otras cintas y a mi pobre parecer creo que es bastante buena y digo "pobre", porque no me considero para nada entendida en la materia, sólo sé cuando me llena una interpretación, cuando una escena me hace emocionar o la banda musical me transporta o me creo la historia a pie juntillas... eso es lo que yo entiendo de cine y el cine que me gusta es el que es capaz de remover mis sentimientos sea de la índole que sea:  risa, pena, dolor, felicidad, ternura, etc. Bien, pues dicha actriz me hizo vibrar en una película que habia visto hacia algún tiempo pero no era capaz de recordar su verdadero nombre. Me comía la cabeza, pensando, lo tenia en la punta de la lengua, pero nada, no había forma. Estuve unos minutos pensando sin prestar atención a lo que pasaba, hasta que no puedo explicar por qué una escena me bajo de las nubes para centrarme en ella. La susodicha actriz aparecía dando una clase de literatura para alumnos ya adolescentes. Con una tiza en la mano se dirigía al encerado a la vez que hacía la siguiente pregunta: 
 
- "¿Que es para tí un héroe?
- " Conoces o has conocido a alguién que merezca, según tu opinión, ser calificado como tal?
- "En caso cafirmativo, cuenta su historia"
 
Me quedé con la pregunta, parecía que me la hubieran hecho directamente a mí e inmediatamente mi cabeza se puso en funcionamiento tratando de encotrar aún en mis recuerdos más lejanos, a alguien que mereciera bajo mi punto de vista ser llamado así. Pero, no, pensé, lo primero será definir que tipo de  cualidades, hazañas, sacrificios, en resumen méritos debe tener una persona para catalogarla como héroe.

Si esta pregunta me la hubieran hecho en mi infancia,  la respuesta hubiera sido rápida y sin ningún género de duda:
- "El capitán Trueno" o "Tarzán" o "Supermán"
 
Pero a esta alturas de mi vida, la cosa no es tan sencilla.No me conformaba con el héroe que da o arriesga su vida para salvar la de otra persona en situación desesperada, que, sin menoscabar ni un ápice estas heróicas acciones, que indudablemente hay que subir a la categoría de héroes, para mi entender eran acciones puntuales que se presentan imprevistamente y las reacciones varian de unas personas a otras. Yo iba más lejos, para mi la heroicidad se prolongaba durante toda una vida, porque hay vidas, que bien por la época que les tocó vivir, bien por las circunstancias personales, son especialmente duras y difíciles y llegué a la conclcusión que un autentico héroe es aquel que después de recibir un golpe tras otros, penalidades, enfernedades, sufrimientos, muertes... no le faltan las fuerzas para levantarse cuantas veces sea necesario y seguir luchando con esperanza e ilusión hasta el final de sus días. Por lo tanto  esta reflexión me hizo llegar a la conclusión que todos los que por esta vida pasamos somos héroes,unos en menor y otros en mayor medida, pero héroes al fin.
 
Y, habiendo dado respuesta a la primera  de las preguntas, la segunda llegó sola, enseguida supe poner nombre y apellidos a la persona que encajaba perfectamente en lo que yo entendía era un auténtico héroe.
 
El tercer requerimiento de la profe de literatura de la película española que estaban echando por la tele,  estaba tirado:  - "Cuenta su historia" - porque su historia me la sé al dedillo. 

Así fue la vida de "MI HEROE" juzguen ustedes.


Continuará.

domingo, 31 de marzo de 2013

Y... nació MAYA!



La primavera estaba llegando a su fin para dar paso al verano que empujaba con fuerzas, cuando supimos que estaba en camino. La inesperada noticia, fue una explosión de alegría para todos los que estábamos reunidos en casa, aquella tarde del 6 de Junio del año pasado en la que celebrábamos el cumpleaños de mi hija. Recuerdo primero la cara de sorpresa que se nos quedó a todos y como a continuación como si hubierámos sido empujados por un resorte, nos levantamos llenos de alegría para abrazar y besar a los futuros papás, a los que dimos todo el ánimo y apoyo del mundo. Nos emocionamos, reimos y aplaudimos desde la mayor de la familia, nuestra bisi, a los más pequeños Marco y Emilio, a los que explicamos que un nuevo primito/a llegaría más adelante para aumentar la familia.

Y fueron pasando los meses 1, 2, 3, 4... siguiendo su ritmo normal, para la mamá las típicas fatigas matinales y no tan matinales, el sueño, la barriguita que va creciendo poquito a poco... y para todos "el será niño o  niña", ¿ a quien se parecerá?, ¿que día llegará? hasta que signo del zodíaco le tocará, en fin lo que decía, lo típico que se repite miles, millones de veces cada vez que una mujer queda embarazada.

Creo que al cuarto o quinto mes supimos por fin el sexo. Nueva explosión de alegría porque tanto los padres, como toda la familia por ambas partes, deseábamos una niña, había ya tres machotes que la precedían y ya tocaba !niña!. Bueno sólo uno de entre todos, creo que más bien por llevarnos la contraria, se emperraba en que fuera niño ¿Adivinais quién? Sí exactamente, Marquitos. Salvi y Sara eligieron el nombre después de barajar (como normalmente suele pasar) montones. Les encantó Maya, porque es un nombre corto, sonoro y que significa "ilusión" y decidieron que era el nombre apropiado para su hija. Yo, particularmente creo que no se ha podido elegir otro mejor, porque se ajusta perfectamente al sentimiento que me llenó desde que me enteré. Un sentimiento, una ilusión que ha ido suavizando los malos momentos, que nos ha dado fuerzas y nos ha unido a todos en la espera ansiosa e ilusionada de su llegada.

Así fue pasando el tiempo, hasta que llegó el día de su nacimiento. Tuvimos suerte, el parto empezó un sabado por la mañana, suerte porque me parece que el sábado es el día más bonito de la semana, porque  al menos a partir del mediodía se terminan las prisas, las carreras, el strecks y llega el momento de la calma, de descansar, de disfrutar... de olvidar el trabajo de la semana que termina. Ésto permitió como tantas veces habíamos hablado que nadie tuviera problemas, que todos estuviéramos allí excepto tres excepciones impuestas: la bisi por motivos de la edad y Marco y Emilio que ejercian de canguros al cuidado de Nuno y Emilito respectivamente.

Entre las 20 - 21 horas fuimos llegando al hospital. La sala de espera era un hervidero de personas, allí no había quien se entendiera. La gente lo ocupaba todo, los asientos, los pasillos, la puerta principal, la cafetería... pero, !que maravillosa sala de espera! es la única sala de espera de un hospital en la que se respira vida, alegría, ilusión. El "cachondeo" como decimos por aquí está presente, los "corrillos familiares", las voces, las risas, las carreras en estampida cuando la megafonía avisa, los ramos de flores, los enormes globos con ositos rosas o celestes, las caras de cansancio... Salvi nos informaba de la situación bien mediante móvil o haciendo rápidas escapaditas de las que no sé como no huía asustado cuando corríamos hacia él cuál fan que lleva el diablo.

Las horas fueron pasando y con ellas la sala se fue desalojando en tal medida que sobre las 24 h. de la noche, sólo quedábamos allí dos otres familias esperando. La nuestra la más numerosa, Al fin pudimos sentarnos todos juntos, arrimamos asientos en circulo para así formar una gran reunión en la que todos pudiéramos charlar con todos, cambiar impresiones y  esperar con todos. Una gran reunión de personas, pensaba yo, con un denominador común, con un deseo a flor de piel: que todo saliera bien, que a la mamá no le pasara nada y sufriera lo menos posible, que al papá no le pudiera el nerviosismo y la apoyara al máximo y de que Maya llegara a este mundo en perfectas condiciones y rodeada de un montón de personas deseosas de volcar todo el amor del mundo sobre su personita. Esta vez muy  al contrario que cuando nació Marco y Emilio (ya lo comenté en un post anterior) iba a haber allí mucha gente esperando su llegada a pesar de que tambien como ellos, nació de madrugada.

Y no me resisto a dar fe de los reunidos para que mi niña cuando sea grande sepa todo sobre ese precioso día:
Los abuelos: Vito, Maribel, Antonio y Ani.
Los titos: Fátima, Víctor, Carla, Tania, Iván y Rocío. 
Los primos: Marco el mayor, que aguantó como un tío con sus 7 añitos y además representando a Emilito y Nuno .
La tita Cristi, mi sobrina y la tita Rocio que llegó de la playa directamente. Aparte el goteo de amigos que durante toda la tarde pasaron por alli (Carlos, Gregui, Dani, Tiyo...)

En esa reunión y en esa espera hubo de todo: charlamos, hicimos apuesta, hablamos con Salvi, reimos... hasta que alrededor de la 11/2 h. o 2 h. Salvi corriendo vino a avisarnos que entraban en paritorio. Entonces sí que ya los nervios se desataron del todo. Maribel casi temblaba pensando en Sara, yo loca por fumar un cigarro y mi hija no me dejaba, Vito tuvo que salir a vomitar, Antonio cuidando de Marco que al final se había dormido sobre el asiento...en fin, cada uno mostraba el nerviosismo a su manera. Como anécdota muy graciosa no quiero dejar de mencionar lo que nos reimos, cuando al cuarto de hora aproximadamente de la entrada de Sara a paritorio, nos llamaron por megafonía. Pensamos que mi niña había nacido ya y saltamos todos en desbandada corriendo hacia el control. Era para vernos como corríamos, a Marco casi lo arrastramos medio dormido, a mi se me cayeron por el camino todas las cosas del bolso porque con las prisas lo cogi al revés, Carla se tiró al suelo conmigo para recogerlas lo antes posible, nos entró el "pavo" al vernos unos a otros y nos tronchamos de risa. No se quien llegó primero, pero todo el jaleo para nada, solo era para comunicarnos con bastante retraso, la entrada en paritorio. Había que ver nuestras caras,cuando volvimos nuevamente a nuestros asientos.

Al final nos comunicaron que podíamos pasar a las puertas de paritorio que Sara ya había dado a luz y estaba a punto de salir con Maya. Nunca se me olvidaran los ojos llenos de lágrimas y alegría de mi hijo en la puerta, ni la carita de alivio-felicidad-sorpresa de Sara al vernos alli a todos, ni los besos que todos le dimos a los dos, ni los abrazos que nos regalamos todos, unos a otros, ni las caras de felicidad... No pudimos conocer a Maya, estaba "cansaita" y se  la llevaron a recuperarla. Uff! que decepción! pero... bueno, no importaba, teníamos todo el tiempo del mundo para estar con ella, así que dejamos a los papás que estuvieran tranquilos y salimos a la calle, sabiendo que en pocas horas la tendríamos en nuestros brazos.

Hoy Maya va a cunmplir dentro de tres días dos mesesitos (nació el 3 de Febrero) y es la niña más bonita del mundo. Aparte de la pasión de abuela que muchos direis, y es verdad porque la tengo, estareis conmigo todos los que la conocen que es preciosa. Tiene la cabecita llenita de pelito negro y una piel morenita sonrosada que es una delicia,la naricita pequeñita, la boquita de labios muy bien perfilados y, ¿ los ojos?... los ojos grandes, oscuros y de lo más expresivo, habla con ellos cuando te mira y parece querer recoger con su mirada todo lo que a su alrededor ve y ya sonrie cuando se le habla o se la hacen cositas y cuando lo hace, un hoyito que dan ganas de comérselo, se le forma en su mejilla derecha igual que a su madre.

Y como no quiero dar la imagen de abuela pastelona o pesada (que seguro la habré dado), acabo este post, no sin antes dar las gracias a Dios por lo bien que me trata la vida, porque soy poseedora de lo más preciado que se puede tener,  una familia maravillosa que se quiere, en la que estamos juntos y unidos para afrontar sin miedo y con confianza lo que la vida nos vaya enviando y tres nietos (y si Dios quiere más que vendrán) que son la alegría de mi casa, la ilusión y la felicidad: MARCO, EMILIO y MAYA.




viernes, 29 de marzo de 2013

"Decíamos ayer"



Hace ahora un año que dejé de escribir en este blog. La verdad es que el tiempo ha pasado volando y parece que la última publicación "Libertad", la realicé hace pocos días. Esta no continuación, no se debe, desde luego, a falta de ganas, pérdida de ideas o ilusión, ni mucho menos, todo es mucho más simple, me ha faltado tiempo. El año 2012 ha sido un año muy duro, muy difícil, me atrevería a decir que para la gran mayoría de los españoles, y en mi caso, aunque gracias a Dios, no ha sido dramático, como tantos que se han producido (deshaucios, suicidios, grandes pérdidas...) sí que la situación nos ha quitado más de una vez el sueño. Por lo tanto, el poquito tiempo  que sacaba  para escribir lo he tenido que ocupar en otros menesteres, la verdad no tan agradables.

La crisis que estamos viviendo nos está apretando en tal medida que hay veces que parece terminaremos quedando sin resuello, pero cada vez tengo más claro que el ser humano tiene una enorme capacidad para sacar fuerzas cuando ya parece tenerlo todo perdido y vuelve a remontar. Quiero ser un poquito optimista y pensar que ya lo peor ha pasado y que aunque todavía falte tiempo para empezar a subir, al menos podamos mantenernos.

Y como hay que seguir y como signo de normalidad, me propongo continuar mi blog, porque a pesar de que me supone muchas veces un gran esfuerzo, también supone para mí una importante terapia personal de la que no quiero prescindir.

Independientemente de que alguna o algunas personas ajenas a mi familia (los míos, sí que leen mi blog) pueda leer mis escritos, que está claro que me gusta y anima a seguir, vuelvo a repetir que el motivo principal es mi propia satisfacción. Porque es realmente una gran terapia y una gran satisfacción escribir, sacar mis ideas, mis pensamientos, mis recuerdos y vivencias a la luz, fuera de ese complejo circuito cerrado que es mi cerebro. Es como si descargara y desahogara un disco duro, es como si de esa manera desclasificara montones y montones de sentimientos y emociones que están ahí ocupando un espacio que puede dar cabida a otras experiencias nuevas.

Llegó 2013 y... nació MAYA.

sábado, 25 de febrero de 2012

LIBERTAD


Nadie supo nunca cómo llegó al barrio. Unos decían que se había perdido, otros que fue abandonado, que se escapó de su casa... la realidad nunca la conoceremos, sólo él podía saber cómo habia sido su vida anterior y, obviamente nunca lo dijo, si había sido querido o maltratado, si había gozado o había sufrido. Sus ojos color avellana grandes y redondeados tenían un halo de tristeza y conformidad que, cuando se le miraba, era muy difícil no dejarse atrapar por la ternura y la compasión hacia él.

Poco a poco, día a día se fue convirtiendo en un elemento inconfundible e imprescindible del paisaje del barrio, sin el que parecía no estar completo. Se irguió en guardián de nuestro pequeño mundo cotidiano: por las mañanas paseaba orgulloso por la pasarela que limita con las pistas de tenis camino de la galería comercial, esquivando con gracia el agua de los múltiples aspersores que regaban los jardines. Por las tardes se le podía ver en el parquecito sentado junto a cualquier banco, como si de una mamá se tratara vigilando las carreras y los juegos de la chavalería, en verano se tumbaba bajo la sombra del árbol grande junto a las pistas, retozando en el cesped como un niño y en invierno se guarecía bajo los soportales, del frío y la lluvia, cuando ya chorreaba agua por los cuatro costados, porque su sentido del deber lo llevaban a no interrumpir su ronda alrededor del barrio, sus paradas en los comercios de la galería y sus carreras tras el dichoso mirlo negro, que picoteaba en sus aterrizajes sobre el asfalto y al que nunca llegaba a alcanzar, porque, pájaro al fin, inmediatamente remontaba el vuelo.

Y dormir... nunca supimos dónde pasaba sus noches, en que rinconcito se cobijaba, pero fuera donde fuera, descansaba bien porque antes del amanecer ya andurreaba por las calles, bien despierto y fuerte para correr y espantar cualquier cosa, persona o animal que considerara no ser de recibo.

Era conocido por toda la vecindad y él a su vez tenía un sexto sentido para distinguir entre los que pertenecían o no al barrio, a los que perseguía receloso y desconfiado. Nunca, jamás se vio a nadie intentar hacerle daño intencionadamente, era querido y pocas eran las personas que no le mostraban algun gesto de cariño o simpatía que él sabía agradecer, acudiendo rapido y contento a la primera que oía pronunciar su nombre.

Se podría contar de él miles de anécdotas porque estuvo entre nosotros bastantes años, pero creo que me extendería demasiado y podría llegar a cansar, pero no puedo evitar referirme a unas circunstancias muy especiales que pueden arrojar un poco de luz sobre él y sobre cómo, a veces, sin apenas darnos cuenta, aflora en el ser humano y a nuestro alrededor sentimientos tan nobles como son la caridad, la solidaridad, el amor, la generosidad de las personas, hoy que están tan desvalorizados y tan puestos en tela de juicio su existencia.

Fue atropellado por un coche al intentar cruzar la autovía siguiendo a una "amiga" que casualmente era mi hija, Tania, quedó tendido en el asfalto al parecer sin vida, pero no, un pequeño hilito le sujetaba a este mundo y le hacía aún respirar aunque con gran dificultad por una boca abierta, sangrante y en gran parte desdentada por donde se le escapaba la vida. La voz de alarma fue rápida y en pocos minutos un buen número de vecinos nos movilizamos para intentar salvarlo y lo conseguimos. Fue atendido y "parcheado" por todas partes en el centro sanitario y tras una larga operación volvió a vivir.

Las secuelas que le quedaron no le impidieron seguir haciendo su vida normal, quedo cojo, ciego de un ojo y su garganta hacía un ruido extraño, como un ronquido cuando respiraba, pero su orgullo de seguir siendo el guardián del barrio no lo perdió. La convalecencia fue difícil y lenta. Lo acogimos en la frutería de Antonio, por donde se podría decir que pasó casi todo el barrio a verlo, le llevaban comida, medicinas, se creó un bote para sufragar entre todos los gastos originados y los que se pudieran originar, hasta hubo quien le trajo un abrigo azul para que no pasara frío (que jamás permitió que se le pusiera) una manta y hasta un collar que eso sí, lució orgulloso hasta su muerte.

Pasados los primeros días en los que no fue capaz de abrir los ojos pues estaba más muerto que vivo, no fuimos capaces de sujetarlo allí dentro, a pesar de tenerlo más cuidado y mimado que un bebé, se escapaba a las primera de cambio y casi tambaleándose, hacía su eterna gira por la vecindad, de la que volvía con la lengua fuera y agotado hasta la extenuación.

Una vez curado no hubo manera de hacerlo dormir por las noches en la "frute". Volvió a su sitio cualquiera sabe dónde, pero a las cinco de la mañana, cuando mi marido llegaba del Merca, era el primero en llegar corriendo a recibirlo y ya no se separaba de su lado hasta que la claridad del nuevo día apagaba las sombras de la noche, era como si quisiera devolverle con su presencia, la protección que antes le dimos a él.

Un mal día, alguien ajeno al barrio, lo denunció al verse, según él acosado, un extraño que ni le conocía, ni lo supo comprender y vinieron a llevárselo. No lo consiguieron, la gente como ya lo había hecho antes, dió la cara por él. Se volvió a hacer una colecta, se pagó la multa, se le legalizó de cara a la sociedad, se le inscribió su nombre en el collar que llevaba sujeto al cuello y una familia entregó su datos censales como responsables de su cuidado, sus acciones, su alimentación así como su cobijo en el domicilio particular.

Allí le dieron todo el cariño del mundo y lo cuidaban como a un rey, pero él cuando llegaban las cinco de la mañana, despertaba a toda la familia con sus quejidos para que le abrieran la puerta y salía corriendo camino de la galería, del parque, a retozar en el cesped bajo el árbol grande, a rondar y vigilar su barrio... no sabía vivir encerrado, necesitaba su libertad.

Con el tiempo esta familia cambió de domicilio, se fueron lejos y con ellos, ya muy viejito, casi sin poder caminar y practicamente ciego, se lo llevaron. Pocos meses después, este vecino apareció por la frutería a comunicarnos que había muerto y que hasta el último día de su vida, lloraba cuando llegaban las cinco de la mañana, para que le abrieran la puerta.

Creo que para las personas que lean este relato y hayan vivido en Santa Aurelia, habrán imaginado de quién escribo, pero para los que no, ahí va su descripción:

Era un perrito, un chucho, como a veces despectivamente se califica al perro que no tiene raza o pedigrí, pero yo al menos no lo veo así, creo que los chuchos suelen ser los más listos, los más agradecidos, los más originales e incluso los más bonitos de su especie, porque su sangre tiene tantas mezclas, que la naturaleza, siempre sabia, sabe elegir lo mejor de ella y como resultado, son realmente únicos. Un chuchito de pelo corto color canela, hocico alargado, orejas gachas, rabito corto, algo zambo en sus patas traseras y unos ojos grandes de color avellana, por los que transmitían dulzura, confianza, algo de tristeza y una chispa inocente de orgullo y rebeldía.

Alguien, tampoco se sabe quién, le llamó "Mito" y cuando lo hizo, no sabía cuanto acierto tuvo al ponerle ese nombre, porque con el tiempo, aquí en mi barrio, haciendo honor a su nombre, es un auténtico mito.

Con su marcha el barrio perdió ese punto entrañable, cercano, que logró conseguir algo muy difícil: que la gente se uniera como una piña en defensa de un animal, que con su silenciosa compañía, nos demostró a todos, que lo más importante que tiene un ser es la libertad y que la libertad basada en los valores de respeto y amor a los demás es el bien más preciado que se puede tener.

Gracias "Mito", la gente de tu barrio, los que te conocimos y disfrutamos con tu presencia, nunca te olvidaremos.

sábado, 17 de septiembre de 2011

"El Lolo" final.

La necesidad, el rechazo, el hambre... la decidieron, pero por encima de todo, su hijo. No quería que el niño creciera siendo "el tonto del pueblo", porque una cosa era que realmente fuera tonto y otra que lo señalaran y se rieran de él. Nunca supo lo que en realidad tenía su hijo, nunca lo trató ningún médico, ni fue (porque en realidad no existían) a ningún centro o colegio especializado, ella lo crió y lo sacó palante como su instinto y amor de madre le indicaba. Hoy en día no se usa la palabra "tonto" salvo para insultar a alguien como sinónimo de persona muy corta o escasa de entendimiento, hoy, a estas personas se les denomina "deficientes mentales" aunque este término abarca un gran abanico de enfermedades de la mente que en muchas ocasiones apenas tienen que ver las unas con las otras, en aquellos tiempos simplemente se era tonto y el Lolo lo era.

Llegó a Sevilla en plena guerra civil, cuando ya su pelo había crecido y el niño rondaba el año de vida. Una prima lejana le abrió las puertas de su casa temporalmente hasta que encontrara trabajo, mientras, la ocupó en su propia casa como sirvienta a cambio de cobijo y comida.

Tuvo suerte, quizás la primera y última en su vida, pero consiguió entrar a servir en casa de una familia adinerada, franquista y católica que se apiadaron de ella y de su hijo, consintiendo que lo tuviera con ella y allí permaneció hasta su muerte. Pudo a fuerza de trabajar agotadoramente, sin descanso, reunir unas pesetillas y alquilar la habitación que arriba he mencionado y así llegó a nuestro barrio, cuando el niño ya era mayorcito.

Cuando junto a mis padres y hermano, llegué al barrio, ya había pasado lo peor, los oscuros años de la postguerra, el hambre por la falta de alimentos en los años cuarenta, el miedo a las represalias... y el Lolo era por entonces un tiarrón de más de 1,80 mts. con unos 24 o 25 años que campaba a sus anchas por la calle, mientras su madre trabajaba.

Su cara, su forma de andar y gesticular, su mirada, su habla, todo, delataban inmediatamente su gran deficiencia. Tenía una cara ancha, de piel morena en la que sus ojillos pequeños e inquietos bailaban algo desviados, en medio de un rostro algo asimétrico de facciones grandes, bastas, pero del que se desprendía tanta inocencia y bondad, que era difícil no sentirse atrapado por la ternura hacia él.

Creía ser detective privado, el vigilante de la calle, del barrio en general, pero su ingenuidad lo llevaba a vestirse llamativamente, todo lo contrario a lo que un detective que se precie, debe hacer. He aquí su ropa de servicio, como él decía: gabardina trás cuya solapa se enganchaba la identificación de todo polícia que se precie, en el caso de él consistía en una chapa roja con el logotipo de Coca-Cola y en el ojal, un bolígrafo con el que anotaba en una libretita mediante cuatro garabatos, las matrículas de los coches a los que multaba; del cuello le colgaba un silbato, para usar -según él- en los "tasos demegensia" (casos de emergencia), de los pantalones y enganchadas en el cinturón, las esposas de juguete que le echaron los Reyes Magos y cómo pincelada final a la falta de discreción, un casco blanco con las iniciales PM (policía militar) sobre su generosa cabeza, del que nunca pudimos saber como se lo agenció.

Su madre no le ponía cortapisas a sus andanzas, porque decía: "mi Lolo es feliz, no hace daño a nadie, si alguien se ríe de él, lo comprendo aunque no me gusta, pero si le quito su ilusión ¿en qué va a pasar mi niño su tiempo? así que se ría el que quiera, pero que me lo dejen tranquilo.

No era difícil verlo escondido trás una esquina acechando o persiguiendo a un posible "caco", o anotando en su libreta las matrículas de todos los coches aparcados, o abordando al primer transeunte que se le pusiera de frente para pedirle la documentación, no sin antes enseñar él la suya, levantando la solapa de su gabardina, o cuando le daba por pitar el silbato, parando a cualquier coche, carro o bicho viviente que por allí pasara.

A la vuelta siempre paraba en la panadería de mi padre, para contarle como había ido su día de servicio: "Zarbadó -decía- hoy he tetenío a un ladón te tería obá en una tasa y lo llevao a la tomisaría y aemá he puesto tinco murta (Salvador, hoy he detenido a un ladron que quería robar en una casa y lo he llevado a la comisaría y además he puesto cinco multas). Era incapaz de pronunciar la k o la q. Mi padre le daba carrete, le preguntaba, lo felicitaba por lo valiente que había sido y por lo contento que estaba todo el mundo con él y él se pavoneaba sonriendo con cara de pillín asintiendo con la cabeza.

Fueron bastantes años los que día a día repetía su actuación: el mismo vestuario, los mismos gestos, y su cara de felicidad creyéndose ser el mejor detective privado del mundo.

Pero todo tiene su fin y a él le llegó el día en que unos desalmados, gamberros sin corazón, ni sensibilidad, quisieron pasar un rato de "grasia" a su costa y lo abordaron cuando ya caía el sol en una calle solitaria, escondido trás una esquina vigilando cualquiera sabe a quién. Le quitaron el casco dónde se mearon, para volver a ponérselo en su cabeza y empapar su cara y parte del cuerpo de orines. Él asustado, temblando, incapaz de comprender nada, se arrrebujó en el suelo de la esquina llamando a su madre, le arrancaron las esposas del cinturón y le bajaron los pantalones y uno de ellos llegó a propinarle un golpe en la cabeza con el mismo casco que le abrió una brecha en la frente. La sangre se mezcló con los orines y las lágrimas de terror mientras las risas y los insultos crecían. Quiso la fortuna que ante el escándalo algunas personas se asomaran por la calle y el grupo al verse descubierto se diera a la fuga. Lo recogieron del suelo sucio, lleno de orines, lloroso y temblando como un perrillo asustado.

Lo llevaron a su casa con su madre, que nunca llegó a recuperarse del susto cuando lo vió. Los vecinos no dejaron de pasar por su casa en toda la noche para prestar cualquier ayuda que pudieran necesitar y a mi padre, aquella noche lo ví llorar.

Ya no volvió a ser el mismo, perdió su alegría, su ilusión, su razón de vivir. No quería salir sólo, estaba siempre asustado y pasaba los días sentadito en un sillón en la puerta de su casa, esperando que su madre llegara de trabajar.

Muy poco después enfermó, no sabría decir de qué. Recuerdo verlo recostado en una hamaca con la piel amarillenta y las piernas hinchadas. Su cara había perdido esa luz que trasmitía y la fealdad de sus rasgos se hacían ahora mucho más evidentes.

Murió una tarde de verano. El llanto de su madre se escucho por toda la calle y una gran cantidad de gente de todo el barrio pasó por su casa para velarlo toda la noche y darle el último adios.

Su madre le sobrevivió muy poco tiempo.